Sabemos que porque Cristo se hizo Hombre somos hijos, sabemos que Dios es nuestro Padre. Pero ¿nos dejamos amar por Dios como sus hijos? Esta canción de Andrea y Matteo Bocelli, me hizo volver a toparme con esa manera tan particular que tiene Dios para amarnos.

La canción, desde mi perspectiva, es una especie de diálogo entre un padre y un hijo. Me permitió recordar que muchas veces quizás, hemos tenido un diálogo parecido con Dios, nuestro Padre.

Dios nos ama desde siempre y espera pacientemente nuestro amor

Dios entra en nuestras vidas en el tiempo propicio. Algunas veces irrumpe en ella de manera inesperada y definitivamente con fuerza, creo que de alguna forma, entra en nuestras vidas «sin permiso» en el sentido de que está siempre buscándonos por si queremos acoger o no su amor. Está a la puerta de nuestro corazón y llama sin cansarse.

La experiencia que tengo de haberme encontrado con Dios, es como esa frase de la canción «Rómpeme entero, hazme mejor, que sigo dispuesto a amarte sin fin». Pues una vez que conoces el inmenso amor de Dios, es muy difícil no querer acogerlo.

Cuando te descubres hijo amado de Dios, le pides a Él, que es Padre bueno, que te ayude a ser mejor, que te enseñe a amarlo. Esto exige que nos «rompan» por decirlo de alguna manera, que nos moldee como barro.

Ese proceso incluye renuncias y de hecho, Cristo nos advierte en varias ocasiones que no es fácil, pero puedo asegurar con firmeza que vale la pena, que cada centímetro del camino recorrido vale la pena.

Dios es un Padre que nunca nos deja solos

En su infinito amor de Dios, Dios está constantemente buscándonos para amarnos, y nos pide solo que lo amemos, que correspondamos a ese amor. Esta realidad me parece bella, porque habla del incondicional y fiel amor de Dios hacia nosotros. Un amor que no juzga, que nos acoge con misericordia en nuestras caídas, que celebra nuestras conquistas, que nos abraza y acompaña en el dolor, que se alegra con nuestra alegría.

Ese, ese amor de Padre que conoce perfectamente el corazón de sus hijos. Que constantemente nos habla y desde lo más profundo de nuestro ser, podemos escuchar diciéndonos «Ven a mí, escúchame. Ven a mí, abrázame». Un amor que sin importar nada, como al hijo pródigo, sale siempre a nuestro encuentro para abrazarnos, porque busca nada más que nuestro corazón. Y es que Dios, sabe que el mejor lugar para nuestro corazón es estar cerca del suyo.

Amar profundamente y de verdad implica fe y confianza

Algo que me parece muy bonito de esta canción, es que la cantan un padre junto con su hijo. Pero más allá de eso, es la situación particular de Andrea y Matteo. Andrea es ciego y nunca ha visto a su hijo, pero eso no cambia su amor por él. De hecho, lo ama «sin conocerlo». Es decir, lo ama por el simple hecho de que es su hijo, más no por alguna característica o don particular.

Dios nos ama de la misma manera. No por nuestros méritos e incluso a pesar de nuestras ofensas contra Él. Nos ama locamente por el hecho de ser hijos suyos, por ser quienes somos, por nuestro corazón verdadero. Amar implica creer y confiar en la persona amada, de alguna forma es un riesgo.

Debo confesar que a mí me cuesta mucho amar a Dios porque no lo puedo ver, sin embargo, ahí es justamente donde brilla más su gracia, pues me ha ido enseñando a amarlo de una manera particular, con un código especial entre nosotros (por así decirlo) y que como conoce mi corazón, ha sabido ganárselo por completo.

Dios nos ofrece un amor sin condiciones

Lo más bonito de la canción, es que me recuerda que Dios nos ofrece su amor de manera generosa y gratuita. Sin condiciones. Amar a Dios no es cumplir con un contrato, Él no nos exige nada a cambio, de hecho, nos da la libertad de amarlo o no. «Ven a mí, si quieres tú». Eso nos dice Dios una y otra vez a cada uno, en el silencio de nuestro corazón. Si cada uno quiere puede amarlo, seguirlo, dejarse amar y guiar por Él, así es el amor de Dios.

Lo más hermoso de esto, y lo que más me conmueve del amor tan grande de Dios, es que como es un amor de Padre, siempre va a buscar nuestro bien y nunca va a descuidar nuestros pasos. Nada en nuestra vida acontece sin antes pasar por la mirada amorosa de Dios.

Si te has sentido identificado con la letra de esta canción, recuerda compartir este post con tus amigos y familiares. ¡No temamos esparcir el amor de Dios! ❤️