Hace apenas unos días descubrí este artículo del profesor de filosofía Jaime Nubiola. Invitado para dar una clase magistral en el acto de graduación de la promoción XVIII del Máster Universitario en Matrimonio y Familia por la Universidad de Navarra en Pamplona, España. El artículo completo podrán leerlo en su totalidad aquí.

Lleva como título «El valor de la ternura» y quisiera compartir con ustedes algunos puntos que creo son muy importantes de tocar al momento de estar preparándose para el sacramento del matrimonio. En general para entender un poco mejor a la familia y lo grandiosa que puede ser como escuela de humanidad.



La ternura

La ternura es ese sentimiento que permite que el amor profundo se exprese. La ternura tiene que ver con delicadeza, con cuidado, con calma y contemplación. Vemos la ternura cuando una madre acuna a su hijo, cuando un padre toma entre sus brazos fuertes el delicado cuerpo de sus pequeños. Sin la ternura el amor de pareja queda abandonado. Sin la ternura no desarrollamos la capacidad de cuidar y proteger.

La ternura da paso al amor maduro y calmado. En un mundo en que las relaciones sexuales pretenden ser separadas de su función procreativa, la ternura abre paso a la unión, entrega y recepción completa de la persona. En una relación sexual sin ternura se encuentra el placer desvalido, a merced de los vaivenes del tiempo y las ganas. La ternura afianza, ancla el sentimiento en lo profundo de una decisión de amar y cuidar.



 Jaime Nubiola desarrolla tres puntos importantes para entender la ternura:

 1. Las edades de la ternura

En este punto nos explica que la ternura no se trata solamente de una cadena de solidaridad donde por ejemplo los padres cuidan a los hijos para que luego ellos los cuiden cuando en la vejez lo necesiten. La ternura nace del amor, el cuidado que se da con la ternura es gratuito, se cuida, se acaricia porque sí. Se ama porque existes, porque eres digno de amar.

La ternura, que para muchos podría ser una señal de debilidad o «blandura» termina siendo un sentimiento muy poderoso. Une entrañablemente a las personas dentro del ámbito familiar pero también llama a que miremos a todas las personas por su propio valor y cuidemos a quién lo necesita, gratuitamente. Una contradicción en un mundo que predica el individualismo, el mirar por uno mismo, el siempre estar pendiente de los propio.

2. La ternura y el sexo

En un mundo donde el placer ha sido proclamado casi un derecho, la ternura viene por sí misma a demostrar que el placer es efímero y el amor duradero. Una relación afectiva donde existe solo el sexo sin ternura tiene los días contados. La ternura viene a abrir la intimidad propia al otro, permite la entrega y recibe completamente. Es por esto también que el ámbito del sexo es el matrimonio, en donde el amor perdura y su expresión en la sexualidad se da a través de la ternura que une y cuida.

3. La revolución de la ternura

Frente a un mundo hipersexualizado donde los abusos tocan incluso a la misma Iglesia, la ternura como expresión del amor nos abre un horizonte bello en donde formar familia. Una familia que crece en ternura donde cada expresión de amor que se dé en ella permite reconocer al otro por quién es y amarlo gratuitamente. «¿Cómo podemos expresar el amor a quienes nos rodean?», apunta Nubiola:

1. La escucha serena, sin mirar el reloj ni el móvil: en palabras de la Madre Teresa de Calcuta, «estar con alguien, escucharle sin mirar el reloj y sin esperar resultados, nos enseña algo sobre el amor».

2. Pedir perdón y agradecer: es necesario en muchas circunstancias aprender a pedir perdón, a decir «lo siento, me equivoqué», «no lo haré más», y —como enseña el papa Francisco— exige también emplear muchas veces esas otras dos expresiones tan típicas del cariño: «gracias» y «por favor».

3. La sonrisa y la caricia: los seres humanos llevamos el alma a flor de piel y una sonrisa o una caricia cambian nuestro día. Cuántas veces un malentendido, una discusión, un disgusto con aquella otra persona que queremos queda relegado al olvido simplemente con una caricia amable, con un beso. No hacen falta palabras, más bien sobran.