nina cambiar el mundo

Este video me ha gustado mucho. Creo que muestra como los niños tienen una sencillez particular para enfrentarse a los problemas y a la realidad en general.

No fue y no podría ser solamente un «bonito discurso» cuando el Señor Jesús propuso el corazón de los niños como la condición para entrar en el Reino de los Cielos. De ninguna manera. Hay algo especial en esa sencillez. Algún vínculo o camino más directo que conecta el corazón con las cosas importantes de la vida. No es simplonería, como algunos quisieran verlo.

La niña del video, con su testimonio y su pequeño gesto de caridad (alcanzarle al fotógrafo el botón de la cámara) da a ese hombre una clave preciosa sobre la cual él podría reconstruir su vida entera y su matrimonio.

¡Cuánto tienen por enseñarnos los niños!

Tal vez no se necesiten grandes fórmulas para cambiar el mundo, complejos programas económicos o teorías intelectualmente brillantes. Tal vez todo pase por mirar la realidad con un poco más de simplicidad, priorizando las cosas importantes de la vida y reconociendo con mayor sencillez las propias miserias. ¿Te parece una receta demasiado irreal? 

No tenía un gran programa, en su discurso no hay ninguna gran idea. Simplemente, ella entendió – con la sencillez propia de la inocencia – que los problemas del mundo están en la incapacidad que tenemos los hombres de atender las cosas más importantes y en el vicio de pensar que los problemas están, sobre todo, fuera de nosotros mismos.

Una idea para cambiar el mundo

¿Una gran idea? Creo que no. Simplemente una sana conexión con la realidad. ¿Por qué a nosotros nos cuesta tanto tenerla?

Termino con esto: No son los niños quienes deben cambiar el mundo. Son los adultos, pero con corazón de niños.

Cambiarán el mundo los hombres que sean capaces de ir hasta el fondo de sí mismos, tal vez a precio de palear capas de egoísmo y superficialidad, pero con la conciencia que solo desde la raíz se puede generar un cambio que produzca frutos de bien. En otras palabras (un poco más cristianas): solo los santos cambiarán el mundo.

Creyentes y no creyentes, en el esfuerzo de hallarse a sí mismos, conscientes de ello o no, se esfuerzan por alcanzar un ideal de vida humana plena, del cual Cristo es la raíz y el modelo.

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