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Cuando vi el tráiler de la películas “Los dos papas” de Netflix me enamoré. Pryce y Hopkins actuando como Bergoglio y Ratzinger respectivamente, me pareció un acierto cinematográfico. Además, que la trama girase en torno a la renuncia de Benedicto XVI me pareció una oportunidad inmejorable para hablar de la crisis de la Iglesia y de los horizontes de cambio que, al parecer, el Espíritu Santo viene inspirando.

Mi ilusión se dio de bruces contra la realidad. La película de Netflix, aunque en líneas generales considero que es respetuosa y positiva, me pareció que caricaturiza a personajes muy complejos (especialmente al Papa Benedicto) y aborda la crisis de la Iglesia con la mirada, la hermenéutica y hasta la terminología del periodismo secular. Fue algo así como leer una viñeta papal en “El País” o en el “New York Times”, ¿me dejo entender?

Aquí van las tres cosas que más me hicieron ruido:


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En el film, Benedicto XVI tiene la inteligencia de una polilla conservadora

, Tres cosas que no me gustaron del film “Los dos papas” de Netflix

Todo el film gira entorno a una invitación a Roma que Benedicto XVI hace al Cardenal Bergoglio. Los dos se reúnen en Castelgandolfo y rápidamente se revela que la invitación es en realidad un interrogatorio donde Benedicto XVI evalúa de manera torpe y desordenada la fidelidad del cardenal argentino al magisterio de la Iglesia. Hopkins le pone rostro y gestos a un Ratzinger sacado del imaginario colectivo del periodismo secular de nuestro tiempo, es decir, un Papa rígido y solitario, preocupado por el dogma y no por las personas, cancerbero de una doctrina estática, cuya mayor utilidad es la conservación del rol de la Iglesia en el mundo y no la inspiración de la fe. En fin, el Benedicto XVI interpretado por Hopkins es la personificación de todos los lugares comunes y los clichés nazi-papales con los que el periodismo secular ha abordado a la persona de Benedicto XVI en los últimos 15 años; es decir, un tontito. ¿Hopkins lo interpreta bien? ¡La actuación es genial! Pero el papel es insulso. Estando sentado en el cine no podía dejar de pensar en la gran oportunidad que habíamos perdido de ver a Anthony Hopkins actuando con la profundidad, la sencillez y la clarividencia a la que Benedicto XVI nos tenía acostumbrados.

Las razones de la renuncia de Benedicto XVI

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En el film hay una escena donde Benedicto se confiesa con Bergoglio y pide perdón por su manera pasiva de responder a los casos de abusos sexuales perpetrados por Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo. En esa misma escena también se sugiere de forma más o menos implícita que la renuncia misma se debe a la imposibilidad de continuar cargando con el peso de esa culpa. Este punto necesita ser aclarado porque Francisco mismo ha declarado que Ratzinger fue el primero en denunciar a Maciel. Francisco en su momento declaró: «Me permito rendir un homenaje al hombre que luchó en un momento que no tenía fuerzas para imponerse, hasta que logró imponerse: Ratzinger. El cardenal Ratzinger -un aplauso para él- es un hombre que tuvo toda la documentación. Siendo Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe tuvo todo en su mano, hizo las investigaciones y llegó, y llegó, y llegó, y llegó, y no pudo ir más allá en la ejecución» Esto último porque Maciel contaba con amigos muy poderosos y Ratzinger, como cardenal, no tenía el poder necesario; sin embargo, apenas pudo —en el año 2005— fue el primero denunciar la corrupción de Maciel. Obviamente el director de esta película no se le ocurrió hacer una mínima investigación sobre el asunto, prefirió colocar la polémica por encima de la verdad y adornar su película a expensas de la reputación del papa emérito.

Y solo para colorear un poco más mi punto, cito a Vargas Llosa, un tipo que nadie podrá decirme que está coludido con la Iglesia: “fue el primer Papa en pedir perdón por los abusos sexuales en colegios y seminarios católicos, en reunirse con asociaciones de víctimas y en convocar la primera conferencia eclesiástica dedicada a recibir el testimonio de los propios vejados y de establecer normas y reglamentos que evitaran la repetición en el futuro de semejantes iniquidades”.

Por otro lado, otra de las razones que la película atribuye a la renuncia de Benedicto es su falta de fe y su incapacidad de escuchar la voz de Dios. Aquí, otra vez, estamos en el plano de la especulación fantasiosa. ¿Quién le dijo al guionista que el Papa estaba viviendo una crisis de fe? Evidentemente esto no tiene ningún fundamento y la razón por la cual esto aparece así en la película es porque encaja magníficamente con el perfil moralista y acartonado que se ha hecho del Papa. ¿Acaso no nos produce un cierto placer reivindicativo cuando el “malo” del film adolece de las mismas fallas por las cuales persigue a sus víctimas? ¿No es acaso hermoso, desde la perspectiva del film, ver al “Rottweiler de la fe”, Ratzinger, atormentado por las dudas con respecto a la fe que defendía a capa y espada?  Pues sí, es genial desde el punto de vista de la trama, pero no lo es desde el punto de la realidad porque no hay ningún indicio que nos lleve a suponer que eso fuera verdad.

Y las verdaderas razones, ¿dónde quedaron?

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Por último, hubo razones por las cuales el Papa Benedicto XVI renunció: una crisis muy grave en la Iglesia, lobbies de distintos tipos en el seno de la curia, destapes de abusos sexuales en muchos países del mundo, filtración de documentos a la prensa hecho por personas muy cercana y, finalmente, un Benedicto XVI que, a sus ochentaipico años, cada vez se sentía más viejo y cansado para hacer frente de manera satisfactoria a esos desafíos. En el film no se habla del hermoso acto de humildad que hizo el Papa Benedicto XVI y tampoco de la hermoso gesto de fe que esa decisión implicaba. Todos estos elementos habrían podido hacer del film “Los dos Papas” un film hermoso, profundo y también muy crítico; pero para hacer algo así se necesita investigación, periodismo y un poquito de ganas de entender la realidad de la Iglesia más allá de los típicos cliches. Por estas razones, considero que el film “Los dos papas”, aunque en líneas generales me parece un film positivo, es una enorme, enorme, enorme, oportunidad perdida.

¿Vale la pena verla? Claro que sí. Si estos tres elementos se tienen en cuenta me parece que el film ofrece una imagen positiva y esperanzadora de la Iglesia y del pontificado de Francisco.

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