Tomar decisiones cuesta. Asusta. Da miedo e inseguridad. Quizás cuando se trata de decisiones pequeñas no sea tan difícil y nos cueste menos pero, ¿qué hacemos cuando se trata de grandes decisiones que pueden cambiar nuestra vida?, ¿tenemos la capacidad de decidir o preferimos vivir de forma automática e inconsciente sin tomar riesgos?, ¿preferimos que la vida o circunstancias elijan por nosotros?

Te invito a ver el siguiente video de Sofía Carreón “¿por qué nos cuesta tanto tomar decisiones?” para que reflexionemos sobre cómo estamos llevando nuestra vida y si realmente estamos donde   queremos y Dios nos pide estar.

Estos son algunos puntos que me parecen interesantes tener en cuenta y que me hicieron pensar luego de ver el video:

Tomar decisiones en un mundo lleno de opciones

¡Hoy en día nos enfrentamos a demasiadas opciones! Opciones de ropa, comida, perfumes, zapatos, restaurantes, películas, música, viajes, profesiones… ¡y podría seguir enumerando! Y por más que tenemos una gran variedad de alternativas, en lugar de ayudarnos, nos paraliza y terminamos sin saber qué escoger o qué queremos ¿Te ha pasado o te has preguntado por qué?

El tener una gran cantidad de opciones en el momento que queramos quizás nos ha vuelto también mas cómodos y engreídos. Decidimos según lo que sentimos en ese momento o si tenemos ganas o no. 

Queremos que todo se solucione de forma inmediata, no queremos esperar ni comprender que hay cosas que requieren tiempo y paciencia y nos hemos vuelto más intolerantes al dolor y sufrimiento. 

Elegir algo implica renunciar a lo demás

Tomar decisiones (sobre todo las más grandes) implica dar muchas veces un salto al vacío. Lanzarnos al abismo sin saber qué cosa habrá del otro lado. Decidir es escoger una cosa y renunciar a todo lo demás. Es hacerse cargo de uno mismo y poder ser consecuente con las acciones que tomamos, porque cada acción trae consecuencias e implica (por lo general) también a las personas de nuestro alrededor. 

Miedo a la libertad

Erich Fromm, psicoanalista y psicólogo social escribió un libro llamado “el miedo a la libertad” donde menciona que este es uno de los más grandes temores del ser humano. 

Tomar una decisión implica responsabilidad y muchas veces preferimos que sean los demás, alguna autoridad o las “circunstancias de la vida” quiénes decidan por nosotros y nos digan qué hacer. Así al final, si nos equivocamos, será más fácil “echarle la culpa a los otros” en lugar de asumir nuestros actos.

¡No vivas de forma automática, aprende a decidir por ti mismo!

La capacidad de elección se entrena con pequeños actos

En el día a día nos enfrentamos con muchas decisiones que debemos tomar. Decidir implica tener fuerza de voluntad y poder escoger con libertad lo que sabemos que nos hace bien. 

Decidir implica conocerse. Saber quiénes somos, qué queremos y sobre todo darnos cuenta qué puede querer Dios para nosotros y poder entender su plan.

Hay veces en las que tenemos que decir pequeños “no” para ganar un “sí” más grande. Hacer pequeñas renuncias a lo inmediato nos va a costar pero será por algo mejor y nos hará más felices, y por eso valdrá la pena el sacrificio.

Debemos entender que decidir implica responsabilidad, valentía y asumir riesgos en nuestra vida. Decidir es vivir y que el miedo no nos paralice. 

Tomar decisiones de la mano de Dios 

Al elegir debemos tener en cuenta también que a veces los planes de Dios no siempre son nuestros planes. Entender que los tiempos de Dios no son nuestros tiempos y ser pacientes en la espera. En ese sentido ¡qué importante es aprender a soltar lo que queremos y aquello a lo cual nos aferramos!

Tomar decisiones