Cuando me pidieron escribir un post sobre este tema en particular, pensé: esto tiene que ser una broma ¿cómo puedo escribir sobre este tema si es una de las áreas que más me cuestan?  Luego comprendí que muchas veces Dios nos da la oportunidad de evaluar ciertas cosas en nuestra propia vida para aprender a confiar más en Él y menos en nosotros, especialmente en aquello que nos cuesta mucho o en lo que con más frecuencia nos equivocamos.

Quizás seas un adulto joven quien recientemente empezó a trabajar y no tienes idea de cómo vas a poder vivir tu fe en un ambiente laboral que no es favorable. Puede que lleves muchos años trabajando y sientes que ya has cometido tantos errores, que ni siquiera vale la pena intentar mejorar en esta área, o tal vez eres de esas personas que sienten como si tuvieran dos personalidades totalmente distintas: una cuando estas alrededor de personas que comparten la fe, y otra en tu trabajo, con tus amigos y conocidos que tristemente, no comparten tu fe. Pues bien, este post es para ti.



Empiezo por mencionar algo que puede ser evidente pero que debo recordarme cada mañana: no se trata de no equivocarse, sino de aprender de los errores para poder seguir creciendo cada día y ser testimonio para otros con nuestras acciones (más que con las palabras). Estoy seguro que has tenido también muchas oportunidades de aprender de tus errores en el pasado, así que espero que leer esto solo sea una motivación más para que no te rindas y sigas adelante en esos momentos cuando parece que no vale la pena hacerlo.

1. Autenticidad: no tengas miedo de ser tú mismo

Cuando empecé a trabajar me daba pánico sentirme juzgado o señalado a razón de mi fe. Algo dentro de mí quería hacer todo lo posible por mostrarse como un auténtico cristiano pero no sabía cómo hacerlo, porque otra parte de mi -como ser humano- no quería ser excluido ni hacer sentir mal a otras personas con mis actitudes. Con el paso del tiempo he aprendido que no debo cambiar quien soy para intentar agradar a otros o encajar, basta con actuar con naturalidad y respeto.



Es triste que algunas veces sin malas intenciones, podamos caer en esa actitud de pensar que ser creyentes nos da el derecho de juzgar a otros que no comparten nuestra fe (eso también pasa entre los no creyentes, pero ese es otro tema), y creo Jesús nos muestra con su vida todo lo contrario: ser capaz de ver a las demás personas con amor. Esto me recuerda otra situación que con frecuencia se puede experimentar en un ambiente hostil de trabajo.

2. No excluir ni excluirte

¿Alguna vez te ha pasado que tienes una idea de alguien y luego te das la oportunidad de conocer a esa persona y encuentras que tienen más cosas en común de lo que imaginabas? Pues bien, tener esas ideas anticipadas de las personas puede llevarte a perder oportunidades muy valiosas de conocer a otros, aprender de sus experiencias e incluso escuchar lo que Dios te quiere decirte a través de sus vidas, hay que aprender a superar las primeras impresiones. Cuando estableces relaciones de respeto con tus compañeros de trabajo puedes expresarte libremente y permitir que otros lo hagan desde sus diferentes maneras de concebir la fe. Los actos sencillos de generosidad y cortesía dicen más sobre ti que un montón de palabras.

3. Da lo mejor de ti

Una manera de vivir tu fe en el trabajo es hacer las cosas de la mejor manera posible, dar todo lo que tienes de ti cada día. No para demostrarle a otros que tú eres el mejor, no para agradarle a tu jefe cuando te está evaluando, no para mantener tu puesto o para ganar un aumento. Puede que esas razones sean válidas en ciertos contextos, pero hay una motivación incluso mejor: hacer las cosas porque sabes en tu corazón que es a Dios a quien quieres agradar.

Puede que en este momento de tu vida no estés en tu trabajo soñado, o que las cosas no vayan muy bien para ti ahora y te levantes cada día sin la motivación necesaria para ir a trabajar por el motivo que sea. Es precisamente en esas ocasiones donde tienen sentido las palabras de Jesús: «el que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho»(Lucas 16, 10). Cuando experimentaba situaciones difíciles en el trabajo lo único que hacía era quejarme en mi oración y preguntarle a Dios: ¿porque tienen que pasar estas cosas? Sin embargo, cuando era capaz de ver cada adversidad no como un problema sino como una oportunidad para mejorar, las cosas tenían otro sentido y pude encontrar aprendizajes muy valiosos para mi vida personal y espiritual. Cada trabajo, por sencillo que sea, debe ser una oportunidad para agradar a Dios y para ser una mejor versión de ti mismo.

4. Ora por ti y por tus compañeros

Para mantener la fe en el trabajo y en la vida hay que alimentarla con la oración. Los momentos de oración te permitirán pedirle a Dios la gracia de ser ordenado y disciplinado durante la semana, de dar lo mejor de ti en tu trabajo y también de orar por quienes trabajan contigo. En ocasiones los horarios pueden variar y se puede hacer difícil encontrar espacios de oración; aun así recuerda que la oración, la eucaristía y la lectura de la Biblia te permitirán mantenerte firme cuando el ambiente en el trabajo se torne un poco hostil o cuando las situaciones no sean fáciles. Perseverar en la oración puede ser difícil pero ¡se puede!

5. Esfuérzate, no basta solo con orar 

Mi abuelita lo decía en términos más sencillos: «A Dios rogando, y con el mazo dando». Para ser honesto me repitieron esta frase cuando era niño más veces de las que me hubiera gustado, pero se me quedó grabada en la mente y ha sido de mucha ayuda, porque puede que alguna vez también hayas pensado que basta solo con orar porque Dios está contigo, lo cual es muy cierto, Él no te abandona. Sin embargo, mantener la fe en el trabajo también requiere «seguir dando con el mazo» o, en otras palabras, trabajar con constancia y dedicación.

Como bien lo dijo San Josemaría Escrivá: «Qué me importa que me digan que fulanito es buen hijo mío – un buen cristiano-, pero un mal zapatero! Si no se esfuerza en aprender bien su oficio, o en ejecutarlo con esmero, no podrá santificarlo ni ofrecérselo al Señor».

6. Estar siempre alegres

Santo Domingo Savio lo resumió muy bien: «La santidad consiste en estar siempre alegres».

La alegría es una parte esencial de la vida de un cristiano. Tienes razones de sobra para estar alegre, y muchas veces no es necesario hablar tanto para que otros puedan notar algo diferente en tu vida: un cristiano se puede distinguir fácilmente porque hace su trabajo con alegría, porque se esfuerza por mantener una buena actitud durante su jornada, incluso en medio de las dificultades. Y claro que hay momentos tristes o de prueba, pero mantenerte alegre puede ayudarte a acercar a otros, mostrarles que vives una fe auténtica en tu trabajo y que seguir a Cristo es todo menos aburrido.

Quiero terminar este post invitándote a leer de nuevo una historia que tal vez ya has oído antes: la historia de José. Es una de mis favoritas en la Biblia, un hombre quien fue capaz de mostrarse auténtico en un país lejano y en un ambiente que no le ayudaba mucho, donde no estaba con otros que compartieran su fe, se mantuvo fiel a Dios en las situaciones más difíciles y realizó cada trabajo de la mejor manera. Espero te ayude en momentos donde sea difícil encontrar un motivo para continuar.

¡Adelante! ¡Ánimo! Hoy es tu mejor oportunidad para confiar en Dios y dar lo mejor de ti mismo, así el ambiente que te rodee en este momento no sea fácil, recuerda siempre quien está a tu lado.

Agradezco a mi amiga Tatiana Restrepo por darme algunas ideas para este post 😉.

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