Las crisis en las pareja, entre amigos, en a familia, en el trabajo; frecuentemente se deben a la dificultad que tenemos para comunicarnos, para escuchar, para pedir perdón y dejar nuestro orgullo.

En una sencilla lista, el Profesor Juan Ignacio Bañares, de la Universidad de Navarra, nos presenta 22 sencillas acciones que nos pueden servir de guía para intentar aproximarnos, entendernos y comunicarnos de una mejor manera.

1. Mientras dure el apasionamiento, “no eches leña al fuego”

No es bueno “echar la leña al fuego” de tu imaginación dando vueltas a los agravios (aparentes o reales) que te ha infringido el otro, sean graves o leves.

2.  Reflexiona sobre las culpas propias

Procura descubrir todo aquello en que (por mala voluntad, debilidad o error) hayas podido dañar la sensibilidad de tu cónyuge o de las personas con las que te relacionas cotidianamente.

3. Esfuérzate por sacar a la luz todo lo bueno de la otra persona

No la recuerdes en su peor momento, sino en los mejores. Busca siempre verla desde los ojos de Dios y sacar lo mejor que esa persona tiene.

4.Trata de ver las cosas honradamente

Desde el punto de vista de la otra parte: intenta darle la razón —o, al menos, reconocer la legitimidad de su opinión o postura— en todo lo posible. (Comienza por hacerlo interiormente). Exactamente como te gustaría que lo hiciera el otro.

5.  Amar la libertad trae compromisos

Haz lo que puedas para comprender y valorar aquello en que el otro es diferente, o incluso contrapuesto a ti por carácter, enfoque, gustos, formas de ver la realidad, etc.

6. Perdona

Lo que, a pesar de todo te sigue pareciendo negativo, perdona, olvida y luego no “pases factura”. Perdona siempre.

7.  Casi siempre hay un motivo para que pidas perdón tú

Aunque pienses que existen muchas más razones para que lo pida el otro, procura averiguarlo y dar el primer paso aunque te cueste.

8. ¡Ojo al orgullo!

Pedir perdón no es una derrota de uno; es una victoria de ambos. Quien no es capaz de pedir perdón, a menudo exige del otro rendiciones incondicionadas.

9. Reconoce que disculparse primero no es humillarse

Dar tu brazo a torcer no significa humillarse, significa empezar por enfrentarse con la verdad sobre uno mismo.

10. Sigue profundizando

Perdonar no es quedar de tonto —aunque uno tenga que repetirlo a menudo—: es uno de los modos más profundos de querer, y de enseñar a querer.

11. Puedes estar seguro

De que lo que te parece negativo del otro, casi siempre lo tendrás también tú, y en caso contrario, probablemente tengas el defecto opuesto.

12. Respeta el elemental derecho de la persona humana a tener defectos

… E incluso a ejercerlos —tantas veces, a su pesar—, en vez de insistir en el deber de superarlos: también él (ella) es un ser humano.

13. Mientras dura la tensión, no divulgues ni esa circunstancia ni los hechos que la motivaron

Sería fácil presentar una visión deformada de la realidad y, en todo caso, la maledicencia no es medicina que cure la herida, sino veneno que la infecta, al alimentar la propia vanidad.

14.  No pienses en las deudas y agravios del otro…

… sin pensar en las que tienes tú mismo con Dios y con los demás. Nada ayuda más a la comprensión del otro, que el conocimiento propio.

15.  No desees que tu cónyuge sea perfecto

Y ahora mismo; acéptalo como es y fomenta más bien el deseo de ayudarle a sacar de dentro de sí ‘su mejor yo’. Recuerda que no hay nadie de quien no podamos aprender algo, ni nadie a quien no debamos agradecer algo. Investiga.

16. Calcula el tiempo

El tiempo que dedicas (diariamente, o al menos semanalmente) a pensar en las cosas e intereses del otro, a hablar con él de esos temas suyos, y a ponerlos por obra a través de planes, encargos, etc.

17. Revisa tu modo de querer

Los celos o el cariño absorbente no son un exceso de amor, sino una enfermedad grave —como la envidia, la desconfianza, o el afán de posesión— que lo corrompe a la vez que nos ciega para que no nos demos cuenta.

18. Habla al menos 10 minutos al día con Dios

Cara a cara; pero no como simple desahogo, sino tratando honestamente de conocer cómo ve Él las cosas y qué medios quiere que pongas de tu parte.

19.  Si es posible consulta 

Con la objetividad de que seas capaz, a una persona de confianza, criterio y experiencia, y que te conste que procura vivir de acuerdo con su fe.

20.  Intenta frecuentar los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía

Puede que casi no lo notes —o que no lo notes continuamente— si lo haces, pero lo notarás si no lo haces.

21. Procura mantener la sonrisa

Ceder en pequeñas cuestiones, tener detalles de gusto del otro y manifestar el cariño, pase lo que pase: todos respondemos mejor a una zanahoria por delante que a un palo por detrás.

22. Intenta descubrir lo positivo del presente

Si se trata de un tema grave, y de verdad no tienes culpa y estás sufriendo las del otro, no te olvides de reconocer el valor de esa situación dolorosa, para un cristiano: la fe hace descubrir lo positivo del presente.

23. No pierdas nunca la esperanza en los demás

¡Pueden ser mejores de lo que ahora piensas! Ni pierdas tampoco la esperanza en Dios: ¡Él no falla!


Basado en el artículo de Juan Ignacio Bañares.