Dicen que cada vez es más difícil evangelizar a los jóvenes de hoy. Definitivamente las noticias que salen de nuestra Iglesia hacen que perdamos mucha credibilidad, lo cual es súper entendible, y por otro lado, ¿te has dado cuenta que los jóvenes de hoy hacen mil cosas a la vez?

Por eso es difícil que nos atiendan los 45 minutos o más que dura nuestra charla, salvo que nos convirtamos en Netflix con esos presupuestos millonarios. Aunque ni eso, porque mientras los jóvenes ven sus series, también están escuchando spotify, respondiendo Whatsapp, leyendo el libro para la tesis, viendo historias de Instagram y pensando si pedir pizza americana o hawaiana para la cena.

La verdad el panorama es muy retador, pero no podemos olvidar nunca que en nuestras manos tenemos la mejor noticia de todas, se nos ha revelado una forma de amar tan especial capaz de llenarnos de sentido, felicidad y vida en abundancia. Por eso les comparto cuatro tips que a mí me funcionan cada vez que comparto esta gran noticia frente a un grupo de jóvenes, ¡espero de todo corazón que les sirva!

1. Sé cercano. ¡Háblales en su lenguaje!

Imagínate llegar a un país donde no entiendes el lenguaje, donde te obliguen a bailar de una forma rara, y te inviten a realizar gestos y acciones que nunca habías hecho antes. ¿Cómo te sentirías?, ¿cómodo?, ¿en casa? O te preguntarías ¿qué rayos hago aquí?

Muchas veces, así se sienten los jóvenes que van por primera vez a nuestras catequesis, al encontrarse con palabras, gestos, canciones, frases, y otras cosas más que no pertenecen «a su mundo». ¿Entonces cambiamos el mensaje? ¡No! No se trata de cambiar la esencia, pero sí la forma.

Jesús a los campesinos les habló usando un granito de mostaza, a los pescadores usando la barca, y a los pastores usando las ovejas que se les pierden. Jesús quería hablarles desde lo cotidiano de sus vidas. Él no negoció la esencia del mensaje, pero tanto amó a la gente, que se preguntaba cómo ellos comprendían la vida, para poder hablarles en su idioma y así hacerse entender mejor.

¿Se imaginan cómo serían las parábolas de Jesús hoy? Seguramente hablaría de la ambición del poder usando la serie «Game of Thrones», o de la frustración usando a «Lionel Messi con la camiseta argentina». O de la misión que tenemos como Iglesia usando escenas de «Los Avengers», o de la paciencia usando la canción «Despacito» de Luis Fonsi.

¿Cómo viven los jóvenes de tu zona?, ¿qué música escuchan?, ¿qué luchas tienen?, ¿qué videojuego siguen?, ¿qué influencers admiran?, ¿qué series de Netflix están viendo?, ¿qué palabras usan?, ¿a qué juegan? Está buenísimo saber esto, no para ser chismosos, sino para traducir la Buena Noticia en su idioma. Así nos sentirán cercanos y entenderán que el Dios del que les hablamos, también lo es.

2. ¡Que sea relevante! Diles algo que les importe

Jesús le daba a la gente lo que necesitaban. ¿Acaso al ciego Bartimeo le multiplicó los panes? ¿al paralítico le convirtió el agua en vino? ¿a la mujer que cometió adulterio le sanó la oreja derecha? ¡Por su puesto que no! ¡Sería un Dios insensible!

Por eso, al ciego le devolvió la vista, al paralítico la posibilidad de caminar y a la mujer su dignidad. ¿Nuestras charlas están respondiendo a las necesidades de los jóvenes? Si ellos sienten que lo que les dices es útil para su felicidad, se sentirán atraídos. De lo contrario será como ofrecerles una casaca de plumas «Northface» para ir a las playas del Caribe.

Es decir, algo probablemente inútil. Por eso es muy importante preguntarnos ¿qué están necesitando los jóvenes de mi zona?, ¿qué luchas están teniendo?, ¿qué les está apagando la vida? Porque si no, la charla corre el riesgo de ser irrelevante para ellos.

¡Veamos un ejemplo!

Uno de los temas de catequesis más difícil de dar es «Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre». Por hacerlo tan abstracto o académico muchos jóvenes se preguntan ¿y esto para qué me sirve?… ¡Veamos! Una de las cosas que más necesitan los jóvenes hoy es comprensión, que alguien les diga «te entiendo».

¿No te parece emocionante decirles que Jesús fue verdadero Dios pero también verdadero hombre? Que sintió miedo a la hora de pensar en el futuro, así como ellos a la hora de pensar qué harán con sus vidas acabando el colegio. O que sintió soledad cuando sus discípulos lo abandonaron, así como ellos a la hora de llegar a casa y ver que papá o mamá casi nunca están.

O que sintió tristeza cuando Pedro lo traicionó, así como ellos a la hora de que uno de sus amigos divulgara ese secreto tan valioso que le habían confiado. ¿No les parece interesante decirle esto a los jóvenes e invitarlos a que cuando se acerquen a Dios en la oración, lo hagan con la certeza de que es un Dios que los entiende por que ha vivido lo que ellos viven actualmente y que pueden hablarle con toda libertad y confianza, sin pensar que sus problemas son irrelevantes para Dios?

Yo creo que si le damos ese enfoque a este tema, despertará mucho más interés en los jóvenes que si nos quedamos en una clase abstracta de teología. ¡Sigamos!

3. Regálales preguntas

Esta es una sencilla pero gran técnica. Cuando les haces preguntas a los jóvenes es como tocar la puerta de sus vidas para que te la abran, entres a la sala y les hables con mucha más cercanía. Una vez dentro, conectarás mucho mejor con ellos. Es como si personalizaras la charla para cada uno de los participantes.

Por ejemplo, si estás hablando de la práctica del perdón podrías preguntarles ¿Con qué persona de tu familia tienes la relación un poco dañada y te gustaría reconstruirla? O ¿A qué amigo haz dañado últimamente que crees que es necesario pedirle perdón?

¡Claro! Cuando eso pasa, los jóvenes piensan en rostros, en vidas concretas, en situaciones reales y hace que lo que tú estés hablando aterrice de la mejor forma en sus vidas. Jesús, era un maestro de las preguntas «¿Quién dice la gente que soy yo?, ¿por qué tienes tanto miedo? ¿también te vas a ir?», y muchas más.

Él sabía que las preguntas se vuelven puentes para entrar en la vida de los demás. Los jóvenes no quieren respuestas, quieren preguntas que les inquieten la vida. ¿Tus charlas están inquietando sus corazones?

4. Cuéntales un pedacito de tu vida

No hay nada más aburrido que escuchar a alguien que pretende ser alguien que no es. A veces queremos mostrarnos como los perfectos o fuertes porque creemos que esa es la imagen que tenemos que proyectar. ¿Quién nos hizo creer eso? Somos de carne y hueso, con heridas, victorias, miedos, aciertos, luchas, fracasos.

Hemos dañando gente, hemos provocado sonrisas, hemos desconfiado de nosotros mismos, hemos cumplido sueños, le hemos fallado a gente que amamos y muchas otras cosas más que nos hacen ¡humanos! Los jóvenes aprecian que nos mostremos vulnerables, que seamos transparentes, que les hablemos con ejemplos de nuestra vida.

¡Pero ojo! sin maquillarlos ni decorarlos, sino mostrándolos de la forma más transparente posible para que se puedan sentir identificados y así, cuando les hablemos de lo que Dios va haciendo en nuestra vida, ellos sepan que también lo puede hacer en la suya. ¿Y tú? ¿Qué anécdota contarás en tu próxima charla?

¡Micrófonos de misa!

Como ven, son cuatro tips muy prácticos. Yo los veo como micrófonos de misa. Es decir, la acción y la gracia de Dios no depende de ellos, pero los micrófonos de misa ayudan a que el mensaje llegue mucho mejor a la gente. No hay nada que haga más creíble tu mensaje que vivir amando como Jesús amó.

¡Eso no falla nunca! Que el Espíritu Santo te acompañe para que toda charla que des se convierta en Buena Noticia para los demás. ¡Amén!