¡Feliz Pascua de Resurrección, hermanos! El sepulcro está vacío y estamos muy felices de celebrar un tiempo litúrgico lleno de alegría: el tiempo pascual.

Sí, porque la Pascua no solo se celebra el Domingo de Resurrección. No, no es simplemente el día con el que culminamos la Semana Santa. El tiempo Pascual no es solo la vigila Pascual, no es solo esa noche hermosa en la que pasamos en vela y tenemos las 7 lecturas.

La Pascua de Cristo dura mucho más. Dura, exactamente, 50 días y culmina en Pentecostés. Así que la alegría que sentimos hoy tiene también un camino a recorrerse. Así como nos lo cuenta Fray Abel de Jesús en este interesante video.

Después de saber que Cristo ha resucitado,  sus apóstoles empiezan un tiempo muy especial de preparación y mucho aprendizaje. El Maestro pronto dejará este mundo terrenal definitivamente.

Me conmueve profundamente la delicadeza de Cristo. Él no desaparece sin más (de hecho, nunca desaparece) de esta tierra. Cristo sabe que irse es demasiado duro para sus apóstoles, para todos aquellos que lo seguían. Así pues, se da un tiempo y prepara a sus discípulos para que puedan vivir sin su presencia física en la tierra.

Cristo los hace mirar más allá y les da pruebas, concretar del mundo al que estamos destinados. Cristo los hace anhelar el encuentro definitivo en el mundo futuro, ese que Él habita con el Padre y el Espíritu Santo. Los prepara con detalle y además nos deja al Espíritu Santo y a su propio cuerpo y sangre como alimento para nuestro Espíritu.

Cristo sabe que la vida en la tierra, luego de la caída original, es un camino muy duro. Lo ha vivido el mismo junto a nosotros. En su misericordia infinita, entiende la fragilidad del hombre y su incapacidad de volver a conquistar el cielo si no es solo con su ayuda.

El tiempo pascual es un tiempo hermoso, lleno de detalles del amor de Dios y pruebas concretas de un mundo divino que nos llama a todos desde la eternidad.

El tiempo pascual es un tesoro, vivámoslo intensamente, toda la vida.