tiempo ordinario

El domingo que sigue a la fiesta de la Epifanía es dedicado a celebrar el bautismo del Señor. Con esta celebración se termina el ciclo natalicio y damos paso a empezar a vivir nuestro tiempo ordinario.

Después de tanta espera, hemos celebrado el nacimiento del Mesías, el Salvador del mundo. El que entregó su vida para salvarnos y traernos paz, amor y esperanza. Pero sé que te estarás preguntando: entonces, ¿por qué conmemoramos el bautismo si lo más importante es el nacimiento de Cristo?

Bueno, déjame contarte. El bautismo que recibió Jesús fue muy especial, pues con Él comienza un nuevo bautismo. Comienza una nueva etapa de relación entre Dios y los hombres. Juan afirmaba que él bautizaba con agua, pero que Jesús, a quien no merecía ni desatarle las correas de sus sandalias, bautizaría con el Espíritu Santo y fuego.

Admitámoslo, es impresionante cómo Dios mismo se hizo tan semejante a nosotros que, incluso sin ninguna vergüenza, se colocó en la fila de aquellos que se preparaban para la llegada del reino de Dios.

Por eso, mientras conmemoramos el Bautismo del Señor, descubrimos el mejor momento para reflexionar sobre nuestro caminar espiritual. No solo en el tiempo de Navidad, sino, más importante aún, en el tiempo ordinario. O mejor dicho, en nuestro día ordinario, en nuestra cotidianidad.

¿Te has puesto a pensar en tus propósitos o metas espirituales a alcanzar en este año?

Si no te los has preguntado o si todavía lo estás pensando, aquí te dejo algunas ideas para integrar tu fe en tu día a día. Así, podrás vivir una constante renovación del bautismo, suplicando para que el Espíritu Santo sea tu guía.

No te canses de orar, de pedir e invocar al Espíritu Santo

Una de las reflexiones que más me ha impactado es entender que, gracias al bautismo, ya no somos esclavos, sino hijos. Incluso Jesús mismo vivió esta experiencia de ser bautizado.

Es algo para conmemorar, pues Dios se hizo semejante a nosotros. Nuestro propósito en la vida debe ser el ser semejantes a Dios, vivir cada día como hijos del Padre. No dejar que la gracia y los dones del Espíritu Santo que recibimos se queden en un solo día, sino renovar ese fuego en nuestro interior. Pues también, Jesús, inmediatamente después de su bautismo, inicia su misión de Salvador.

Por eso, para nosotros es un ejemplo y una invitación a la conversión. Para hacer un cambio de 180 grados para que nuestra vida gire en torno a Cristo.

¿Cómo nos haremos uno con Cristo si no lo conocemos? Para eso existe esta arma maravillosa que nos resguarda de tentaciones y nos libera de preocupaciones: la Oración. ¡Qué hermoso empezar nuestro año de la mano de Dios! Qué bello tener una comunicación con Él, pues la finalidad de la oración siempre será acercarnos más a Jesús.

En este tiempo ordinario que empezaremos, qué mejor manera que proponernos tener una comunicación más amplia, honesta, sincera, pero sobre todo llena de amor con quien nos amó primero.

Con Jesús Sacramentado, el ruido y las tribulaciones del mundo desaparecen

En nuestro correr diario durante el día o el año, en medio de todos nuestros quehaceres cotidianos, en medio de responsabilidades y preocupaciones, también debemos darnos un tiempo para contemplar con atención al Hijo de Dios.

En el Evangelio Según San Juan (1, 29) se lee: «Al día siguiente Juan vio a Jesús que venía a su encuentro, y exclamó: “¡Ahí viene el Cordero de Dios, el que carga con el pecado del mundo!”» ¿Cuántas veces Jesús se nos ha acercado y no hemos podido reconocerlo? Yo te diría que muchas veces solemos estar tan atrapados en nuestras preocupaciones, que perdemos al Cordero de Dios de vista.

Creo que algo a recordar en este tiempo ordinario es eso. No perder a Dios de vista o alejar nuestra mirada del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Tenemos la dicha de que Él se quedó con nosotros para siempre y se representa en esa hostia consagrada que vemos y con la cual podemos pasar un tiempo a solas.

Estar con Jesús sacramentado es una meta a no olvidarse. Pues, aparte de que estarás frente a quien te dio la vida, es poder descansar en su presencia, estar conectados a tal grado que el ruido del mundo desaparece. ¡Qué hermoso sentir!

Un tiempo ordinario lleno de misericordia y esperanza

Tiempo ordinario

Cada uno de nosotros ha recibido los dones del Espíritu Santo y, con ellos, la responsabilidad de ser sal y luz para el mundo. El bautismo del Señor nos viene a invitar a esa conversión radical, ese cambio que tanto anhela nuestro corazón y nuestra alma.

Dios nos ha colmado de amor y misericordia no solo para nosotros mismos, sino también para expandirla a cada rincón del mundo. Para llevar amor, esperanza y misericordia a quienes más lo necesitan.

Reflexionar sobre el cambio que queremos realizar también nos debe hacer pensar sobre el cambio que queremos para el mundo, saber que debemos salir y obrar de manera como el mismo Jesús lo haría. Realizar obras de misericordia no solo le dan satisfacción al alma, sino al corazón.

Que en este tiempo ordinario que se aproxima, siempre estemos dispuestos a brindar amor a quien lo necesite, a ser luz y sal para el mundo, y salir a anunciar que hemos visto al Cordero de Dios.

No olvides que, para conmemorar el Bautismo del Señor, debemos conmemorar también la misión del bautismo: «ser misericordiosos». En ese Año Jubilar, el Papa Francisco subrayó que será un Año Santo caracterizado por la esperanza, aquella que nunca se extingue.

Que este inicio de tiempo ordinario lo empecemos reflexionando sobre nuestra vida y nuestra conversión. Que uno de los mayores propósitos que tengamos sea un encuentro con Dios, para que, al estar unidos con Él, podamos también entregarnos en la medida de nuestro corazón a los demás. Para que llenemos a todos de la esperanza y misericordia de Dios.

Y tú, ¿ya tienes tus propósitos espirituales para este año? Cuéntanos en los comentarios cómo te gustaría acercarte más a Jesús en este tiempo ordinario.

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