El video que les traigo hoy tiene un impacto emotivo muy fuerte. Nos enfrenta a la dura realidad del poco tiempo que nos queda y pasaremos junto a nuestros mejores amigos. El trabajo, las responsabilidades – que las tenemos muchas y muy variadas – y todo tipo de distracciones, ocupan la gran parte de nuestra vida y muchas veces nos alejan de lo verdaderamente importante.

Por medio de un cálculo aritmético, fundamentado en estudios sociológicos, se puede prever ese tiempo maravilloso que estaremos junto con esos mejores amigos. Lo que podemos apreciar en el corto es sorprendente y no me deja de admirar cada vez que lo veo.

Te invito a que te preguntes: ¿cuánto estás dispuesto a dejar a un costado las «mil y una» responsabilidades que tienes – considerando, además, que sean buenas – para pasarla bien con tu amigo?

Un café, una buena conversación, una salida para compartir los sueños personales y vivir una experiencia de encuentro con esa persona que significa todo para ti. Incluso si esto requiriera viajar a otra ciudad o país.

¡No te dejes engañar! El video está muy bien hecho para hacernos tomar consciencia de que, si no ponemos los medios necesarios, el tiempo pasará y prácticamente no vamos a tener momentos especiales para compartir con ellos.

¿Por qué me ha cuestionado tanto?

Hace poco he tenido una experiencia muy cercana ante la muerte. Ha fallecido una de las personas más importantes de mi vida.  Algo que he aprendido definitivamente – sería muy largo explicarles en este breve artículo, aunque tengo ganas de hacerlo en otra ocasión – es lo importante que es cultivar esas amistades antiguas, con esas personas queridas, con quiénes vivimos momentos y años inolvidables de nuestra infancia y juventud.

Descubro que son amistades que han estado adormecidas, pero que basta un poquito de «agua y fuego» (y buena comida… jajaja)  para avivar esa relación de profundo afecto y sentimientos, que se plasman en un profundo cariño que le da color a la vida.

Me arrepiento los años que he dejado pasar, y no son pocos, sin haber cultivado (como tan bien nos explica el zorro del principito) esas amistades y vivir lo que más nos hace felices mientras vivimos en esta Tierra: las relaciones de amistad.

La ciencia corrobora la necesidad que tenemos en el corazón

Es interesante pues la famosa «ciencia de la felicidad» que tanto se viene desarrollando (principalmente) en Norte América, en las últimas décadas, nos confirma lo que les he compartido. Estudios de prestigiosas universidades, grandes catedráticos y estudiosos, corrientes como la psicología positiva e, incluso, las Neurociencias tienen como un denominador común de primera importancia las relaciones de amistad.

Ya lo hemos compartido en otro artículo aquí en Catholic Link un importante estudio que ya lleva más de 75 años den Harvard, que demuestra científicamente como las relaciones auténticas de amistad, mucho más que el dinero o éxito profesional, son el caldo de cultivo más necesario para la felicidad a lo largo de la vida.

Es loable el esfuerzo de una psiquiatra española cada vez más conocida, Marián Rojas Estapé, quien habla en su libro «Encuentra tu persona vitamina», la importancia de la hormona oxitocina para que tengamos esa experiencia de felicidad al relacionarnos con las demás personas. Un buen abrazo, una mirada a los ojos, una larga conversación compartiendo aspectos importantes de la vida. ¡Cuánto más podríamos escribir!

¿Qué nos enseña la fe?

Pero no necesitamos recurrir a estas «ciencias» actuales, que explican el porqué necesitamos amistades. Somos cristianos y sabemos el valor que tiene el amor en nuestras vidas. La Buena Nueva que nos viene a anunciar el Señor Jesús es la Buena Nueva del Amor.

Él mismo – Jesucristo – es Dios que, fiel a nosotros, no nos abandona en el pecado, sino que se hace hombre para hacerse uno como nosotros, en todo menos en el pecado. Viene a enseñarnos a vivir un amor que revoluciona cualquier clase de religión, filosofía o estilo de vida que existía antes de su Encarnación.

Nos invita no solo a amar a los que son nuestros amigos. Nos invita a amar a los desconocidos, que se encuentran a lo largo del camino (como en la parábola del Buen Samaritano) e, incluso, a amar a nuestros enemigos. Saber perdonar hasta setenta veces siete, sin perder nunca ese corazón misericordioso.

Te planteo un reto

Te invito, es más, te reto a que hagas una pequeña lista con tus 3 mejores amigos. Piénsalo con calma, pues pueden ser esas personas que no ves hace muchos años, y ya no las tienes presente, pero son tus mejores amigos. Luego, proponte llamarlos y queda con ellos para cuando pueden encontrarse. Piensa antes qué te gustaría contarles o decirles, y cómo le explicarías por qué los estás llamando de esa manera. ¡Ya no pierdas más tiempo!