tiempo de cuaresma

Hemos vivido el primer Domingo de Cuaresma. Ha pasado casi una semana desde que nos reunimos el Miércoles de Ceniza a escuchar la frase que debe guiarnos en este tiempo: «conviértete y cree en el Evangelio». Un mensaje radical, un mensaje preciso, un mensaje que debe llegarnos a lo profundo de nuestro corazón durante este tiempo de Cuaresma.

Algo que me sucede es que me cuesta aterrizar mis propósitos. Antes de escribir esto, pensaba en «conviértete y cree en el Evangelio». Es una frase, pero ¡qué extensión tiene para la meditación! Es preciso que nos sentemos a examinarnos y descubramos qué implica o que voy a hacer en concreto para abrazar la conversión a la que Dios me invita en esta Cuaresma.

Habrá que examinar si podríamos dedicarnos trabajar una virtud en especial: la paciencia, la templanza, la diligencia, la oración, el sacrificio.

Es preciso que revisemos si nuestra relación con Dios debe ser fortalecida en la oración, si debemos acercarnos a Dios a través de la confesión. Es realmente importante que hagamos este examen para vivir plenamente lo que nos resta hasta llegar a la Semana Mayor.

El tiempo de Cuaresma es el momento en el cual, nos debemos desprender de nosotros mismos, y acompañar a Cristo en el Calvario. Debemos unirnos a él, pues su amor se ha hecho manifiesto con su acto de amor en la Cruz. Para poder acompañar al Señor, debemos vaciarnos de distracciones y ruidos, debemos vigilar, y estar siempre en oración para unirnos profundamente al Señor.

A propósito de esta Cuaresma, quiero invitarte a que meditemos juntos en algunas de las frases que el Papa Francisco ha dicho sobre la Cuaresma, durante el rezo del último Ángelus, el 18 de febrero.

Descubramos juntos qué nos enseña la cabeza de Nuestra Iglesia.

«Estamos invitados en Cuaresma a entrar en el desierto»

tiempo de cuaresma

Es la primera gran invitación del Santo Padre, para vivir estos 40 días junto a Jesús. Que entremos en el desierto, que guardemos silencio, que nos sumerjamos en un diálogo íntimo entre un Dios amantísimo y nosotros, que estamos necesitados de su Misericordia y su amor.

Entrar en el desierto no es desaparecer, o dejar de lado nuestros deberes de estado. Entrar al desierto es alejarnos del ruido, guardar silencio y en el recogimiento poder escuchar la voz de nuestro buen Dios.

No tengamos miedo a abrir nuestro corazón y adentrarnos, recogernos en la presencia de nuestro Dios. Un encuentro íntimo con aquel que nos ha amado hasta el extremo es necesario para sumergirnos en su Misericordia que es eterna.

«Las bestias salvajes y los ángeles también son nuestra compañía»

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Cuando el Papa nos habla de la estancia de Jesús en el desierto, nos invita a la reflexión profunda, para que podamos identificar a las «bestias salvajes» que nos pueden estar distrayendo. Y se refiere a estas bestias salvajes como los desórdenes y las pasiones que hay en nuestro corazón. Sean los vacíos del corazón, la codicia, la soberbia, la envidia, son algunos de los peligros que el Papa expone en su reflexión.

Hoy te invito a que a la luz del Señor examines cuáles son esas posibles bestias salvajes que ningún bien le hacen a tu alma, y que más bien ponen en riesgo tu paz y tu comunión con Dios.

Como reflexiona el Santo Padre, el tiempo de Cuaresma es ideeal para entrar al desierto y domesticar a estas bestias salvajes. Es posible que cultivemos la virtud, de la mano de Dios.

«Calma para el corazón, infundir el sabor de Cristo, el sabor del cielo»

Así como las bestias salvajes son parte del relato, el Papa señala con acierto la presencia de los ángeles que servían al Señor. Busquemos en nuestra vida aquellas voces que, al fin y al cabo, son la voz de Dios. Ya sea un libro, una meditación, quizá un consejo o una homilía.

Debemos encontrar aquello que nos adentre en el silencio del desierto, nos ponga en presencia de Dios y nos anticipe el sabor del Cielo.

Orar, meditar, leer, reconciliarnos con el buen Dios, son cosas precisas y pequeñas que serán de gran ayuda para poder entrar en unión íntima con Dios.

Allí donde la tentación desgarra el alma, la paz del Señor nos calmará y nos dará el sabor de Cristo mismo.

«Para captar la inspiración de Dios, debemos entrar en el silencio y la oración»

Una invitación clarísima que nos da el Papa es a guardar silencio, a orar. Esta es la receta, este es el camino para poder vivir plenamente el tiempo ded Cuaresma y poder preparar el corazón como es debido.

Debemos adentrarnos en el amor de Dios y dejarnos conducir por él en el desierto. Es el desierto el lugar donde, en silencio, el Señor nos quiere ver a los ojos y enamorarnos.

No olvidemos que María Santísima, quien entendió el amor, es nuestra mejor compañía en el desierto. Al acercarnos al Hijo, hagámoslo a través de la intercesión y compañía de Nuestra Madre del cielo. Junto a Ella caminemos gozosos a vivir la Cuaresma junto a Jesús.