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Te invito a ver este video de «Contagiosos», de la Fundación Infinito + 1. El protagonista de este breve documental, inicia contando su propia experiencia y encuentro con Dios. Y cómo, a partir de esa experiencia, sintió la inquietud y el deseo de transmitir ese amor a otros.

Si alguna vez has sentido que no estás hecho para hacer apostolado, o no encuentras la manera de servir a los demás, este video es para ti. 


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Querer «contagiar» el amor

Es la respuesta lógica a quien recibe una gran alegría y quiere compartirla con todos, contársela a todos, festejarla con todos.

De la misma manera, nuestro encuentro no puede quedarse en nosotros mismos. Es necesario llevar a Cristo a los demás, y llevar a los demás a Cristo.

Y te diré algo más: ¡no es opcional! Es un mandato —de amor, pero mandato— que nos dejó Jesús antes de volver al Padre.

«Vayan a todas las gentes», nos dijo. No dijo «a algunas personas», «a las que te caen bien». Ni tampoco dijo «si te gustaría», «si no tienes nada mejor que hacer».

La vocación de todo cristiano, sea cual sea, es intrínsecamente apostólica. ¡Todos estamos llamados a hacer apostolado!

Cada uno concretará esta invitación del Señor de transmitir su Palabra de distintas maneras. Cada uno verá cómo hacerlo, en qué momento, con quiénes y de qué manera.

El trabajo santificador

Cada uno descubrirá en la oración de qué manera Dios le llama a anunciarle. Pero algo que es común a todos, es el trabajo.

En él pasamos la mayor cantidad de horas de nuestros días, y lo hacemos con unidad de vida. No como algo «inevitable» o «paralelo» a nuestra entrega a Dios, a nuestro apostolado.

Un trabajo hecho con amor, dedicación, buena intención, es santificable. Y como ejercitamos virtudes para poder hacerlo bien, también nos hacemos santos en el camino.

Pero hay una tercera cualidad muy especial del trabajo, y es que con él podemos también santificar a los demás. Mediante nuestro ejemplo, nuestra ayuda, a veces con nuestra palabra, podemos ayudar a los demás a hacerse santos.

Por ejemplo Pedro, el hombre del video, contaba que cuando algún pasajero le preguntaba por la estampa que llevaba en el volante, él le obsequiaba esta y aprovechaba la oportunidad para hablarle más explícitamente de Dios.

Pero, antes de eso, cuenta también que rezaba un Padrenuestro. Quizás había días en los que nadie le preguntaba por su estampa. Pero ¡todos los días, todos sus pasajeros, se iban con un Padrenuestro por ellos! Y no solo con su oración, sino con el trato amable, la sonrisa, la alegría que este chofer les contagiaría.

Lo mismo podemos hacer nosotros, sea cual sea nuestro trabajo. Aún en un banco, en una industria, en una oficina, en un taller… tenemos la oportunidad de rezar por cada persona con la que nos encontramos.

Algunas veces, habrá posibilidad de hablar de Dios, otras no. Pero siempre, será posible darles un testimonio de vida, rezar una oración y ofrecer algún pequeño sacrificio por ellos.

Mirar al hermano como Dios le mira

Para que nuestra labor pueda fructificar, es necesario mirar al otro como Dios le mira. Pensar que, si a Dios le interesa ganarse todas las almas… ¡a nosotros también nos tiene que interesar amarles a todas!

No es fácil. Hay personas cuyo carácter no es compatible con el nuestro, hay otras que nos tratan con poca caridad, y algunas más con quienes no querríamos cruzarnos.

Pero un pequeño gesto, aunque fuera un Padrenuestro, o una sonrisa que nos cuesta dar a estas personas… quizás sea lo que estas necesitaban para sentir el «flechazo» de Dios.

Quizás no en el momento en el que les sonreímos, pero quizás esa pequeña mortificación nuestra, Dios la tome para «aplicarla» más tarde a esa persona, o a quien la necesite. ¡Eso es la comunión de los santos!

Consejos finales

Te propongo algunas ideas, que si quieres, puedes convertirlas en propósitos:

— Rezar un Padrenuestro, un Avemaría o aunque sea una jaculatoria por las personas con las que te topes en el día.

Pedir ayuda a tu ángel de la guarda para que te dé un empujoncito y te muestre las oportunidades que tienes de hablar a alguna persona de Dios.

— Ofrecer algún pequeño sacrificio diario, por todas las personas con las que te relacionarás en tu trabajo.

— Prestar especial atención a tus compañeros de trabajo, para descubrir qué necesitan y cómo puedes darles una mano en esas necesidades.

¡Todas esta son maneras de hacer apostolado! ¿Qué otra idea sumarías a estas?

¿Cómo hacer apostolado sin importar a qué me dedico?