”biblia_cuadrado273”
”biblia_cuadrado273”

Como un joven en silla de ruedas llevado por su padre a todas partes: Con infinita confianza, pero con la certeza de que sin ese padre, simplemente, no podría llegar lejos. Así me he sentido desde que en algún momento de mi vida, Dios decidió poner en mi corazón estos sueños. 

Todo comenzó cuando tenía solo 14 años. Estudiaba por segundo año en el Club de Teatro de Lima y el profesor decidió que debía dirigir todos los trabajos que realizábamos. Así descubrí mi gusto por la dirección y el profundísimo lienzo que puede ser el encuentro con el otro, el actor, para juntos contar historias que individualmente no podrían ser contadas.

A mi gusto por contar historias, se suma mi experiencia naciente con Dios. Poco después de confirmarme, decido lo que quiero hacer con mi vida: contar historias que cuestionen lo más profundo del hombre y lo lleven al encuentro con Dios.

Al año siguiente, en 2008, terminé el colegio ya decidido a estudiar Comunicación Audiovisual para dedicarme al cine. Sin embargo, en ese lapso de tiempo ocurrió algo bastante fuerte que marca hasta hoy mi vida: Me diagnosticaron una enfermedad que no tenía — y aún no tiene — cura.

La vida me cambió para siempre

Fotografía de la producción «Conversación» tomada por Katty García

Pensé replantearme muchos proyectos personales, adquirí muchos miedos que antes no tenía y desde el día cero pensé que mis sueños en el ámbito de la cinematografía, no serían realizables en mi nueva condición. Sin embargo, Dios, por alguna razón, jamás me permitió abandonarlos. 

Adelanto rápidamente al 2011. Donde ya estoy más acostumbrado a sobrellevar mi condición médica y por detalles que está de más contar, me encontraba terminando Estudios Generales en Ciencias y haciendo mi transferencia para la facultad de Comunicaciones. En se contexto, tuvo lugar una entrevista que marcó mi vida y donde, de algún modo, comenzó formalmente esta aventura.

Delante de mí, el Secretario Académico y todos los coordinadores de las especialidades de Comunicaciones de la PUCP. Entre miradas muy serias me dicen «No se ha dado antes un caso como el tuyo: terminar Generales Ciencias e inmediatamente, pedir el paso a una facultad de letras».

Nunca había estado tan nervioso en mi vida y por lo que decían, parecía ser algo poco probable de darse. De repente, ya avanzada la entrevista, llega una pregunta que hasta ahora no sé bien cómo responder, pero que en esa ocasión respondí: «¿Por qué un alumno de décimo superior de ciencias quiere pasarse a letras?». Quise guardar silencio, pero no pude. De repente las palabras ganaban a mi pensamiento y empecé: «Porque Dios tiene un sueño…».

Empezó la construcción de un gran sueño

Imagen tomada por Katty García

Pasaron los años y finalmente, egresé como Audiovisual. Estaba decidido a fundar mi propia productora, pero llegado el momento, me vi limitado por mi salud. Por primera vez cuestionaba si podría realmente seguir adelante con este proyecto. Pasé casi dos años intentando postergar el inicio de la productora hasta que, finalmente, entre conversaciones con mis padres, con Fr Angelo y sobre todo con Dios, me decidí a fundar lo que hoy es «BienAventurados Films», pero que en su momento fue «Ruah Films».

Muchos cambios se han dado desde ese momento hasta el día de hoy. Los más llamativos en el factor humano. Casi como si fuera un acto coreografiado por Dios, cada persona con la que hablaba para comentarle del proyecto, me respondía algo como «Es lo que había querido hacer toda mi vida». Gente que ni me imaginaría que tendría un interés por el cine o por contar historias, terminaba diciéndome que, de algún modo u otro, estaba esperando el momento para que  su carrera se vincule a la producción cinematográfica.

Diría que ahí formalmente inicia un proceso de constante Calvario y Tabor; de Cruz y Pascua; de «Dios me lo dio, Dios me lo quitó». (Job 1, 21).

Comienzos y finales

Fotografía de la producción «Conversación» tomada por Katty García

Comenzamos la productora con un equipo de siete personas, de las cuales hoy quedo solo yo. En el transcurso del 2017 se fueron retirando una a una hasta que, quedando solo tres miembros en el equipo, decidimos «refundar» la productora. Ese nuevo inicio se realizó con cinco miembros, todos completamente comprometidos. Sin buscarlas, comenzaron a surgir posibilidades de desarrollo y espacios para empezar a producir cosas grandes. Sin embargo, antes de poder empezar el trabajo en serio, hubo un último cambio inesperado que fue el disparador final para comenzar el desarrollo de nuestro primer cortometraje: la productora se disolvió.

Poco antes de fundar legalmente la productora como empresa, hubo algunas diferencias entre los miembros, y, con mucho pesar, tuve que tomar la decisión de disolverla. De todo lo que con esfuerzo se había logrado, nos quedamos con nada. No éramos nada o mejor dicho, nadie. Los que habían sido parte del equipo por años, los que lo habían sido por meses, los que proyectaron estar en este servicio para siempre, no estaban.

Había que empezar de cero una vez más. Me enfrentaba al miedo de ser incapaz, de estar equivocado, de haberle entendido todo mal a Dios. Quería decirle «me rindo, ya no quiero seguir con esto». Él me había hecho pensar que no me quedaría solo y ocurría todo lo contrario. Sin embargo, antes de siquiera poder formular mis reclamos, vino, sin querer, la respuesta: «Comenzamos esto solos: Tú y yo. Ahora estamos solos de nuevo; así que está bien».

Ante ese Dios que me enfrentaba al profundísimo misterio de su compañía, enmascarada de una inmensa soledad, solo me quedo responder: «Está bien, pero Tú te encargas de todo».

Siendo el único formalmente en la productora, me junté con dos hermanas, una que estaba muy comprometida a nivel espiritual y otra que estaba algo indecisa. Así, empezamos a convocar gente ya no para el equipo, sino para una producción en particular: «Conversación» que ya acumula más de 11 mil reporducciones. Casi literalmente, fuimos a los cruces de los caminos a buscar personas.

Tuvimos 16 reuniones, con 16 personas completamente distintas, la mayoría no eran creyentes, más de uno tenía heridas fuertes con la Iglesia. Sin embargo, nos unía un sentir común: El temor muy humano de sentirse abandonado en medio de las dificultades. De eso trataba finalmente el cortometraje y gracias a Dios, todo el equipo encontró una conexión especial con este tema.

Compartir la fe con los que no creen

Fotografía de la producción «Conversación» tomada por Katty García

Fue una experiencia muy especial de encuentro con el otro, muy providencial. Compartir la fe con los que no creen, compartir la experiencia de la profunda necesidad de Dios, aun cuando no se crea en Él. Pocas cosas se comparan con eso. La mayor evangelización era la existencia misma de ese equipo formado luego de la cruz, luego de sentir que estos sueños morían.

La producción de «Conversación» tuvo sus altibajos, diría «como cualquier producción», pero no fue así. Personas que cayeron enfermas justo para las fechas de rodaje, gente que no conocía que apareció ofreciendo ayudas mucho mayores a las que me hubiera atrevido a pedir, amigos de años de los que tuve que alejarme para siempre, donaciones que aparecían de la nada en mi cuenta cuando más las necesitaba. Tener que dejar la casa de mis padres, sobrevivir con casi nada de dinero por dos semanas, la muerte de una persona muy querida, un ataque de agresión callejera justo el día que se lanzaría el afiche oficial, sucedieron las cosas más inimaginables.

Para mi propia sorpresa, estaba tranquilo. Descubrí una certeza que hasta hoy me acompaña: «Siempre que hay Cruz, está Jesús». 

Por eso, ahora, aunque me da miedo, pido la Cruz, porque anhelo estar clavado junto a Él, si esa es la manera para estar más cerca suyo, prefiero estar clavado en un madero a vivir una vida «tranquila». Prefiero ser el ladrón malo, clavado a su costado, antes que ser simplemente «bueno» y no conocer lo que es cargar una cruz.

«Conversación» puede encontrarse en el canal de Youtube de BienAventurados Films y esta en la competencia final de «Mirabile Dictu», el Festival de Cine Católico que se realiza en el Vaticano.

Esa historia tiene mucho de mí, tiene mucho del proceso vivido, tiene mucho de las personas que formaron parte del equipo y, espero, que tenga mucho de ti, que lees esto.

Artículo elaborado por Cristian García 


”biblia_cuadrado273”