
Jesús nos propone en el Evangelio ser luz para el mundo, llevar su Palabra con el fin de que otros puedan conocerlo y seguir sus enseñanzas. En quienes hemos tenido la fortuna de acercarnos a Él y experimentarlo en nuestra vida, se despierta la urgencia de ser testimonio de fe. De compartir con otros lo que ha hecho y significa.
Pero debemos tener cuidado de que, en este intento, no terminemos creyendo que somos los únicos que sabemos cómo llegar a Él. Esto nos puede conducir a posturas inflexibles que generen el efecto contrario.
¡No te preocupes!, te comparto algunas recomendaciones para no caer en la tentación de la autorreferencia.
1. Dios se revela de manera particular en nuestra vida

Los caminos que Dios emplea para llegar a nuestra historia son infinitos. Así que debes tener presente que la manera en la que conociste a Dios es tuya y no será necesariamente la misma para los demás.
¡Dios está al tanto de nuestra realidad como nadie! Así que la invitación que podrías hacer a quienes compartes tu testimonio de fe es la de estar abiertos y atentos al llamado del Señor. No sabemos el cómo ni el cuándo, pero siempre podemos pedirle a Él que nuestro corazón esté dispuesto a recibirlo.
Justamente esa es una de las riquezas que tenemos como Iglesia. Que cada experiencia con el Señor es única, pero todos podemos compartir esa sensación de que Él es el que verdaderamente puede colmar nuestros anhelos y darle sentido a nuestra vida.
2. Eres testigo más que maestro

Aunque a veces sentimos que tenemos la receta perfecta para lograr una comunión real con Dios, hay que recordar que el auténtico maestro es Jesús. Él es quien nos conduce al Padre y es su gracia la que nos transforma en seres nuevos.
Tu conversión es muestra del poder de Dios en tu vida; por ende, estás llamado a dar testimonio de eso que Dios ha hecho en ti y que, con tus propias fuerzas y voluntad, hubiese sido imposible.
La invitación, entonces, es a que tu manera de ser y actuar reflejen a Dios, que cuando alguien te escuche hablar perciba su gracia; y para ello la humildad es fundamental.
3. No necesitas mostrarte perfecto ante los demás

La fragilidad también hace parte de tu testimonio y no tienes por qué ocultarla. Mientras estemos en este mundo siempre tendremos opción de mejora, porque no somos productos terminados.
Mostrarte vulnerable y saber que aún hay heridas por sanar es una forma en la que se evidencia que Dios sigue actuando, porque cada vez tienes más conciencia de lo que hay que trabajar en ti para compaginar con la imagen divina.
Algunas veces la gente cree que quienes tratamos de estar cerca de Dios somos perfectos o que para hablar de Él hay que serlo; y no, se trata más bien de reconocer en Dios nuestra razón de existir y querer llevarlo a donde vamos, sabiendo que también tenemos sombras que son iluminadas por Él.
4. Suelta el control

No busques que el estándar de santidad para el otro sea el tuyo. Es decir, despréndete de esa falsa sensación que te puede dar sentir que haces las cosas como deberían ser para intentar controlar lo que el otro hace, porque tú «sí sabes cómo es».
La soberbia espiritual es peligrosa porque nos brinda una seguridad fantasiosa desde la cual intentamos ser Dios en la vida de los otros.
Solo Él conoce el plan que tiene para cada uno de nosotros. Es el único capaz de ver el panorama completo, de modo que tu testimonio será simplemente una forma más en la que Dios se acerca a la vida del otro para mostrarle su misericordia y su amor.
5. No viniste a ser servido, sino a servir

El sentir que Dios hace presencia en tu vida, que te miró con bondad a pesar de tus errores y de tus heridas, debe ser tu polo a tierra para que tus pies no se despeguen del piso y camines entre la gente como uno más.
Justamente es tu conversión la que te pone al servicio de los demás. En esto debemos recordar la actitud de Jesús, quien supo acercarse con sencillez, nunca pidió trato preferencial y siempre estuvo dispuesto a estar «con», sin importar la condición. Tú eres uno de los muchos instrumentos que Dios utiliza para llamar obreros a la mies, así que busca siempre extender tu mano para hacer el viaje juntos.
Como se menciona en un estudio del Evangelio de san Lucas, Jesús hablaba de enviar a sus discípulos de «dos en dos», porque uno solo puede correr el riesgo de perder la referencia de a quién sirve.
6. Dios no se agota bajo tu perspectiva

Tener una experiencia cercana con Dios no te hace poseedor de la verdad. Porque Él es la Verdad y ninguno de nosotros es capaz de contener lo que es Dios.
En una reflexión histórica sobre san Tomás de Aquino, se relata que tras estudiar a Dios por años, el santo se dio cuenta de que la inteligencia humana no alcanzaba a comprender la inmensidad divina.
Así que adoptar la actitud de creer saberlo todo te puede hacer perder la curiosidad por descubrir más de Él, no solo a través de los libros, sino de lo que te enseña el mundo y de quienes te rodean. Tu testimonio de fe es como un letrero en el camino que alerta a los demás de que por ahí se encuentra a Cristo, quien es el camino que conduce al Padre.
7. Llamado a dar testimonio de fe más con tus acciones que con palabras

Todos conocemos la famosa frase «un gran poder conlleva una gran responsabilidad» y nosotros no somos la excepción. Sentir a Dios actuando en nuestras vidas debe manifestarse no solo en las palabras, sino especialmente en los hechos. En cómo actuamos, reaccionamos o evaluamos alguna situación.
¡Así que «ponte las pilas»! Trabaja en ti todo lo que puedas para que crezcas en lo espiritual, pero también en lo emocional, en lo físico y en lo intelectual. No hay mejor manera de motivar en otros el cambio que mediante el ejemplo.
Siéntete agradecido por todo lo que has vivido, porque eso te permitió conocer a Dios. Cada vez que compartas tu testimonio de fe, pídele al Espíritu Santo que ponga las palabras correctas para despertar en otros el hambre de Dios.
Te comparto esta oración del cardenal Newman, que nos recuerda que no hablamos de nosotros, sino que es Él el que habla a través nuestro.
Oración por la fragancia de Dios
Amado Señor, ayúdame a esparcir tu fragancia donde quiera que vaya. Inunda mi alma de espíritu y vida. Penetra y posee todo mi ser hasta tal punto que toda mi vida solo sea una emanación de la tuya.
Brilla a través de mí y mora en mí de tal manera que todas las almas que entren en contacto conmigo puedan sentir tu presencia en mi alma. Haz que me miren y ya no me vean a mí, sino solamente a Ti, oh, Señor.
Quédate conmigo y entonces comenzaré a brillar como brillas Tú; a brillar para servir de luz a los demás a través de mí. La luz, oh, Señor, irradiará toda de Ti, no de mí; serás Tú quien ilumine a los demás a través de mí.
Permíteme, pues, alabarte de la manera que más te gusta, brillando para quienes me rodean.
Haz que predique sin predicar, no con palabras sino con mi ejemplo, por la fuerza contagiosa, por la influencia de lo que hago, por la evidente plenitud del amor que te tiene mi corazón.
Amén.
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Buenas recetas Gracias
excelente tema como me hace reflexionar que el que tiene que brillar es El y no yo, 🙏🙏🙏🙏🙏
holaaa, laboro de docente con jóvenes de 13 a 15 años, y trato de hablarles de Dios de su grandeza, pero hacen caso omiso, le pido al Señor Jesús que pueda entrar en esos corazones. gracias por el artículo, Somos testigos
Puedes intentar primero en conectar con ellos a partir de la espiritualidad, de la importancia del sentido de vida, de ser trascendentes. A veces ellos no quieren oír nada de religión, pero mostrarles que sin espiritualidad estamos cojos y ahí siembras la inquietud. También que ellos descubran en ti a Jesús en tu forma de acercarte, de escucharlos, de explicarles, de no juzgarlos. Tú invitas y Jesús dispone.
Gracias, gracias gracias. Amén 🙏
inyetesante exposicion me interesa tener contacto contigo.
Hermosa explicacion, considero que lo dicho en cada punto sería idóneo agregar la base bíblica que lo sustente.
Hermoso artículo! 💚 Gracias por compartir!