Teología del Cuerpo

Hace tiempo, en el canal de Theology of the Body Institute dirigido por Christopher West, se publicó un video sobre una pregunta que Christopher le ha hecho a miles de mujeres en sus diferentes conferencias alrededor del mundo. Te invito a que veas el video completo y me acompañes con unas puntualizaciones que quiero compartirte para profundizar más sobre un importante aspecto de la Teología del Cuerpo.

Una pregunta que nos llevará a adentrarnos en la Teología del Cuerpo

El video arranca con Christopher contándonos la pregunta que le ha hecho a las mujeres en sus conferencias. La pregunta: «¿qué mujer quiere estar en una relación con un hombre que no puede decir «no» a sus impulsos sexuales?».

A tal pregunta, dice Christopher, no ha tenido la primera mujer que alce la mano.

Esta misma pregunta, como bien señala West, no podría hacérsele a un hombre. Como bien sabemos, es mucho más probable que un hombre responda de forma afirmativa. La nueva pregunta que surge aquí es: ¿por qué las mujeres no alzan su mano, mientras que una gran proporción de hombres sí lo harían? ¡Vamos a verlo!

Un reconocimiento muy profundo

Christopher reconoce que la razón por la que las mujeres no quieren estar con un hombre que no puede controlarse con respecto a sus impulsos y deseos sexuales es que ellas, lo sepan o no, intuyen en su corazón que lo que está en juego es algo mucho más profundo e importante.

Lo que se juega aquí, no es solo el problema de ofender a Dios, que ya es suficientemente grave. Más allá de esto, se juega el hecho de convertirse o no en un objeto. En esta respuesta de las mujeres, se está manifestando una realidad poco mencionada en el mundo mediático sobre la verdad del ser humano (varón y mujer): jamás puede ser considerado como un medio, sino siempre como un fin en sí mismo.

El amor, dirá san Juan Pablo II en Amor y Responsabilidad, es la actitud realmente apropiada para esta realidad. En ese orden de ideas, las mujeres, al negarse a tener una relación sentimental con hombres que no pueden decirse no a sí mismos, están reconociendo que, como señala Christopher, lo que sea que quiere un hombre así… eso no puede llamarse amor. ¿Por qué no?

¿Libertad o adicción?

En nuestro tiempo, y desde hace unos sesenta años, más o menos, se nos ha bombardeado con la idea de que la verdadera libertad implica poder hacer lo que queramos, cuando queramos, sin jamás tener que responder por consecuencias. Si recordamos la definición, esto es lo que implica la palabra irresponsabilidad.

Esta idea de libertad, para los curiosos intelectuales, viene potenciada por dos filósofos cruciales para nuestro tiempo: Federico Nietzsche y Jean Paul Sartre. Nietzsche convencerá al mundo de que alcanzaremos lo que anhelamos mediante lo que él denominará la «voluntad de poder». Es decir, ejercer nuestra voluntad siempre que queramos.

Se vuelve, entonces, una «guerra» de voluntades tratando de forzar a los demás a que se acomoden a ellas. Sartre, por su lado, dará el empujón más fuerte en esta dirección con su idea existencialista. Su propuesta fundamental, como lo atestiguan varios autores filosóficos, es que la existencia supera a la esencia.

¿Qué quiere decir esto?

La esencia, para Sartre, era todo lo que imponía reglas: un gobierno local, una cultura específica y, más importante aún, una religión.

La existencia, por su lado, era nuestra experiencia individual y nuestro sentir propio. Sartre creía que esta existencia siempre se imponía por encima de la esencia y que, de hecho, así debía ser. En ese sentido, entonces, lo que yo sienta de mí mismo como real, supera cualquier estructura que quiera imponerme algo diferente. ¿Te suena parecido? Es la filosofía propia de lo que hoy llamamos wokeismo o ideología de género.

Estas dos ideas redundan en una conceptualización de la libertad totalmente errada. Me explico usando el mismo ejemplo que usa West en el video: si, creyendo que decirles sí a todos tus impulsos, es que eres verdaderamente libre, piensa: ¿eres tú el que manda o tus impulsos? Es verdad que tú le dices sí a tus impulsos, pero, en últimas, es él el que te dice que hacer y tú, como esclavo, le haces caso.

¡Teología del Cuerpo al rescate!

Las catequesis del papa san Juan Pablo II nos pueden ayudar mucho más a entender por qué esto es el opuesto al amor verdadero y te ofrezco una reflexión propia sobre lo siguiente en dichas catequesis: Por las Sagradas Escrituras, gracias a San Pablo, sabemos que Dios es amor.

Así titulará, precisamente, el papa Benedicto XVI a una de sus Encíclicas: Deus Caritas Est (Dios es amor). Ahora, el papa san Juan Pablo II se detendrá a analizar, en las páginas del segundo relato de la creación del libro del Génesis, el árbol de la ciencia del bien y del mal.

Por mi lado, antes de este árbol, quisiera que pusiéramos nuestra atención sobre el otro árbol: el árbol de la vida. El árbol de la vida nos señalará el Magisterio de la Iglesia y, junto con él, el papa san Juan Pablo II, es Cristo: Él es Aquel del que emana toda vida.

Su Carne es verdadero alimento y su Sangre es verdadera bebida, dice el mismo Jesús en el Evangelio de san Juan. Entonces, Cristo, árbol de la vida, está presente en ese jardín en Edén del que nos habla el segundo relato de la creación.

Es más: ese árbol de la vida no está en cualquier lugar del jardín, sino que se encuentra en el centro, el lugar más importante del jardín. Según lo anterior, si Dios es amor y Cristo, árbol de la vida, es Dios, entonces este árbol de la vida es, precisamente, el amor, centro de todo en la vida. Ahora, recordemos que este árbol no está solo, sino que lo acompaña el árbol que san Juan Pablo II va a analizar: el árbol de la ciencia del bien y del mal.

Aunque este árbol tiene muchos significados, nos conviene el siguiente: El árbol de la ciencia del bien y del mal es símbolo de verdad y de libertad. ¿Qué es la verdad sino la distinción de la mentira? ¿No es la mentira un «mal»?

Asimismo, ¿qué es la libertad sino la elección libre del bien y la evitación del «mal»? El mal está alimentado por los impulsos que nos esclavizan.

Encuentro con el Bien

El bien, en cambio, exige decirle no al mal, a nuestros impulsos, constituyéndonos en verdaderos dueños de nuestra vida. Este árbol reside al lado del árbol de la vida. Por ello podemos concluir, gracias a estos análisis del papa, que estas son las condiciones propias del amor, que no es un concepto, sino que es una Persona. Es la persona de Dios.

Solo el amor, fundado en la verdad y la libertad, puede dirigirnos de forma adecuada hacia el fin propio que es la persona con la que nos relacionamos. Las mujeres, lo sepan o no, intuyen esto.

En algunos casos, que me constan, también los hombres reconocen esta profunda verdad sobre ellos mismos y las mujeres. Sin embargo, al hombre le cuesta más trabajo reconocer esta realidad, por la forma como la concupiscencia funciona en él.

Aunque eso sea tema para otro momento que, si de golpe quisieras verlo más desarrollado, te invito a que lo dejes en los comentarios de este artículo.

Esta es la función precisa de la castidad. Busca garantizar que el amor sea transparente, que la otra persona sea siempre un fin en sí mismo. En otras palabras, la castidad es la virtud que garantiza el amor.

La castidad, como toda virtud, se alimenta de estos dos árboles: de Dios, como fuente de gracia santificante, y de la verdad y la libertad.

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