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La locura de ser padres no es una locura, ¿o sí? La llegada de un hijo siempre te toma por sorpresa, aunque te hayas «preparado». Los hijos llegan cada uno de una manera única e irrepetible. No hay dos iguales y esto implica que por mucho que sepamos del desarrollo humano, siempre lo individual, lo personal, sale a relucir. Eso que hará nuestra relación de padres e hijos, única con cada uno de nuestros pequeños. 

Si observamos este video fríamente puede que nos dé algo de…terror. Qué difícil ya había sido el pasar de ser uno, para empezar a convivir en pareja (siendo una sola carne), como para que de pronto llegue un tercero y casi de la nada, seamos una familia. Cuando miro en retrospectiva mi vida no entiendo en qué momento pasó todo, no solo hemos sobrevivido sino que el viaje ha sido maravilloso.


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Esfuerzo cargado de amor

Pareciera que el soltar las comodidades y los tiempos propios, fuera algo natural y sencillo de hacer. No quiero mentir, mientras más estés acostumbrado a «tus tiempos», más difícil se hace. Requiere un poco más de esfuerzo salir de uno mismo, al vivir «solo» y bajo tu propia ley, mirar al otro resulta complicado, pero no imposible.

Cuando el verdadero amor está de por medio el corazón se ensancha y permite mirar con mayor claridad. Y disfrutar de ese dolor agridulce que produce el esfuerzo de amar a otro. Porque el amor necesita de trabajo, el amor cuesta un poco, el amor «todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (Cor 1-13).

Cuando llegan los hijos la vida definitivamente será otra, eso es absolutamente cierto (te recomiendo el curso «Formar a nuestros hijos en la fe»). Será caóticamente hermosa, como dicen por ahí, tu casa será la casa de muchos, en tu coche cabrá una ciudad entera cuando viajen, la vida se llenará de colores. Pero te encontrarás profundamente desplegado y lleno de fortaleza.

Fortaleza que me atrevo a decir viene del mismo amor, de la gracia de Dios que se derrama en el sacramento del matrimonio, que une a los esposos y los hace colaboradores eficaces de su creación. El amor no se divide, ni se hace menos, el amor con cada hijo se multiplica.

hijos, «Estás loco si piensas tener hijos». Y la verdad es que sí enloquecerás, pero de amor