”teologia_del_cuerpo”
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Muchos tenemos el hábito de rezar el Rosario como una forma de apoyarnos en María y recibir por medio de Ella increíbles gracias. Desde virtudes como la paciencia y la templanza, hasta sanación para alguna enfermedad o la liberación de una situación violenta.

Yo empecé a rezar el Rosario cuando me sentía terriblemente encerrada en una crisis que no parecía acabarse. Entre cambios de ciudad, de universidad, de amigos, en la familia, en mí y mis expectativas… todo comenzó a darme vueltas por la cabeza. Hasta que, agotada y sin salida decidí recurrir a lo que siempre escuchaba a mi mamá decirme: «Reza el Rosario».

Mientras lo haces no se ven luces cayendo del cielo, ni de pronto se abren las calles para que pases sin problema mientras manejas. Pero rezar el Rosario sí te regala luces a nivel mental y espiritual, abre las murallas que tenías en el corazón.

El Rosario hace el primer milagro en lo más profundo de ti y empieza a abrirte caminos por los que empiezas a encontrar más paz, claridad, amor y finalmente: al amor de los amores, a Jesús.

Pero ¿No te pasa que alguna vez tuviste una fuerte conexión con María y Jesús por medio del Rosario pero ahora no te ayuda?, ¿Empiezar a rezarlo y de inmediato se te vienen otras cosas a la mente?, ¿sientes que repites y repites y no te concentras? O en el peor de los casos ¿no te ha servido el Rosario de arrullo para quedarte dormido? (a todos nos ha pasado alguna vez).

Muchas veces sabemos que tenemos que orar, pero en lugar de hacer oración, de dialogar corazón a corazón, mirada con mirada con Jesús, María o Dios Padre, simplemente evadimos esto importante y repetimos sin más.

El Rosario de la confianza

Hace poco sentí eso, que estaba rezando el Rosario por evadir tener un diálogo transparente con María. Y entonces tomé el consejo de este video que hace pocos días me había encontrado en «Ascension Presents» llamado: «El Rosario de la confianza».

Este método para rezar el Rosario propone que por cada cuenta le cuentes a María una preocupación diferente. No hay angustias tontas ni menos importantes, compártele todas las que tengas.

¿Qué te preocupa? Y se lo entregas a María en cada cuenta: «Te entrego mi miedo a fracasar en este nuevo proyecto, a llegar tarde, a que me corran del trabajo. A reprobar esta materia, a que mi pareja me vea como tonto, mi miedo a ser irresponsable toda la vida».

«Te entrego la angustia de que mis padres se puedan lastimar en su divorcio. Mi miedo a que no me alcance el dinero para pagar mi teléfono. A no ser santo, a que nadie se quiera casar conmigo. Mi angustia de que haya prostitución en mi país, mi miedo a que: _____ ».

*Puedes activar los subtítulo en español en la parte inferior derecha

¡Ponle nombre a lo que llevas en el corazón!

Cuando no lo hacemos lo encerramos, no lo sacamos a la luz y se pudre… como la comida que guardamos y se empieza a dañar. Poner nombre a lo que sentimos dentro nos permite entender las cosas mejor y llevarlo al Padre en la oración.

No somos menos importantes que nadie para nuestra Madre. Todo lo que vivimos es para Ella importantísimo y digno de su abrazo, su intercesión y su lucha junto con nosotros. A veces creemos que tenemos que contar cosas muy elaboradas en nuestro diálogo, pero qué mejor que ser uno mismo y poderle decir hasta lo que da pena confesar, esos miedos e inseguridades que nos atormentan por dentro.

Más cerca de María y Jesús

Este modo de rezar el Rosario recupera también otra oración maravillosa que es «El examen diario de conciencia»: el modo de San Ignacio de Loyola que nos sugiere que al final de una jornada revisemos lo que nos pasó, qué sentimos, qué pensamos, y cómo nos dejó ese conjunto de acciones al final del día.

Este examen es como sacar de una maleta que cargamos diario lo que lleva dentro. A veces ni siquiera nosotros sabíamos qué cargábamos. Cada cosa vamos viéndola en compañía de Dios o María y empezamos a dejárselas en sus manos. La oración es para entrar en diálogo y qué mejor que dejando lo que nos angustia, preocupa, inquieta o avergüenza a través del rezo del Santo Rosario.

Aprendamos a dejarnos amar y cuidar por Dios y María. Si estás interesado en descubrir nuevas formas de oración o de aprender a hacerlo para sentirte más cerca de Dios, te recomiendo el curso «Crecer en la vida de oración».