En mi última entrevista de trabajo me sorprendieron algunas cosas que mi futuro jefe me compartió. Primero se presentó: «Me llamo Abel, soy el esposo de Beatriz y el padre de Carla y Daniel». ¡Uauuu! No habló de su extensa experiencia o de su completo curriculum, sino que se definió como padre y esposo primero.

Al comentar los horarios de mi puesto, indicó: «No me importa qué horarios hagas, lo importante es que las cosas salgan». ¡Uy!, esa era un arma de doble filo. ¿Qué pasa si el volumen de trabajo no es realista con las horas que uno tiene disponibles para realizarla?

Me aceptaron y acepté el puesto. Pero estaba a la expectativa de ver cómo se iría concretando todo, después de recibir mensajes que me parecían contradictorios. Y tratando de hacerme con mi puesto y con mi jefe, encontré este vídeo.

«Switching off», el clip de Mailchimp forma parte de una serie animada sobre los altibajos, «All in a day». Y, a veces, las verdades dolorosas de la vida como empresario o propietario de una pequeña empresa. Échale un ojo, y comentamos, ¿te parece?

Preguntas que nos hacemos después de ver «Switching off»

En «Switching off» podemos ver el menudo enojo de ese hijo que, seguramente, esperaría durante toda la semana la llegada del domingo, cuando su mamá está libre y enteramente disponible para él.

Seamos empresarios o empleados, el trabajo (nuestras ocupaciones y responsabilidades) nos absorben. Por eso es importante que te preguntes regularmente: ¿qué es lo más importante para ti? Y cuando tengas la respuesta, «haz que lo más importante sea lo más importante». Parece obvio, pero está claro que no siempre es fácil.

No existe una receta para cada caso. Pero «lo más importante» debe tener su lugar en tu vida, un lugar específico, un tiempo y espacio concretos. Lo que de verdad es importante para ti te carga las pilas, te motiva, te anima, te llena de energía para acometer aquellas otras cosas menos importantes pero necesarias.

Actualmente, vivimos una media de 30.000 días. Un tercio de esos días los pasamos durmiendo. ¿Qué harás con el resto de ese tiempo? ¿A qué o a quién lo dedicarás? ¿A qué no quieres dedicarlo?

¿Cuáles son tus prioridades?

Seguramente, lo más importante para mi jefe sea su familia. Lo he ido constatando, y yo también le he hecho saber qué es lo más importante para mí. No siempre lo conseguimos, pero en esa declaración de intenciones hay un compromiso mutuo para respetar los tiempos y los esfuerzos.

También el trabajo y nuestro desarrollo personal es importante para nosotros, y disfrutamos acometiendo nuevos retos profesionales.

Sé que no siempre es fácil, por eso es importante ir midiendo qué estamos perdiendo cuando respondemos una llamada inoportuna, cuando revisamos nuestras redes sociales durante una charla con un amigo o cuando pasamos horas frente a las pantallas respondiendo emails. Eso que perdemos, no vuelve.

¿Cuáles son las prioridades de Dios?

¿Te imaginas a Jesús atendiendo un mensajito de WhatsApp mientras Pedro le pregunta cuántas veces debemos perdonar al que nos ofende? ¿Concibes a Jesús consultando su apretada agenda cuando Zaqueo le invita a visitar su casa? ¿Y si Jesús hubiera estado reunido mientras su madre le pedía ayuda para resolver la cuestión del vino en Caná?

No te lo imaginas. Porque sabes que Jesús hace que lo más importante sea lo más importante. Y lo más importante para Él, eres tú.

El vídeo que les he compartido ayuda a ponerse en la situación del ninguneado. Del que se siente en segundo plano. Este ejercicio ayuda a nuestros jóvenes a poner los cinco sentidos en aquello que ahora mismo nos regala la vida.

Los evangelios nos hablan también de esto, de un Maestro que aprendió el oficio de su padre, que atendió y amó a su madre, que se preocupó por sus amigos, que socorrió al vulnerable… y todo ello con plena atención, sin distracciones, haciendo que en cada momento lo más importante fuera lo más importante.

¿Y cuánta prioridad tiene Dios para ti?

Para acabar esta reflexión a partir de «Switching off», les comparto un último recuerdo de infancia. En la escuela, una tarde, nuestra profesora nos pidió que escribiéramos los nombres de aquellos que eran importantes para nosotros. Y rápidamente rellené mi cuaderno: mi papá, mi mamá, mi hermana, mis amigos, mi profesora, etc.

Me acerqué a su mesa, fui la primera en acabar aquella lista. Ella repasó lo que había escrito y me dijo «Creo que te dejaste a alguien». Volví a mi pupitre sorprendida, apunté algún nombre más. Le enseñé de nuevo mi escrito. Después de un par de viajes, me rendí. Ella me susurró: «¿Y Dios? ¿No es suficientemente importante para ti? ¡No lo pusiste!». ¡Ups! ¡Me lo dejé… y me sentí muy culpable!

Demasiadas veces Dios tiene ocasión de sentirse como el niño del vídeo al ver que ni el domingo le reservan, que se olvidan de Él. Por eso, Señor, ilumínanos para ver con claridad qué es lo más importante en nuestras vidas.

Ayúdanos a dedicarle espacio y tiempo poniendo en el centro nuestra fe, tal y como Tú lo dejas todo y corres a por nosotros en cuánto te buscamos.