A lo largo de la historia es muy común ver cómo santos, personajes y artistas famosos han muerto jóvenes, pero a cambio han dejado una gran huella en la sociedad que perdura hasta el día de hoy.

No necesitaron de una larga vida o pensar que quizás vivirían hasta los 90 o 100 años, para poder aprovechar el momento presente y dejar un legado. Entre ellos podemos encontrar a santo Domingo Savio (14 años), al próximamente beato Carlo Acutis (15 años), al poeta John Keats (25 años), al compositor Mozart (35 años), al pintor Van Gogh (37 años), por citar a algunos de ellos.

El siguiente video de School of life «Por qué no deberíamos preocuparnos por morir jóvenes» nos invita a reflexionar sobre qué estamos haciendo con nuestras vidas y con el tiempo que tenemos. 

¿Sabemos aprovechar nuestros días en hacer cosas buenas?, ¿importa más la cantidad de días que vivamos que la calidad?, ¿pensamos en dejar una huella y poner nuestros dones al servicio de los demás?

¿Sabemos perdonar y ponernos en el lugar del otro?, ¿vamos por buen camino? Y más importante aún, ¿estaríamos listos para morir si Dios nos llamara hoy?

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Morir jóvenes no debería preocuparnos si hacemos las cosas bien

Una persona de 20 años puede haber hecho más que una de 70, por el simple hecho de haber vivido sus días a plenitud con un sentido de vida, con amor, alegría, compasión, entrega, servicio y compromiso con los demás.

No se trata de medir el tiempo por las horas que tiene sino por la calidad y profundidad con la que vivimos y sabemos aprovechar cada momento.

Hace poco escuché sobre un concepto llamado «savoring» que significa el arte de saber «saborear» el momento presente, hacerse a un lado y contemplar la experiencia para apreciarla mientras está sucediendo y así guardarla en el corazón.

Y es que muchas veces vivimos a toda prisa sin detenernos a mirar lo que está pasando a nuestro alrededor. Sin admirar las cosas simples de la vida como los rayos de sol que entran por la ventana, las estrellas, una flor, un atardecer, disfrutar de la compañía o la conversación con un amigo y tantas cosas valiosas que la vida nos regala y quizás pasan desapercibidas por estar concentrados en el «hacer» y no en el «ser».

Ahora, quiero compartirles algunas citas bíblicas que me gustan mucho y vinieron a mi mente luego de ver este video:

«¿De qué me sirve ganar el mundo entero si al hacerlo pierdo mi alma?» (Mateo 16:26)

A veces, me da la impresión que medimos el valor de nuestras vidas por la cantidad de logros personales que tenemos, incluso comparándonos con los demás.

Pensamos que somos más (o menos) que los otros en la medida que tenemos más riquezas, títulos, un mayor sueldo, una casa, un gran puesto de trabajo, un auto de lujo etc. Nos sentimos más o menos importantes por lo que tenemos y no por lo que somos, nuestra vida termina valiendo más mientras más se consiga.

Pareciera que viviéramos sin ser lo suficientemente conscientes de que nuestra vida terrenal es limitada y que algún día, como todos, moriremos. «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será? Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios» (Lucas 12:20).

En ese sentido, es importante darnos un tiempo para poder cultivar también nuestra alma, nuestra vida interior. Querer superarse y sobresalir y tener riquezas no tiene nada de malo, pero debe ocupar el lugar correcto. Hay que recordar que Dios ve nuestros corazones y no las cosas materiales.  

«Porque donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón» (Mateo 6:21)

No tenemos que ser grandes genios, inventores, artistas o gerentes generales para poder dejar una huella en el mundo. Lo que realmente importa es dónde está puesto nuestro tesoro, cuál es nuestro sentido de vida y si realmente nos estamos preocupando por vivir profundamente en lugar de largamente.

En la medida que ese tesoro esté puesto en cosas importantes e intangibles como el amor, la oración, la confianza en Dios, la bondad, el perdón, la compasión, el servicio, la entrega, el sacrificio, el compartir nuestros dones y talentos con los demás… creo que viviremos con mayor plenitud nuestras vidas y llenaremos nuestros pulmones con la belleza de la existencia.  

«Así que estén siempre vigilantes, porque no saben ni el día ni la hora» (Mateo 25:13)

Nadie de nosotros sabe cuándo vamos a morir. Puede que Dios nos llame hoy, mañana o en unos años… Puede que tengamos una muerte prematura o una larga vida.

Ninguno de nosotros podemos controlar cuánto vamos a vivir, pero sí podemos controlar de «qué color» será nuestra vida, cuán profundamente viviremos y qué tanto sabemos aprovechar los años.

Estemos siempre listos y vigilantes viviendo a plenitud cada uno de nuestros días para poder construir el cielo en la tierra desde quiénes somos y lo que tenemos para aportar en la sociedad.