«Soy Fuego», es última producción de Siervos HM Films que nos trae un testimonio realmente potente. En este documental, los hermanos del Hogar de la Madre hacen un recorrido por la vida del Padre Henry Kowalczyk, un sacerdote enamorado profundamente de Dios que partió a la casa del padre hace a penas unos meses.

La generosidad de estos hermanos, empujados por la importancia de conocer este testimonio nos permiten compartir con ustedes el documental completo que se los dejamos aquí:

La santidad es posible

El Padre Henry fue un hombre que le abrió de par en par su corazón a Dios y Dios con él hizo cosas extraordinarias. Si bien no está en los altares, tenemos una gran certeza de que hoy seguro se encuentra al lado de su gran amor, intercediendo por todos nosotros.

Después de conocer su historia a través de sus propias obras y de los testimonios de quien lo conocieron, me embarga una alegría y una ilusión: ¡Ser santo es posible!

Ser santo significa amar hasta el extremo con todo lo que uno es, no tratando de ser alguien más o tratando de ser perfecto. La santidad es algo que se logra desde reconocer quién es uno y entregarse por completo a las manos de Dios, por amor y en plena libertad.

Un hombre como tantos

El Padre Henry, fue un hombre como tantos. Creció en un hogar católico y de adolescente y joven se alejó de Dios, como muchos jóvenes se alejan. Su historia nos recuerda que Dios siempre llama insistentemente, a todos y de maneras muy personales.

Similar a San Agustín, tuvo una madre de insistente oración. La madre, la Madre, ¡qué importante es la vida espiritual de la madre para sus hijos!

A veces las mamás nos desesperamos viendo a nuestros hijos alejados de Dios, por caminos que nos agobian. Si supiéramos que esas luchas hay que pelearlas de rodillas y con el corazón expuesto en el altar.

El padre Henry tenía una sólida formación católica como base. Todas las enseñanzas que recibió en su infancia y que en algún momento parecían desaparecer, dieron fruto en su edad adulta con una respuesta libre que, con la gracia de Dios, supo abrazar hasta su último suspiro.

La hermosura de una vida que apunta al cielo

Me pregunto qué significará esta historia en la vida de un sacerdote. Yo desde mi mirada de madre me quedo conmovida.

Solo puedo imaginar lo que un testimonio sacerdotal como el del Padre Henry puede significar en tantos jóvenes llamados al sacerdocio y en tantos sacerdotes que hoy luchan por amor a Cristo y que a veces las fuerza les fallan.

El llamado vocacional, cuando se responde con total generosidad, sabiendo que el cielo llama, trae la felicidad misma incluso y a pesar del dolor, de la enfermedad y de las miserias de este mundo. La vocación es un camino de felicidad.

El cielo llama

Alguna vez he soñado con el cielo. Lo he imaginado y por un breve instante he creído percibir lo que el cielo es. Un amor inmenso inunda mi alma, pero rápidamente esa sensación se desvanece.

Aun así, breve, el impacto de esa sensación perdura. Quiero creer, porque aún mi fe es tan pequeña, que ese impacto que perdura son esos pequeños detalles de Dios que me habla, que nos habla recordándonos sus promesas. Un Dios que conoce nuestra fragilidad y nos da muestras concretas de su existencia para que no abandonemos el camino.

Las historia del Padre Henry, está llena de esos detalles. No solo es una historia motivo de inspiración, es testimonio que fortalece, que renueva las fuerzas y que apunta en la dirección del camino que hay que seguir para encontrarse con Dios para siempre.

«Qué poca fe tenemos. Qué fácilmente olvidamos que Dios está absolutamente enamorado de cada uno de nosotros.» (Padre Henry Kowalczyk)

soy fuego