Hace un par de días me topé con este artículo de nuestra querida Marigina Bruno, ella acaba de lanzar un proyecto personal llamado Hechas para más, en él comparte reflexiones sobre el ser mujer en el contexto actual. Se los recomiendo.

«No estás sola. Estás soltera» es un artículo que desde el título ya nos encanta. Muchas de nosotras, sobre todo hoy en día, podemos sentirnos identificadas.


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Me tomo la libertad, con el permiso de la autora de compartirles el texto y también de hacer esta breve introducción desde la voz de la experiencia. Me casé muy entrados los 30 y mucho de lo que dice Marigina me hubiera gustado escuchar cuando estaba a mediados de mis 20 años y enfrentaba esas preguntas incómodas que muchas mujeres empezamos a experimentar a esa edad y que a medida que pasan los años crecen en número exponencialmente.

Luego de haber pasado por los años me atrevo intuir que la vocación principal del ser humano tiene que ver con «consagrarse a Dios esponsalmente»  y esto lo aprendemos de ambas vocaciones. El tener vocación matrimonial y no haberse casado, incluso el no casarse nunca, no significa que el destino sea ser infeliz para toda la vida, ¿dónde estaría el amor infinito de Dios? Existen una serie de factores por los cuales alguien puede ser soltero toda su vida teniendo vocación al matrimonio, abrazando esta vocación con todo su corazón e incluso así lograr desplegarse y ser feliz.

Les dejo el post de Marigina, un excelente recurso para el diálogo sobre el tema:


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Hace un tiempo, durante un almuerzo familiar, estaba sentada en la mesa junto a mi mamá y -como siempre- me estaba hablando de un chico que conocía que me podía interesar (como toda madre hace bienintencionadamente cuando tiene una hija soltera).

Yo, un poco cansada de que mi vida amorosa sea un tema constante, le dije que no estaba interesada y que mejor hablemos de otra cosa. A lo que ella respondió: «Es que no quiero que estés sola».

Pensé un momento y le respondí: «Tranquila, mami. No estoy sola, estoy soltera».

Vale la pena aclarar que no siempre he pensado así y que esta respuesta ha sido fruto de un largo tiempo de oración, reconciliación y conocimiento personal. Si me preguntas, en los últimos años he tenido épocas de verdadero dolor y frustración al no ver a nadie en el horizonte. He tenido la experiencia de sentirme sola, e incluso olvidada por Dios, al ver a mis amigos empezar relaciones nuevas o incluso casándose y yo «quedándome atrás».

Y es que veo a mi alrededor, en mis círculos sociales y en los medios de comunicación, la manera como se percibe la soltería, particularmente entre mujeres. Como si ésta fuese una enfermedad que hay que evitar a toda costa.

En lugar de ser un tiempo de espera y preparación para el noviazgo y, más adelante, para el matrimonio, se ha convertido en una especie de plaga que debe ser exterminada. Esto puede resultar muy doloroso y alienante para quien está viviendo este tiempo y la presión (innecesaria) puede llevarnos a tomar decisiones equivocadas (lo digo por experiencia propia).

Y entiendo perfectamente ese sentimiento de frustración al tener la certeza de estar haciendo todo lo que está en tu poder para conocer a alguien: abrirte a nuevos grupos de amigos, comenzar nuevas actividades, hacer ejercicio, comer bien, arreglarte un poquito más, etc. Pero, al mismo tiempo, tener la experiencia de no ver los frutos y sentir que no vale la pena esforzarse tanto si nada de lo que haces «funciona» (como si esto fuese una fórmula matemática).

En mi experiencia, todo esto puede resultar mental y espiritualmente agotador, en especial para aquellas mujeres quienes sabemos con seguridad que éste es el plan de Dios para nuestras vidas.

La desconfianza y la desesperanza se pueden apoderar de nuestro espíritu rápidamente y llevarnos a un lugar muy oscuro del que puede ser difícil salir. Ésta era mi vida hasta hace un año y, créanme, no es un lugar en el que quisiera volver a estar.

Un día, entre las muchas cosas que he visto, leído y rezado sobre este tema, me topé con este video. Si te has sentido identificada con lo que he dicho anteriormente, te aseguro que te va a encantar: 

Al meditar en lo que dice la chica (genial, ¿no?) he podido sacar varias reflexiones. Por un lado, he entendido que mi valor no depende de otro. Es inherente a mi. No valgo más o menos por estar en una relación. Y creo que esto es algo que tenemos que tener clarísimo.

Y, claro, es natural que, si estamos llamadas al matrimonio, en nuestro corazón exista el anhelo de estar con alguien, de amar y ser amadas. Esto es bueno y hermoso. Y sé también que la espera puede ser muy difícil, además de los sentimientos de inseguridad y soledad que suelen venir con ella. Pero, en lugar de desesperarnos, sepamos que si estamos haciendo lo que podemos, eso es suficiente, y sí dará los frutos necesarios…a su tiempo.

Por otro lado, he aprendido a apreciar lo que tengo. A no caer en el hábito de mirar solo al frente, hacia cosas que aún no pasan, y por ello, dejar de ver a mi alrededor y no terminar de valorar lo que hay en mi vida. Si lo veo así, pensar que estoy sola resulta una locura.

No estoy sola, tengo personas en mi vida que me quieren y que me acompañan, en quienes puedo confiar mis penas, mis dolores y también mis alegrías. Y sobre todo, está la presencia silenciosa de Dios, que me guía y me da paz al confirmarme que los anhelos en mi corazón son reales y se harán vida en su momento.

No soy una experta en este tema. Aún sigo aprendiendo, pero creo que estos consejos te pueden ayudar si tu experiencia es igual o parecida a la mía:

Haz la opción

Es importante ser humildes y reconocer que si el tema de nuestra soltería se ha vuelto una carga demasiado pesada, es porque nosotras mismas lo hemos permitido. Haz la opción de estar mejor, de vivir feliz, de empezar de nuevo. No permitas que el no estar en una relación siga siendo para ti una fuente de frustración y dolor innecesarios, sino más bien, un tiempo de espera y crecimiento.

Busca primero el Reino y no la añadidura

Es más fácil decirlo que hacerlo. Busca primero estar cerca de Dios, conócelo y conócete a ti misma a través de la oración y la vida espiritual. Con Él como centro, todo en la vida se va ordenando y las cosas van cayendo en su lugar en los tiempos que Él crea conveniente.

Si ves que necesitas sanar, no tengas miedo de hacerlo

Algo que me ayudó muchísimo fue verme a mi misma con sinceridad y aceptar que habían muchas heridas que necesitaban ser sanadas. Si ves que necesitas hablar con alguien, sea una amiga, un guía espiritual, un familiar o incluso un terapeuta (por heridas más graves y profundas), hazlo. No podemos estar con alguien más si antes no estamos bien con nosotras mismas. Créeme, es una de las mejores decisiones que tomarás en tu vida.

No dejes de ser tu misma 

Por mucho tiempo pensé que si cambiaba mi forma de ser o de vestir, eso iba a acelerar el proceso. El hacer esto puede llevarnos a perder de vista quiénes somos. Así que busca cuidar tu salud física, mental y espiritual pero sin dejar de lado quién eres en realidad.

Haz lo que puedas y déjale el resto a Dios

Esto para mi ha sido particularmente difícil, porque me gusta controlar todo lo que sucede en mi vida. Si eres como yo, quieres que las cosas se den de determinada manera, con determinadas personas y en determinados tiempos.

Dios tiene su propio horario y muchas veces (me atrevería a decir la mayoría) no tiene nada que ver con el nuestro. Acepta esta gran verdad: no eres Dios. Como dice la chica del video: haz tu parte y deja que Él haga la suya.

Aprovecha este tiempo

Conócete. Pasa tiempo con familia y amigos. Aprovecha para aprender cosas nuevas: bailar, pintar, defensa personal, etc. Haz cosas que siempre has querido hacer pero nunca te has atrevido.

Algo muy bueno que puedes hacer durante este tiempo y que en lo personal, ha sido muy bueno para mi: servir a los demás. El darse a otros, sea en un servicio solidario o en actividades apostólicas, es necesario y puede ser una preparación para la entrega a los demás en el matrimonio y la familia.

Reza 

El último y más importante consejo que te doy: REZA. Una oración que me ha ayudado muchísimo es la Oración de la Serenidad:

Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar,

fortaleza para cambiar lo que sí puedo

y sabiduría para entender la diferencia.

Y para terminar, recuerda: No estás sola. Que esta gran verdad te acompañe siempre.

Te invito a compartir este post con esa amiga o familiar a la que sabes que le ha costado mucho aceptar con amor el estar soltera. Si quieres profundizar en el tema, puedes participar de la conferencia online Taller de Conocimiento Personal que te ayudará a conocer mejor tus fortalezas y debilidades. ¡Ánimo!