¿El ser humano es una peste? Hay muchos que creen que sí. De hecho, muchos de los problemas que hoy vemos y vivimos (escasez de alimentos, desastres ambientales, pobreza, etc.) se adjudican a la sobrepoblación de una sola «plaga». Adivina cuál.

«El ser humano merece extinguirse», «somos demasiados, por eso dañamos al planeta», «¡Es irresponsable tener más hijos!» son solo algunas frases que he escuchado y, probablemente, tú también.

¿Es o no cierto que el planeta se está destruyendo?, ¿es o no cierto que el consumismo está agotando recursos?, ¿es o no cierto que cada vez vivimos más tiempo? Son algunas preguntas que pueden tambalearnos un poco porque… sí, se está destruyendo el planeta (¿conviene que no lo habitemos?). Sí, hay un consumismo desenfrenado (¿debemos dejar de comprar?). Sí, no es mentira que vivimos más tiempo (¿eso es malo?).

Como madre buena que es, la Iglesia nos sienta en sus rodillas y nos explica las dudas que le planteamos. Por eso, hoy puedo presentarte cinco verdades sorprendentes a cinco mitos desconcertantes sobre la «sobrepoblación».

Mito 1: «Los animalitos y árboles tienen el mismo valor que una persona»

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Verdad: La deep ecology reduce al hombre a un animal entre animales, como una pieza más entre tantas, pero el ser humano ocupa un lugar único y privilegiado en la creación. ¿Por qué? Por estar hecho a imagen de Dios.

Por esta razón, también participa del mundo espiritual y de una amistad especial con Él (Catecismo de la Iglesia Católica, 355). Es esto lo que fundamenta su dignidad por sobre otras especies.

En Fundamentos de Antropología: un ideal para la excistencia humana, Ricardo Yepes explica que, por tener alma racional y espiritual, no somos solo «algo» sino «alguien». Estoy llamada a ser «alguien» que, además puede darle a Él (¡al Creador de todo!) algo único y que solo yo puedo darle: una respuesta de fe y amor desde la libertad.

Ahora, ¿eso nos da derecho a hacer lo que queramos con los bosques o maltratar un perrito? ¡No y no! Habitamos en la Naturaleza, somos parte de ella y desde nuestra libertad podemos ayudarla, perfeccionarla. El hombre es un «perfeccionador perfectible», como diría el filósofo Leonardo Polo.

Porque es cierto que también podemos afear y destruir. Por eso, no somos perfectos. Somos perfectibles, llamados a mejorar. A descubrir que podemos responder a nuestra identidad más profunda usando bien nuestra libertad. Y usarla bien, solo es sinónimo de usarla para el bien.

Mito 2: «Traer nuevas vidas a este planeta es irresponsable con el medioambiente»

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Verdad: Reducir el problema medioambiental a la natalidad, es reducirlo demasiado. Por otro lado, ¿es cierto o compatible pensar en sobrepoblación con el invierno demográfico que observamos en numerosos países?

Como podemos leer en Laudato Si:

Las razones por las cuales un lugar se contamina exigen un análisis del funcionamiento de la sociedad, de su economía, de su comportamiento, de sus maneras de entender la realidad. Dada la magnitud de los cambios, ya no es posible encontrar una respuesta específica e independiente para cada parte del problema. Es fundamental buscar soluciones integrales.

Eso en cuanto a la responsabilidad con el medioambiente. Sobre la responsabilidad de tener hijos y su impacto social, el Papa Francisco señaló en una audiencia que:

Una sociedad que no se rodea de hijos, que los considera un problema, un peso, no tiene futuro. La concepción de los hijos debe ser responsable, pero el simple hecho de tener muchos hijos no puede ser visto como una decisión irresponsable. La vida rejuvenece y cobra nuevas fuerzas multiplicándose. Los hijos crecen compartiendo alegrías y sacrificios. En el sucederse de las generaciones se realiza el designio amoroso de Dios sobre la humanidad.

Medio en broma, medio en serio, yo diría que ser responsables no significa hacer menos humanos, sino hacer a los humanos más responsables.

Personas que dejen de lado todo aquello que hace daño a sus entornos social y ambiental. Que luchen por la paz, por desarrollar buenas prácticas en sus negocios, entre sus amistades y a nivel personal.

Mito 3: «Los métodos anticonceptivos ayudan a regular la sobrepoblación»

sobrepoblación, «¡No somos una plaga!» 5 mitos sobre la sobrepoblación y 5 verdades explicadas por la Iglesia

Verdad: Como vimos en los puntos anteriores, en primer lugar no podemos hablar de «cantidad excesiva de personas». Porque la vida es un don, cada persona es un don. Además, una promesa de amor de Dios al mundo.

En cuanto a los anticonceptivos, la natalidad, la «sobrepoblación» y el medioambiente, creo que esta respuesta de la Humanae Vitae es perfecta:

El problema de la natalidad, como cualquier otro referente a la vida humana, hay que considerarlo, por encima de las perspectivas parciales de orden biológico o psicológico, demográfico o sociológico, a la luz de una visión integral del hombre y de su vocación, no sólo natural y terrena sino también sobrenatural y eterna.

Mal usar un don tan perfecto y hermoso es contradecir a Dios, Su plan, Su Voluntad, sí. Pero es contradecirse a uno mismo, a su identidad más íntima y profunda.

En cambio, es hora – y quizás sea la máxima prioridad para el mundo ahora – de reconocer el valor de lo real, de uno mismo y para los demás – y aquí, además del conocimiento interior o espiritual, entra el reconocimiento natural del propio cuerpo y los ritmos de la fertilidad – . Para que lleguemos a ser aquello a lo que estamos llamados a ser.

Hay que «superar la relatividad de los intereses de una visión centrada en la satisfacción de instintos (por utilidad, placer o interés) para captar de un modo absoluto lo que son las cosas para, de ese modo, poder quererlas, respetarlas y usarlas como son» (Ricardo Yepes).

Mito 4: «Cada vez envejecemos más tarde y eso es un peligro para el planeta»

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Verdad: La persona tiene el mismo valor en cualquier punto de su vida. «Una sociedad es verdaderamente acogedora de la vida cuando reconoce que ella es valiosa también en la ancianidad, en la discapacidad, en la enfermedad grave e, incluso, cuando se está extinguiendo» (Mensaje a la Pontificia Academia por la Vida, 19 de febrero de 2014). Quisiera hacerte unas preguntas que este «mito» me plantea.

¿Por qué suena «negativo» o «preocupante» que alguien haya vivido más de cierta cantidad de años? ¿Será que inconsciente – o conscientemente – vemos que cierta generación ya no es «productiva»? ¿Qué es necesario mantener cierto «cupo» de humanos en la sociedad, pero de cierta edad («útil»)?

Porque aquí también tendríamos que preguntarnos si detrás del aparente interés por cuidar el planeta, los recursos, sobrepoblación o lo que sea, estamos cayendo en la cultura del descarte. Solo que no el descarte material – propio del consumismo, que es uno de los principales motivos por el que hay tantos problemas ambientales –, sino del humano.

En «Dios es Joven», un libro y entrevista al Papa Francisco, vemos algunas luces que nos permiten reafirmar esto: la gente mayor sigue siendo un regalo para la sociedad y para el planeta. En su ciclo de catequesis dedicado a la ancianidad, lo expresó contundentemente:

La vida siempre es valiosa (…) Vuelvo a un tema que he repetido en estas catequesis: esta cultura del descarte parece cancelar a los ancianos. De acuerdo, no los mata, pero socialmente los cancela, como si fueran un peso que llevar adelante: es mejor esconderlos. Esto es una traición de la propia humanidad, esta es la cosa más fea, esto es seleccionar la vida según la utilidad, según la juventud y no con la vida como es, con la sabiduría de los viejos, con los límites de los viejos.

Como él siempre lo dice, sin los ancianos la sociedad carecería de memoria. ¡Qué miedo pensar en una sociedad sin memoria! Yo apostaría a que eso sí es un peligro.

Mito 5: «Sin sobrepoblación, se acabaría la pobreza y las crisis del mundo»

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Verdad: Es cierto que se han rebasado ciertos límites máximos de explotación del planeta, sin que hayamos resuelto el problema de la pobreza (lo dice la Laudato Si). Y sí (también lo dice la encíclica), «necesitamos una reacción global más responsable, que implica encarar al mismo tiempo la reducción de la contaminación y el desarrollo de los países y regiones pobres».

Pero el problema no radica en cuántos somos, ni si hay población o hay «sobrepoblación». Sino en qué prácticas estamos implementando para distribuir recursos, para compartir riqueza, para sacar a nuestros hermanos de las periferias.

«Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza» (Laudato Si). ¿Podemos devolver dignidad a los excluidos excluyendo a otros?

No. Es hora de apostar a otro estilo de vida, que nos ayudará a ser (lo repito una vez más) lo que estamos llamados a ser.

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