
En un video publicado en el canal de YouTube «Proyecto Biblia», se explica desde una perspectiva muy interesante el significado del pecado. Estoy convencido de que no solo te sorprenderá, sino que además te dará muchas luces para tu vida espiritual.
Además de lo expuesto en este video, me gustaría compartirte una breve reflexión acerca de este tema tan importante para cada uno de nosotros.
El significado de palabra «pecado» dice más de lo que nos damos cuenta
Una de las partes más interesantes del video es al comienzo, cuando se nos explica el origen y el significado de la palabra «pecado». Esta palabra, habiendo sido usada por autores inspirados por Dios, tiene mucho que decirnos, porque implica fallar en el blanco o, mejor dicho, la meta.
¿Cuál es esa meta? Remitámonos, como hace el video, a las páginas del Génesis, pero detengámonos un poco más para descubrir, si es posible, más detalles sobre esta meta:
Antes de romper la Alianza Original, Adán y Eva vivían en perfecta armonía entre ellos dos, con el mundo y, más importante aún, con Dios.
Durante el tiempo que viven de esta manera, cabe intentar imaginarnos qué diferencia había entre ellos y nosotros (que somos producto del hombre después de la caída original).
Entonces… ¿cuál es el significado del pecado?
Naturalmente, la más obvia de todas es que no habían pecado todavía, pero entonces, ¿qué implica esto de «pecar»? Si nos remitimos al origen y significado que el video nos señala, podemos ver que la diferencia radica en la autenticidad de su humanidad.
Ciertamente, el primer significado e implicancia del pecado es la ofensa contra Dios, y esto merece que le demos su importancia real. Sin embargo, ¡lo segundo es también de suma importancia! En cierta manera, es lo que evita precisamente que ofendamos a Dios: el pecado es fallar en la meta de ser verdaderamente humanos.
Santo Tomás de Aquino afirmó en su momento que la naturaleza del hombre había sufrido una herida a causa del pecado original, pero esa herida no había destruido dicha naturaleza por completo.
Por eso, sigue siendo válida para nosotros esa auténtica forma de ser verdaderamente humanos, pero el pecado nos aleja poco a poco de esa autenticidad. Si no nos corregimos a tiempo, puede terminar destruyendo por completo aquella naturaleza que Dios nos dio.
La guía completa para ser verdaderamente humanos
Sigamos dentro del contexto del Antiguo Testamento (antes de la llegada de Cristo y a la donación por parte de Él del Espíritu Santo). Dios procuró (y procuró y procuró), por el amor insondable que nos tiene, darle al hombre una guía completa para que pudiera mantenerse en buena relación con Él y ser verdaderamente humano. Esos son los Diez Mandamientos.
Con respecto a los Diez Mandamientos, aunque seguro lo sabes, llama la atención la puntualización que se hace en el video: la primera mitad de los mandamientos se refiere a Dios y la otra mitad se refiere a los demás.
Es interesante: recuerda cuando aquel fariseo le pregunta a Jesucristo cuál es el mandamiento más importante de toda la Ley judaica. Él contesta resumiendo los primeros cinco que, como decíamos, se refieren a Dios.
Se resumen en: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas» (Mt 22, 37; Mc 12, 30 y Lc 10, 27).
La segunda mitad, continúa Nuestro Señor, se resume en: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mt 22, 39; Mc 12, 31 y Lc 10, 27). Sobre este segundo mandamiento he escrito un artículo reciente que te invito a que leas, ya que puede complementar muy bien esta reflexión.
De lo anterior se sigue que los Diez Mandamientos nos dan las coordenadas exactas para ser auténticamente humanos: hay que amar a Dios por encima de todo y a los demás como a nosotros mismos.
Imposible para los hombres… posible para Dios
No obstante, la experiencia de todos nosotros atestigua la absurda imposibilidad que tenemos de mantenernos fácilmente dentro de la vía que estas dos coordenadas nos muestran.
El primero que sabe esto es justamente Dios. Por eso no se reservó absolutamente nada y nos dio todo lo que tenía para ayudarnos a ser auténticos humanos: Jesucristo, Hijo de Dios, Verdadero Dios y Verdadero Hombre. No por nada a Él se le titula, también, el Nuevo Adán.
Con Cristo, nuestra humanidad auténtica queda restablecida a través de la gracia santificante que nos ganó el sacrificio que Él hizo en la Cruz. De hecho, es elevada a su máxima expresión. Lo anterior es de suprema importancia porque nos señala lo único que no podemos perder de vista: «Sin mí no podéis nada». Esto hace referencia precisa a esa Gracia que acabamos de mencionar.
Sin la gracia de Dios, ser auténticamente humanos es estrictamente imposible. Pero, a través de ella, es decir, a través de los sacramentos, de los cuales la Eucaristía es el más importante, sí que podemos alcanzar nuestra máxima expresión. La santidad.
Adán y Eva eran apenas un pequeño destello de toda la magnífica naturaleza con la que Dios nos había dotado en el origen. Pero, con Nuestro Señor Jesucristo, con su Gracia, y con la Santísima Virgen María (que es la nueva Eva), se nos muestra de la forma más palpable e imitable posible esa espectacular naturaleza humana.
La clave perfecta
Con Cristo y en Cristo, con su Gracia, cada uno de nosotros se hace verdaderamente humano, es decir, nos hacemos realmente nosotros mismos. Por eso Él nos dijo: «Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida».
Todo lo que los Diez Mandamientos contienen que, insisto, es la verdadera humanidad con la que fuimos creados. Se cumple en Nuestro Señor, y la clave para conseguir sacarla es imitar a Cristo.
Nos dio la clave perfecta: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado».
En todo caso, esto puede ser, y de hecho lo es, ¡muy difícil! Porque, al igual que el pueblo judío en el Antiguo Testamento, nosotros caemos con suma facilidad y fallamos en darle al blanco. Es decir, pecamos.
Por eso, Cristo nos dejó el mejor regalo y el mejor ejemplo, después de Él mismo, que podía darnos: a la Santísima Virgen María.
Ella, como buena Madre que es, está constantemente abogando por nosotros. Además, se la pasa a nuestro lado, esperando a que le pidamos ayuda para ser mejores. Para amar a su Hijo con todo el corazón y, en últimas, para ser verdaderamente humanos.
Ella es la «llena de Gracia». Es la mejor para ayudarnos a obtener las gracias de Dios que hacen posible alcanzar esta meta, que como te decía, es la santidad.
Ahora, ¡cuéntanos en los comentarios qué te ha parecido el video para meditar en el verdadero significado del pecado!
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Gracias, gracias por compartir. Es una clase que explica muy claro el Pecado; soy docente pero también alumna, porque sigo en la búsqueda de cómo llegar a loa niños y jóvenes, al adulto. Es una excelente manera de acompañar.
Muchas gracias
Muy buena reflexión gracias
El. video esta increíble, muy interesante. me hizo reflexionar sobre como debemos ver al pecado, es decir cuando peco es no saber amar y distinguir lo que hago bien y lo que hago mal pero sobre todo que al pecar no estoy amando a Dios verdaderamente.
Maravillosa Reflexión. Mil gracias y Mil bendiciones