Cuando era niño, algunos de los recuerdos más bonitos de la Navidad eran cuando cenábamos todos juntos, en familia (¡mi abuelo cocinaba espectacular!). Nos reuníamos al rededor de una gran mesa junto a mis tíos, primos y abuelos. O cuando hacíamos la oración alrededor del pesebre a la medianoche y el más pequeño de la familia ponía al Niño en la cunita… y por supuesto, cómo negarlo, la entrega de regalos (¡obviamente!).

Y es que justamente la Navidad, es un tiempo propicio para celebrar en familia la presencia de Dios en medio de la humanidad y en medio de nuestras vidas. Y como celebración que es, también es tiempo de regalos. ¿Regalos? Sí… los del árbol, pero sobretodo los que tenemos a la mano todos los días. Es un tiempo especial para detenerse, respirar, y pensar en todos los regalos que Dios mismo nos da. Miremos nuestras vidas: familia, amigos, bienes espirituales, bienes materiales, el mismo don de la fe, un bello paisaje, la creación toda, en fin. Nuestra propia vida, es en sí un regalo de Dios, con un único e inmerecido destinatario: cada uno de nosotros. Dios nos regala en todo momento, y desde siempre.



El video que quiero compartir a continuación se llama «Regalos de Navidad». Se enfoca de una forma muy divertida, en un día normal de una persona que se despierta tomando consciencia de todos los regalos con los que ha sido bendecido: su propia vida, su esposa, sus hijos, sus bienes materiales, etc.



Tal vez no hemos descubierto el mejor regalo 

Navidad es especialmente un tiempo para pensar en el mayor regalo que Dios nos ha querido dar: ¡Él mismo! ¡Sí! ¡Dios, eterno, infinito, inalcanzable, todopoderoso, grandioso! Se ha querido hacer terreno, alcanzable, cercano, humilde, Niño! En resumen: ha querido hacerse ser humano.

Y siguiendo con la imagen del regalo, ponte a pensar que cuando se lo damos a alguien a quien realmente amamos, se lo damos sin cálculos, sin contemplaciones. Porque existe un cariño particular por esa otra persona, buscamos que sea algo que necesite, algo que le pueda servir o algo que le guste. Un regalo lo das completo, no a medias, y en un sentido podríamos decir que ya no le pertenece a quien lo entrega, sino al que lo recibió. Además, comúnmente lo debemos «des-cubrir», es decir, abrir la envoltura para poder conocer lo que hay dentro, y al abrirlo, siempre trae alegría al destinatario.

El regalo más generoso y espectacular

Dios, también ha querido darse a nosotros así, como regalo. Se ha dado todo para nosotros, sin cálculos, y nos ha mostrado cuánto le importamos, cuánto nos ama. Se da completo, dedica su tiempo y su vida entera a estar pendiente de cada uno de nosotros, a estar cerca (aún si queremos estar distantes). Su vida es parte de la nuestra, y ha querido que sea un «descubrimiento» de cada uno de nosotros, a lo largo de nuestra vida: ese camino de ir conociéndolo, de hacernos amigos (con sus idas y venidas). De ir haciendo que Él sea parte de mi vida, o más bien, nosotros ir haciéndonos parte de la suya. Y definitivamente, cuando nos hemos encontrado con este regalo, ha traído una alegría inmensa a nuestras vidas.

Aprovechemos esta Navidad para reflexionar, como menciona el video al final, sobre lo agradecidos que debemos ser por todos los regalos que tenemos alrededor nuestro y sobre cómo Dios, que nace, ha querido vivir la vida humana desde la raíz, para salvarnos desde la raíz. Entendamos que debemos poner de nuestra parte para intentar retribuirle a Dios, tanta generosidad.

Cuando recibes un regalo, siempre te queda la sensación de querer corresponder a esa otra persona de alguna forma. Probablemente, aunque lo hagas, tendrás igual la experiencia de que «falta». Sin embargo, Dios, simplemente pide que nos entreguemos a Él también así: haciendo de mi propia vida un regalo agradable a Dios, sin cálculos, sin negociaciones, esforzándonos por estar cerca de Él, quitando las envolturas que a veces nos ponemos y que no nos permiten valorar el regalo que somos.