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Uno de los temas que habitualmente resulta más difícil de encarar desde la relación padre/hijos es el de la sexualidad.

Mi generación (acabo de cumplir 52 años) tuvo padres que, en general, consideraban tabú el tema de la sexualidad, y prácticamente no hablaban de esos temas con nosotros, o si lo hacían, lo hacían con pudor, temores, y muchas veces un cierto puritanismo que nos dejaba más confundidos que informados.

La generación de mis hijos, por el contrario, tiene la sexualidad hasta en la sopa: los programas de «educación sexual integral» promovidos por los gobiernos casi unánimemente en todo el mundo les «sobreinforman» sobre sexualidad. Los chicos están informadísimos… y confundidísimos.


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Hablemos de la primera vez

El video que te presento hoy es un corto llamado «Fabrizio’s initiation», que ganó varios premios internacionales. Retrata el momento en el que una pareja de adolescentes se prepara para tener su primera relación sexual.

Cuando ganaron el premio del jurado infantil en Berlín, la cadena DW presentó el corto de la siguiente manera:

«El cortometraje narra los preparativos de un adolescente y sus amigos de su primer nido de amor. ‘Ya llevamos un año, dos meses y 27 días… y ella me mira con esa mirada que es como un trampolín’, dice Fabrizio.

En realidad el espectador se entera de sus pensamientos mientras se ve al protagonista en medio de una «guerra» de chorros de agua con su novia, Nadia.

Junto con sus amigos, Fabrizio diseña un refinado plan para transformar un viejo automóvil en un nido de amor. El cineasta Mariano Biasin (Buenos Aires, 1980), contrasta la vivencia de los protagonistas con la ambivalente actitud de los padres al juzgar la primera experiencia sexual de los adolescentes».

Precisamente por ese contraste es que me parece que el corto es genial. Retrata con humor la iniciación sexual fallida de dos adolescente y termina con un final abierto. ¡Tienen que verlo completo!

 

¿Qué es la educación sexual?

Muchos padres creen que la educación de la sexualidad consiste en una charla sobre los pájaros y las abejas entre los ocho y los 11 años, y ya está.

Con eso, sus hijos están seguros y van a poder pasar la adolescencia «sanamente y en familia». Pero parece que no, frente a la sobreinformación que hay en todas partes, a la sexualidad exacerbada, al problema de la pornografía disponible a todas horas en todas partes, una charla no alcanza.

Ni una, ni cien. No es sentar a los chicos y «sermonearlos» sobre los peligros de la sexualidad, ni querer asustarlos con información sobre embarazo adolescente y enfermedades de transmisión sexual.

El grito de guerra de los adolescentes es «¡a mí no me va a pasar!». Una de las características de maduración del cerebro adolescente es que tiene como último factor de desarrollo el cálculo de riesgos y la asimilación de las consecuencias de sus actos.

La educación sexual entonces no puede ser una charla, ni amenazas, ni sermones: tiene que darse como parte de la educación integral de nuestros hijos, y tiene que ser una constante.

No podemos descansar ni pensar que ya lo tenemos «resuelto», porque justamente esa falsa confianza es la que lleva a resultados como el de la película: los chicos informadísimos y desorientados, y los padres sin información ni orientación para darles.

Educar para amar

El norte de nuestra educación tiene que ser que nuestros hijos sean personas que puedan amar y ser amadas. Y eso no es algo que se pueda improvisar: la educación integral de nuestros hijos no tiene por qué estar sectorizada en «materias», como en una escuela.

No podemos tener una hora de charla semanal sobre sexualidad y métodos anticonceptivos, otra sobre afectividad, otra sobre emociones. No: la educación en casa no funciona así.

Pero hay algo que está claro: para enseñar a amar, los únicos adecuados, los únicos que tienen la capacidad, la Gracia de Estado, el carisma y el amor necesario, somos los padres. 

Ni el Estado, ni la Iglesia, ni un especialista en sexualidad va a poder enseñarle mejor a nuestros hijos a amar y a ser amado. Uno de los ejes de esa realidad de amar y ser amado es la sexualidad, y ese eje debe darse en el marco adecuado, respetando la sensibilidad, madurez y desarrollo de nuestro hijo.

Y quienes conocen a la perfección la sensibilidad, madurez y desarrollo son, naturalmente, sus padres. Para enseñara a amar, hay que amar, no hay otro camino.

El movimiento se demuestra andando, y el amor, amando. Y también quienes más aman a los niños, son sus padres. Cuando viene alguien «externo» y dice que va a enseñarle a mi hijo una parte importante de lo que significa amar, sin tener en cuenta su madurez, desarrollo y sensibilidad, entonces deberíamos decir «no».

Pero para poder decir no, deberíamos poder nosotros enseñar adecuadamente a amar. Porque no basta con amar a nuestros hijos: también hay que tener un conocimiento adecuado de qué le tenemos que enseñar, cuándo y cómo.

Perdamos el miedo a educar

Los padres casi siempre comenzamos a educar a nuestros hijos «instintivamente». Y como nadie da lo que no tiene, damos la misma educación que recibimos.

Pero, como dije al principio de este artículo, en materia de sexualidad, son contados los padres que han recibido una educación para el amor integral, franca, abierta, madura y completa.

Y muchas veces, por esa «falta de educación» también nos sentimos atrapados entre dos fuegos: por un lado la «educación» estatal, que lo que menos hace es educar, y que muchas veces solo se centra en las cuestiones fisiológicas, y se olvida de lo afectivo, de la maduración personal, de los sentimientos, etcétera.

Por otro lado, la enseñanza de la Iglesia, especialmente de los que han superado mi edad, solo dicen «abstinencia y castidad» y no nos ayudan en cómo transmitir la virtud de la castidad a nuestros hijos, ni nosotros tenemos muy claro el panorama. 

Pero educar en la sexualidad no es muy distinto a educar a nuestros hijos en todos otros aspectos de su desarrollo personal: queremos lo mejor para nuestros hijos y queremos que cada vez sean más autónomos en sus vidas y decisiones.

Y para ello, como en cualquier otra cosa que queramos transmitirles a nuestros hijos, tendremos que primero explicarles por qué las cosas se hacen de este modo.

Luego mostrarles cómo se puede hacer, luego hacerlo nosotros y por último ayudarlos a encontrar los medios para que ellos puedan hacerlo por sí mismos.

La sexualidad es un don de Dios

En los últimos 50 años hemos vivido un exagerado movimiento de «liberación sexual». Y lo pongo entre comillas porque si hay algo que ha logrado la llamada liberación sexual es la esclavización de incontable cantidad de personas a una sexualidad desordenada.

Como reacción a esa llamada «liberación», durante muchos años se estuvo insistiendo desde la Iglesia en la enseñanza bimilenaria de la Iglesia: estamos llamados a regular la sexualidad con una virtud que se llama castidad.

Y lo primero que piensa el mundo moderno cuando escucha la palabra «castidad» es «aburrido», «represivo», o «ridículo».

Pero no es así: la sexualidad es un don maravilloso de Dios. Al punto que el primer mandamiento que le da Dios al hombre después de la creación es un mandamiento que involucra a la sexualidad: «Sean fecundos, multiplíquense y llenen la tierra» (Gn 1, 28).

En el corto se ve de un modo hermoso: Fabricio y Nadia quieren tener su «iniciación» porque creen que ha llegado el momento, y están llenos de curiosidad, de dudas, pero sobre todo de alegría.

Y se ve al final, cuando los padres usan el «nido de amor» para tener también su encuentro amoroso. La sexualidad es un don hermoso, es el don de toda nuestra persona al otro, y así tenemos que comprenderlo, vivirlo y enseñarlo a nuestros hijos.

Para que no crean que la sexualidad es algo sucio, depravado o algo de lo que no se puede hablar.

¿De qué hablamos cuando hablamos de sexualidad?

Una clase sobre cómo funcionan fisiológicamente el cuerpo femenino y el cuerpo masculino puede durar una hora. Pero hay que explicarla cuando comienza el interés y la curiosidad de los niños.

Y luego, volver a explicarla, y luego otra vez más, tantas veces como sea necesario, teniendo en cuenta la sensibilidad del niño o niña, para que pueda entender dos cosas muy importantes:

1. Cómo funciona la sexualidad, naturalmente.

2. Que de sexualidad se puede hablar abiertamente.

Sin problemas, en cualquier momento. Y no importa la duda que el niño tenga, con sus padres, que son quienes le aman y quieren lo mejor para ellos.

La sexualidad es más, mucho más, infinitamente más que el encuentro físico de dos cuerpos que buscan amarse. Y que por la sobreabundancia de ese amor, se reproducen como Dios Manda (Gn 1, 28).

La sexualidad es la donación integral de dos personas que se aman y que significa la unión íntima como no puede darse otra más íntima.

Tanto es así que cuando Dios quiere expresar su amor por la humanidad tiene que recurrir a un lenguaje «sexual», si se quiere, basta ver el Cantar de los Cantares.

Y cuando nos invita a compartir su vida eterna, nos invita a «las bodas del Cordero», usando de nuevo un lenguaje nupcial. No hay entrega más grande que entregarnos por entero a otra persona.

La sexualidad nunca debe separarse del amor

Cuando la sexualidad se separa del amor, lo que sucede es que la sexualidad mata al amor. Cuando buscamos al otro, cuando buscamos amarlo hasta el extremo, llega un momento (el momento oportuno, si usamos el lenguaje de Fabricio) en el que esa expresión de amor tiene que pasar a una dimensión física, a una expresión de donación total y absoluta.

Y para que esa donación sea verdadera, tengo que ser dueño de lo que voy a donar. Si yo entrego algo que no me pertenece, estoy haciendo una estafa. Si dono algo de lo que no soy dueño ni sé usar, entonces estoy mintiendo, estoy diciendo una cosa con las palabras, y otra cosa muy distinta con los actos.

Por eso es importante comprender que para que haya una donación genuina, una donación completa de mí mismo, tiene que haber también una posesión completa de lo que voy a donar. Incluyendo las consecuencias de los actos que supone esa donación.

Si yo quiero separar el acto sexual de su significado de entrega total y completa de mí mismo al otro para su disfrute, y busco solamente satisfacer mis deseos egoístas, es muy frecuente, probable y normal que pierda de vista por qué estoy haciendo lo que estoy haciendo. Y que se desvirtúe la donación integral de mí mismo para convertirse en usar al otro como un medio para un fin.

El problema cuando las personas se convierten en medios y ya dejan de ser el fin en sí mismos, es que comenzamos a abusar de los medios para obtener el fin.

Si se pusieran en fila todas las chicas seducidas y abandonadas que se entregaron por completo a sus novios cuando estos no tenían pensado una entrega tan profunda y completa, daríamos varias vueltas al mundo.

La importancia de saber el «por qué» y el «cómo»

Si no sabemos cómo educar, porque no fuimos educados nosotros mismos, corre por nuestra cuenta el querer educarnos para poder darle a nuestros hijos lo que tal vez nosotros no tuvimos.

Y si por misericordia de Dios pudimos llegar a tener una vida casta antes y durante el matrimonio, poder darle a nuestros hijos las herramientas para que ellos también puedan hacerlo.

Si no pudimos hacerlo y tuvimos una vida sexual desordenada, que ellos no cometan los mismos errores que nosotros y puedan tener una vida amorosa plena: es decir que puedan amar y ser amados «como Dios manda».

Y aunque pensamos muchas veces que la Iglesia no tiene una respuesta adecuada a esto, ¡Por supuesto que la tiene! Nuestra Iglesia es Madre y Maestra, y se encarga de cubrir con generosidad todas nuestras necesidades.

¡Para explicarnos la importancia del amor y la sexualidad, el papa Juan Pablo II empleó casi cinco años de catequesis explicando la importancia de la sexualidad humana como medio de santificación y salvación.

Y ¡esas catequesis están disponibles para que las podamos consultar, leer y crecer en la apreciación personal de nuestra sexualidad, y para que podamos transmitírsela a nuestros hijos!

Así que ánimo padres, luchen por ser embajadores del amor eterno. Les comparto algunos recursos que pueden ayudarles:

Libro: «La sexualidad según Juan Pablo II»

Lectura: Orientaciones educativas sobre el amor humano

Video: El gemido del corazón

Curso Online: Anatomía de un amor duradero

Sexualidad: ¿cómo hablar del tema con mis hijos?