Hay un tema tabú del que los adultos no se animan a hablar y que los jóvenes se creen que saben todo lo que hay para saber al respecto: el sexo.

Es verdad que es un tema “delicado”, difícil de tocar. Pero también es verdad que no es solución alguna no hablar de ello o hablarlo “a la vieja usanza”. Los tiempos cambiaron. Los adolescentes ya no viven la sexualidad de la misma manera que la vivían los adolescentes hace 20 años. ¡20 años! No es nada. Y, aun así, cambió mucho el tema.


El artículo continua después de la publicidad:

Hoy, con apenas 16 años hay carta blanca para hacer lo que sea: “total tenemos onda, no es algo que sale de la nada”. He escuchado esa justificación más de una vez para hablar de las “desventuras” de los jóvenes con alguna chica. Como si el que haya una amistad de por medio justificara todo.

Hace poco una amiga me recomendó un libro que se llama: «Saber amar con el cuerpo», de Mikel Gotzon Santamaría que habla sin pelos en la lengua del tema. Es para que lo lean los adultos para que, cuando tengan que encarar el tema con los jóvenes, estén armados de palabras y ejemplos claros y sencillos sobre el tema.

Primera parte. El cuerpo expresa el amor del alma


El artículo continua después de la publicidad:

El autor comienza explicando la relación que existe entre el cuerpo y el alma. Como el hombre no es pura materia, pero tampoco es un alma en una prisión de carne. Materia y espíritu forman una unidad en el hombre. Sin una de ellas no es hombre. Una vez que se entendió esto, se pasa al siguiente punto: el cuerpo como instrumento para expresar lo que le sucede al alma. Si estás alegre, quieres compartir con los demás, contagiar esa alegría. Si estás muy triste, las lágrimas asoman y el cuerpo te pesa. Si te entregaste para toda la vida a una mujer (o un hombre), el cuerpo también ha de expresar esa entrega. Ahí entra la relación sexual, no antes. Porque el cuerpo, en el acto conyugal, demuestra corporalmente lo que sucedió con las almas en el altar, frente al sacerdote y los testigos.

Entregar el cuerpo, sin que se haya entregado el alma, es una mentira, porque el cuerpo dice algo que en realidad no sucedió. Por eso es que no se admiten las relaciones extra maritales, porque no cumplen con la función natural que Dios le atribuyó al acto sexual.

Más entrado en tema, el autor comienza a hablar de los diferentes aspectos de la vida sexual. Por ejemplo. La excitación sexual, ¿es buena? ¡Ja! Excelente pregunta. Un puritano te diría que no. Un materialista te diría que es de las cosas más buenas que la vida tiene para ofrecer. La propuesta de Santamaría es un punto medio. Él sostiene que la excitación sexual es buena siempre y cuando sea ordenada. O sea, que esté ordenada hacia la expresión de entrega total que pretende ser el sexo. No es lícito buscar la excitación corporal para una one night stand. Porque eso no es muestra de amor, sino de búsqueda egoísta de placer.

Segunda parte. La naturaleza de los sexos

Una vez demostradas las implicancias del acto sexual y demostradas las razones por las que no son lícitas las prácticas sexuales extramatrimoniales, el autor pasa a explicar la naturaleza de cada uno de los sexos. Cuerpo de mujer, cuerpo de madre y cuerpo de varón, cuerpo de padre. Eso es un significado que, en caso de ser dicho en voz alta, te tildan de machista, de persona que soporta al patriarcado y retrógrada. El autor propone este ejemplo: si un dibujante ha de dibujar la silueta de una mujer, ¿no se verá forzado a resaltar la zona de los pechos y de la cadera? ¿Y por qué será que es así? ¿No responden ambas características a la predisposición natural de la mujer de ser madre? ¿Con pechos listos para alimentar al bebé y caderas listas para darle a luz?

Además del cuerpo, la asociación de afectividad y actos corporales es muy diferente para ambos. Los hombres son capaces de disociar el acto sexual de lo afectivo. Los varones tienen una debilidad por lo físico y va mucho más rápido que la afectividad. El varón llega a la cama sin siquiera plantearse si quiere o no a la mujer que tiene delante. La mujer, por el contrario, tiene más apegada la afectividad a los actos corporales. Si llega a tener alguna clase de cruce sexual con un hombre, la mayoría de las mujeres considerará que ese hombre con el que se cruzó tiene una conexión con ella, la quiere.

Estos son los puntos que me parece pertinente rescatar del libro. El autor trata más temas que estos. Sin embargo, no quiero agotarlos pues vale la pena leerlo. Me gustaría hacer énfasis en que es un libro para que lo lean los formadores, no los adolescentes. Porque si un chico de 15/16 años lee este libro, lo va a dejar a la segunda hoja. Pero, si lo lee un formador, va a tener herramientas para poder encarar un diálogo con los jóvenes que, por la cultura sexualizada que se difunde gracias al cine, la música y el Internet, toman por normal y cotidiano cosas que realmente lastiman y conducen por un camino del cual es muy difícil volver.

¿Tienes otras recomendaciones sobre este tema? Compártelas en los comentarios 😉