Vivimos en un mundo agitado, acelerado e incluso indiferente. Las preocupaciones, turbaciones y angustias muchas veces nos hacen ciegos a las necesidades de quienes tenemos a nuestro alrededor.

Por estar inmersos en nuestras preocupaciones, pudimos perder de vista a muchos que necesitaban una palabra de ánimo o un mensaje de consuelo. Y estaban muy cerca de nosotros.

Muchas veces hemos anhelado amar como Jesús nos ama a cada uno de nosotros. Es decir, amar con un amor que se dona totalmente. Un amor que, sin esperar nada a cambio, es capaz de darlo todo por el amado. Un amor que halle descanso al darse, que halle consuelo más en dar que en recibir.

Pero, ¿cómo podemos acercarnos a esta total donación? «Wings», un cortometraje animado de Casey Mc Donald, nos cuenta la historia de Nutmeg, una ratoncita que vive en un bosque y que siempre soñaba con volar.

Un día, Nutmeg conoce a BlueBell, un ave herida e incapaz de volar. Pero, ¿qué nos pueden enseñar estos personajes sobre amar y servir al prójimo?

 

 

¡Debemos estar atentos! Lo esencial es invisible a los ojos

Cuando este corto inicia, Nutmeg, triste porque no puede volar, busca refugio ante una lluvia. Sin embargo, esto no le impidió escuchar que a su alrededor había alguien que necesitaba de su ayuda, alguien que no podía más.

Es cierto que en nuestra vida habrá lluvia, dificultades, inquietudes, preocupaciones, cosas en las cuales pensar. Sin embargo, nuestro corazón debe estar atento y no ser indiferente a lo que nuestro prójimo necesita.

Incluso Jesús, en medio de una multitud, sintió la necesidad de una mujer que había tocado su manto y se detuvo a ayudarla. Entonces, nuestro corazón debe prestar atención.

¡Haz la prueba y verás cómo a tu lado hay muchos que necesitan de ti!

Muchos que no pueden más en este camino y a los que una palabra o una pequeña acción tuya les puede devolver el aliento. Les puedes dar esperanza y reconfortar el corazón.

Encontrarás que al darte, al servir al prójimo y en la ayuda a los demás, tu corazón encontrará descanso. Encontrará paz y encontrará consuelo. Encontrarás que es dando como se recibe, que es consolando como se recibe consuelo y que amando uno es amado.

Decía San Josemaría Escrivá «yo vivo porque estoy enamorado». El alma que vive enamorada, que vive encontrando una oportunidad de amar, es un alma que, a pesar de sufrir y tener angustias e inquietudes, siempre encontrará paz al darse.

Un detalle que llama la atención es que el ave herida, en primera instancia, rechaza la ayuda de la ratoncita. Esto no fue obstáculo para que ella la ayudara. Es que en eso consiste amar: en darse sin esperar nada a cambio, en sacrificarse sin buscar reconocimiento, en donarse en totalidad. En esto consiste la gran alegría de amar.

 

El amor es la respuesta

En el amor está la respuesta a absolutamente todo. Y, cuando hablo de amor, hablo de ese amor que es capaz de darlo todo por el amado. Hablo de ese extremo amor que Jesús tiene por ti y por mí.

San Juan de la Cruz lo decía: «el alma que anda en amor no cansa ni se cansa». Por eso, cuando sientas que no puedes más… ¡ama! En esa donación que haces, encontrarás una profunda alegría y una gran paz en tu corazón.

Piensa en una madre que ama profundamente a un hijo. Su alegría está en darse, en ver como cada acción, cada acto de amor y cada sacrificio que hace ayuda al bienestar de su hijo. Sin esperar nada a cambio o que se reconozca su esfuerzo, esta madre ama y sabe que en amar está la fortaleza necesaria y el consuelo tan anhelado.

Al servir al prójimo, nuestra ratoncita encontró una alegría inmensa y que no sabía que necesitaba. Logró hallar gozo al ver cómo sanaba y cómo, paso a paso, iba recuperándose. En el servicio amaba a su semejante y descubrió que el amor es la respuesta.

 

El amor te puede dar alas

«¿Cómo cambiamos el mundo?», quizá nos hemos planteado. Amemos. Si haces la prueba, empieza amando en tu hogar, en tu trabajo, en tu círculo de amigos… y notarás como el mundo empezará a cambiar.

Verás como un acto de amor, una sonrisa o una palabra de aliento son capaces de ayudar a otros a que su mundo sea mejor. Y, por ende, a que el mundo sea mejor.

El amor es capaz de elevarte. En la alegría de servir y darte hallarás alas, en amar encontrarás cómo tu corazón se eleva y se acerca al corazón de un Dios que te ama con infinita locura. Al servir y darte sin medida notarás como tu corazón descansará y tendrá verdadera paz.

¡Anímate a mirar a tu alrededor! A servir al prójimo y dejar que el amor te dé alas. Amar nos permite vivir más intensamente… pruébalo 😉

 

Artículo elaborado por Alan Lugmania

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