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Serie Fratelli Tutti. Este tercer capítulo forma parte del segundo bloque de la encíclica donde los capítulos dos, tres y cuatro ofrecen los fundamentos en los que basa su propuesta de fraternidad.  

Si en el capítulo anterior hablamos de los fundamentos bíblicos a través de la explicación de la parábola del Buen Samaritano, ahora pasaremos a exponer los fundamentos en los valores de la Doctrina Social de la Iglesia en el principio de la dignidad de la persona humana, el principio de la solidaridad y la función social de la propiedad.  

En torno a estos principios de la Doctrina Social, el papa nos expone su idea de fraternidad poniendo como centro a la persona. Aquí te comparto una explicación más completa:


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Se inicia con una cita del Concilio Vaticano II, donde dice que un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás. Esta concepción de persona nos separa del individualismo donde se entiende a las personas como islas.

Personas como islas

En el individualismo se considera a la persona como algo aislado. La palabra individuo pasa a significar: sin vínculo con los demás. Se preocupa solo de sí mismo y para sí mismo.

Pero hay que recordar que somos seres sociales por naturaleza. Que formamos familias que son la célula fundamental de una sociedad, y que de allí es desde donde salen todos los pueblos y naciones.

Plantear de modo cerrado a la persona nos alejaría del ideal de persona que la humanidad ha mantenido desde las culturas más antiguas. Fijándose en la idea de hospitalidad, de la apertura de la propia casa, de la propia vida.

Como se comprueba en los pueblos del desierto, o como es tan importante en la tradición monástica de san Benito que dice que «el que acoge al huésped en el monasterio está acogiendo al mismo Cristo».

Creciente apertura del amor

Servir es el modelo de persona, como nos lo decía el papa en el capítulo dos. La perspectiva cambia y la nueva visión permite entender a los demás como necesitados de nuestra ayuda.

Estamos llamados todos a ser samaritanos los unos de los otros y abrirnos a la colaboración para construir una sociedad nueva.

El amor nos invita a fijarnos en los exiliados, en los que están tirados al borde del camino, en los que son descartados, en los que son tratados como si no fueran nadie, y reconocer en ellos un valor infinito.

En definitiva, la caridad siempre nos lleva a ir más allá de nosotros mismos. El papa nos previene de los sistemas autoritarios, donde la persona queda sometida a la totalidad de la sociedad, a un proyecto de globalización, a un proyecto ideológico o económico.

En realidad allí se está anulando a la persona, no se le está poniendo en el centro, sino que se le convierte en un instrumento para desarrollar ese proyecto.

La solidaridad como principio

La palabra solidaridad proviene de «sólido», que se mantiene unido o que tiene cohesión. La solidaridad mira más allá de mis propios intereses personales, busca la unidad.

Por eso, no debe faltar en el sistema educativo y en los medios de comunicación social para que sea un valor que configure el conjunto de la sociedad. 

La solidaridad se preocupa por la justicia, pues no solamente asiste a los que están heridos, descartados o enfermos, sino que lucha contra las causas de toda injusticia.

Es propio de los cristianos velar por la justicia y conversar amablemente con todos, generosamente, sirviendo, como se explica en esta meditación que te recomiendo leer.

También vela por el cuidado de la casa común, de nuestro planeta. El hombre debe preocuparse de la ecología, porque el respeto a la casa de todos es el principio sobre el que se construye una convivencia solidaria. 

Sobre la propiedad privada

Desde el inicio, la Doctrina Social de la Iglesia defiende el destino universal de los bienes. Los bienes de la tierra han sido creados por Dios para cada uno de sus hijos.

Como dice el papa citando palabras de san Gregorio Magno: «Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les damos nuestras cosas, sino que les devolvemos lo que es suyo».

Tenemos la obligación de ayudar con nuestros bienes, al prójimo que necesita ser sacado de una grave necesidad que pone en peligro su supervivencia.

Es distinto a una falsa igualdad que busca eliminar la propiedad privada. De hecho se recoge en otra encíclica anterior: «… tampoco autoriza la propia razón del bien común, quitar a otro lo que es suyo o, bajo capa de una pretendida igualdad, caer sobre las fortunas ajenas».

Derechos de los pueblos

Señala el problema de los países, de los pueblos, que son privados del derecho a la propiedad porque sus bienes son explotados a beneficio de otros países o empresas más poderosas. También plantea el problema de la deuda externa en que se priva de lo necesario a muchos países para pagar una deuda que nunca se termina de pagar. 

Este capítulo termina diciendo que lo que nos ofrece es una nueva lógica, una nueva manera de entender el mundo, en el que el bien es la persona. Pone en el centro la colaboración y el respeto íntegro de los derechos humanos de todas las personas que vivimos en este planeta.

En el capítulo siguiente se explicarán estos principios aplicados a la situación actual de un mundo globalizado y a la acogida de los emigrantes. ¡No te lo puedes perder!

Déjanos saber en los comentarios qué opinas sobre el tema discutido en esta tercera entrega. Y recuerda que todos estamos llamados a servir y a entregarnos por los demás. 😉

Fratelli tutti, Serie «Fratelli Tutti»: Capítulo Tercero