Simple, ágil, corto y al grano, así es el video que les traemos hoy. El contenido está pensado para un spot publicitario de una tienda de muebles y accesorios domésticos (IKEA) de España.

Sin embargo, es una analogía excelente para hablar de nuestro nivel de involucramiento con causas que son cercanas a nuestro corazón y lo que eso suscita en nosotros…y en los demás.

El comercial está dirigido a la conservación del medio ambiente y cómo, aquellos que estamos comprometidos con esta causa, podemos convertirnos en activistas en determinadas situaciones.

Resulta interesante preguntarnos qué sucede si llevamos esto al plano de la fe. A continuación, discutiremos algunos elementos apostólicos que hemos podido identificar y que compartimos con ustedes:

 1. «No se te ve venir, pero siempre apareces…eres activista sin saberlo»

En el video, vemos distintas situaciones cotidianas del hogar. Situaciones donde algunos miembros de la familia dañan inadvertidamente el medio ambiente.

De pronto, sin esperarlo, aparece este otro miembro que trae un poco de luz y orden a la escena. Deja de lado su quehacer y aboga por la causa en la que cree y que su corazón ama…es un activista sin saberlo.

El seguidor de Cristo también estará comprometido con la conservación del medio ambiente, pues es parte de la Creación. La causa más cercana a su corazón, sin embargo, será la evangelización, el apostolado, es decir, el llevar la buena nueva de que Dios nos ama ¡verdaderamente nos ama!

No se necesita mucha ciencia, formación o conocimiento para contagiar el entusiasmo genuino que otorga el saberse abrazado y sostenido por su amor. Sin embargo, es bueno formarse constantemente en la fe: «Estén siempre preparados para dar respuesta a quien les pida razón de su esperanza» (1 Pe 3, 15).

Como dice el papa Francisco en su exhortación Evangelii Gaudium (120): «Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús».

No es posible comunicar la paz, la alegría y el amor del Señor si no se ha experimentado. Se puede hablar de estos temas desde el punto de vista teórico, pero no se encenderá el corazón de las personas que nos escuchen si no hay fuego en nuestras almas, emoción genuina en nuestra voz, brillo en nuestros ojos, ardor en el corazón.

El activista es aquel apasionado por la causa que defiende. Así también será el que ha pasado tiempo con su Señor y ha experimentado la suavidad de su amor.

Tal vez por eso, una de las promesas del Sagrado Corazón es que «dará a los sacerdotes y a todos aquellos fieles a esta devoción, la gracia de mover los corazones más endurecidos». Ciertamente, solo aquellos con convicciones férreas podrán convencer.

2.  Sales de la nada, cuando nadie te espera

Nuestra sociedad actual vive en la cultura de la post-verdad. Es probable que la mayoría de nuestros colegas, compañeros e incluso amigos hayan moldeado su pensamiento a las corrientes ideológicas que imperan en nuestro tiempo.

Corrientes sentimentaloides que nos empujan a no considerar los hechos, sino solo los sentimientos. Muchas veces están invadidas de pensamientos hedonistas, presentados como compasivos y que ven con horror las ideas del dolor, sufrimiento y sacrificio.

Esto puede llevarnos a vivir bajo la ley del mínimo esfuerzo, de la mediocridad, una vida chata y narcisista que se mira a sí misma. No soporta la idea de una vida de entrega. Busca preservarse y cae en el egoísmo.

Esto lleva a la tristeza, a la depresión y a la muerte del alma. En este contexto, las palabras de nuestro Señor cobran especial fuerza: «Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá, y el que perdiere su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará» (Mc 8, 35).

En medio de esta realidad, sales tú, «de la nada, cuando nadie te espera…». Imagina que eres testigo de una situación o una conversación de amigos que necesita ser iluminada por la verdad que es Cristo.

Es allí donde intervienes, pero no para generar un debate y ganarlo. Estás allí y se te piden tus palabras para crear un clima de diálogo, de escucha respetuosa y de esa serenidad, aplomo y caridad que te da el saberte respaldada por tu Señor.

Como lo señala el Catecismo de la Iglesia Católica: «En los laicos, la evangelización adquiere una nota específica y una eficacia particular por el hecho de que se realiza en las condiciones generales de nuestro mundo:

«Este apostolado no consiste solo en el testimonio de vida, el verdadero apostolado busca ocasiones para anunciar a Cristo con su palabra, tanto a los no creyentes como a los fieles» (CIC 900; 905).

3. ¿Qué es lo que debe hacer un apóstol?

Como una vez leí que comentaban nuestros amigos de Catholic.net, lo que debe hacer un verdadero apóstol de Cristo se podría resumir en los siguientes pasos:

Conocer:

Un apóstol, como enviado, no debe representar sus propios intereses, sino los de Aquél quien lo envió. En el video, los activistas no defendían sus intereses personales, sino los del medio ambiente.

Como enviados de Jesucristo debemos, asimismo, enfocarnos en conocer qué es lo que a Él le interesa: a través del Evangelio, del Magisterio de la Iglesia, del Catecismo, de la oración.

Cuanto mejor conozcamos a Jesucristo y su mensaje, mejor podremos cumplir nuestra misión: «Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas» (Mc 12, 30).

Alimentarse:

«Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles» (Sal 126). El apostolado difícilmente tendrá eficacia si no está apoyado, arraigado, en una vida de continuo trato con el Señor.

Siendo Cristo, enviado por el Padre, fuente y origen del apostolado de la Iglesia, es evidente que la fecundidad del apostolado depende de su unión vital con Cristo.

La caridad, conseguida sobre todo en la Eucaristía, «siempre es como el alma de todo apostolado» (CIC. 864; 2044). San Juan Pablo II también se refería a la Eucaristía como «fuente y epifanía», es decir, es el origen de toda caridad y la revelación que abre nuestros ojos a nuestra realidad interior y la de los demás.

Vivir y transmitir:

No basta con conocer el Evangelio, ponerlo en práctica es lo más importante. Los cristianos tenemos que proclamar el Evangelio, ante todo, viviéndolo.

El testimonio es lo que finalmente convence a los demás y es el mejor medio para anunciar el mensaje de Cristo. Como dice la frase atribuida a san Francisco de Asís: «Predica todo el tiempo y solo si es necesario, habla».

Transmitir, es la tercera misión del apóstol. Pero esto no debe ser visto como una tarea más, no es una mera obligación impuesta. El verdadero apostolado es alegre. Es como cuando escuchas una canción excelente y quieres compartirla con tus amigos para que disfruten de ella.

Es como cuando encuentras una serie entretenida o ves una película alucinante e inmediatamente se las recomiendas a tus amigos. Y digo amigos, porque son personas a las que quieres y procuras para ellos lo mejor.

Pasar tiempo de calidad con nuestro Señor (más aún en su presencia real, la Eucaristía) nos permite experimentar su amor, ternura y calidez, y nos hace ver nuestra vida desde su punto de vista.

Permite el autoconocimiento y nos muestra nuestros errores, pero desde una luz suave y de esperanza. Nos hace ver la realidad en la que vivimos desde su perspectiva (por eso es que, aunque puede haber preocupación, jamás habrá angustia).

Finalmente, nos hace ver a los demás ya no como extraños sino como nuestro prójimo. Por eso, el apostolado se dirige hacia los demás (amigos y extraños) porque el Señor ya le mostró al apóstol que lo que decía la Iglesia durante 20 siglos era cierto…verdaderamente, somos hermanos.

4. Hagamos del planeta un mejor lugar para vivir

El compromiso con nuestros ideales nos hace mejores personas. Debemos luchar y trabajar por algo más grande que nosotros mismos. El apostolado en la vida del cristiano permite esto precisamente. Una vez más, en su exhortación Evangelii Gaudium, el papa Francisco señala refiriéndose al apostolado:

«Es la predicación informal que se puede realizar en medio de una conversación y también es la que realiza un misionero cuando visita un hogar.

Ser discípulo es tener la disposición permanente de llevar a otros el amor de Jesús y eso se produce espontáneamente en cualquier lugar: en la calle, en la plaza, en el trabajo, en un camino.

En esta predicación, siempre respetuosa y amable, el primer momento es un diálogo personal, donde la otra persona se expresa y comparte sus alegrías, sus esperanzas, las inquietudes por sus seres queridos y tantas cosas que llenan el corazón.

Solo después de esta conversación es posible presentarle la Palabra, sea con la lectura de algún versículo o de un modo narrativo, pero siempre recordando el anuncio fundamental: el amor personal de Dios que se hizo hombre, se entregó por nosotros y está vivo ofreciendo su salvación y su amistad.

Es el anuncio que se comparte con una actitud humilde y testimonial de quien siempre sabe aprender, con la conciencia de que ese mensaje es tan rico y tan profundo que siempre nos supera.

A veces se expresa de manera más directa, otras veces a través de un testimonio personal, de un relato, de un gesto o de la forma que el mismo Espíritu Santo pueda suscitar en una circunstancia concreta.

Si parece prudente y se dan las condiciones, es bueno que este encuentro fraterno y misionero termine con una breve oración que se conecte con las inquietudes que la persona ha manifestado.

Así, percibirá mejor que ha sido escuchada e interpretada, que su situación queda en la presencia de Dios, y reconocerá que la Palabra de Dios realmente le habla a su propia existencia».

Reflexión final

De llevar a cabo este tipo de apostolado, ciertamente, habremos ayudado en hacer del mundo un lugar mejor para la otra persona.

Finalmente, les comparto la letra de la canción «Antes que te formaras», una canción que siento es un llamado a armas. Armas de acogida y comprensión, un llamado a incendiar el mundo con el fuego de su amor, y que está basada en Jer 1. 

Antes que te formaras dentro del vientre de tu madre
Antes que tú nacieras, te conocía y te consagré
Para ser mi profeta de las naciones yo te escogí
Irás donde te envíe y lo que te mande proclamarás

Tengo que gritar, tengo que arriesgar
Ay de mí si no lo hago
Cómo escapar de ti, cómo no hablar si tu voz me quema dentro
Tengo que andar, tengo que anunciar
Ay de mí si no lo hago
Cómo escapar de ti, cómo no hablar si tu voz me quema dentro

No temas arriesgarte porque contigo yo estaré
No temas anunciarme porque en tu boca yo hablaré
Te encargo hoy mi pueblo para arrancar y derribar
Para edificar, destruirás y plantarás.