Este año, una reconocida marca de panecillos dulces (Donuts)conmocionó a su público con una campaña publicitaria que los ha hecho viajar en el tiempo y pensar en segundas oportunidades.

Todos sabemos el poder que tienen los recuerdos, por ello, a través de la campaña que decidieron titular «El Círculo Perfecto», se ha creado un spot cuya historia parece ser una con la que muchos se identifican.

Acompañado por una canción pop/rock vitalista, el spot relata la historia de una joven que, tras experimentar una serie de recuerdos (más vívidos que nunca) logra reencontrarse consigo misma y reconciliarse con la vida matrimonial que lleva.

Te comparto el video:

Sin duda, este video me ha hecho reflexionar sobre cómo siempre hay segundas oportunidades para reintentar o reiniciar cualquier estado en nuestra vida, incluso cuando todo parece perdido. Especialmente, me ha hecho pensar en la vida espiritual.

Un proceso de conversión

Estoy segura de que muchos de nosotros hemos experimentado un proceso de conversión que seguro inició con una fuerte experiencia. Quizá alguna plática con un buen amigo, tal vez un retiro al que (incluso sin querer) asististe y te cambió la vida.

O posiblemente de alguna otra forma recibiste un llamado especial del Señor.

A partir de esta experiencia, como fieles creyentes nos hemos dedicado a construir una relación con Dios, esforzándonos por hacer de esta una que nos lleve a la salvación.

Pero, en el camino de la fe, ¿cuántos de nosotros nos hemos sentido perdidos en algún momento?

Indudablemente, muchos nos podremos identificar. El camino de la fe es uno basto y hasta me atrevería a decir que «imperfecto». No porque la fe sea imperfecta (al contrario), sino porque por miedo, duda o falta de acompañamiento, nos empezamos a alejar de nuestros pilares fundamentales y experimentamos lo que se suele llamar como un «desierto espiritual» (que en otras palabras definiría como una vida espiritual en declive).

Un cambio inesperado

Justo en este aspecto es en donde veo una similitud con lo que experimenta la protagonista en el spot. Al principio ella se muestra preocupada, pensando en segundas oportunidades… ¿merece una? Al final, está sumamente motivada a trabajar su matrimonio.

¿Qué fue lo que cambió? Volvió a hacer las cosas que nunca debió de haber dejado de hacer, aquellas que forjaron una relación vívida y alegre con su marido.

Justamente esto es lo que necesitamos cuando nos encontramos en tal desierto: volver a hacer aquello que nos mantuvo a flote en nuestra vida espiritual, aquello que nos acercó a Cristo y que enriquecía nuestra alma.  Es decir, recordar las bases sobre las que se sustenta ese firme deseo de llegar un día con Dios.

Como recomendación personal, pudieras empezar por comprometerte a dedicar al menos 5 minutos de oración al día, asistir a Misa, visitar al Santísimo o repetir una jaculatoria constantemente en tu día.

Es una maravilla cómo Dios utiliza cualquier medio para comunicarse con nosotros. ¡Quién diría que incluso sería capaz de usar un comercial de tv para hacernos llegar un firme mensaje: «siempre es posible volver a empezar»!

Si estas en una etapa de tu vida en la que podrías identificarte con un desierto espiritual, te aconsejo también leer este artículo, estoy segura de que te ayudará muchísimo.