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Cuando somos niños tenemos sueños y proyectos, algunos disparatados, propios de la edad. Pero conforme van pasando los años, todos o muchos de esos sueños se van quedando en el baúl de los recuerdos, en el olvido.

Corremos el peligro de que nuestra vida se vuelva tan monótona, que no le encontremos un verdadero sentido. Viviendo, muchas veces, sin saber cuál es el propósito de nuestra existencia.

Dejando que los días pasen sumergidos solo en nosotros o buscando falsos escapes que a la larga nos dejarán con un mayor vacío. ¿Te suena familiar?


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Te invito a que veas este video de la compañía de snacks MadeGood para que reflexionemos sobre dos temas: la importancia de soñar y de actuar.

¿Y si convertimos los sueños en realidad?

Este grupo de adolescentes nos muestra su genuino interés para buscar soluciones que acaben con el hambre en el mundo, y aunque sus ideas están lejos de la realidad, es admirable lo que pretenden.

Cuando uno está en esa etapa de la vida tiene mucho ímpetu, pero tristemente se va perdiendo con el paso del tiempo.

Por eso es función importante de padres y educadores motivar a los más jóvenes y ayudarlos a realizar nobles ideales.

El mundo tiene demasiados problemas, lo sabemos, y al igual que estos chicos, también nosotros estamos llamados a hacer algo.

¿Qué hacer para materializar los sueños?

Hace poco leí una frase: «Millones de jóvenes quieren limpiar el planeta… Y millones de padres y madres quieren que empiecen por sus propios dormitorios».

Las buenas intenciones tienen que estar acompañadas de acciones, pero querer cambiar todo lo que está mal en el mundo y no empezar por mí mismo, no es real.

Es necesario autoevaluarnos, hacer un examen de conciencia de cómo va nuestra vida. Saber qué nos hace bien, qué necesitamos cambiar, qué podemos mejorar.

Pedir al Espíritu Santo que nos ayude «a ver más allá», es decir donde hay una necesidad, que sane nuestro interior para que saliendo de nuestro egoísmo podamos darnos a los demás, comenzando por nuestro entorno más cercano.

Hacer un firme propósito cada día y aunque fallemos una y otra vez, con la ayuda de Dios, seguir perseverando.

«No es tanto lo que hacemos cuanto el amor que ponemos en lo que hacemos lo que agrada a Dios»

Esta frase de santa Teresa de Calcuta lo resume todo, ojalá pudiéramos recordarla más seguido. Jesús ya nos dio la clave para lograr el verdadero cambio: «Que os améis unos a otros como yo os he amado».

El amor se demuestra en el servicio, por lo que realizar un voluntariado o un apostolado dentro de un grupo o movimiento de la Iglesia es poner en práctica los dones que Dios nos ha dado.

Estamos llamados a ser sal de la tierra y luz del mundo (Mt 5,13-16). La sal da sabor a la comida, y la luz ilumina la oscuridad, ambas están con un propósito de servicio.

No nos quedemos solo en la oración pasiva, en el «ojalá algún día las cosas cambien». Dios nos ilumina y nos ayuda siempre, pero también necesita que actuemos, que pongamos manos a la obra.

¡Ánimo, sí se puede! Podemos dar nuestra contribución para que algo cambie en nosotros y en nuestro entorno, para hacer de este un mundo distinto.

«A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota» — Madre Teresa.

Como dijo el papa Francisco: «Sean gente viva, gente con ideales, gente que cambie el mundo. No se queden quietos, no sean como estatuas».

Artículo elaborado por Verónica Tito.

Sueños: ¿cómo lograr un verdadero cambio con ellos?