Ayer, Sofía Carreón de @Seamos Santos publicó un video que rápidamente se hizo casi viral y fue compartido por distintas cuentas católicas, entre ellas nosotros. 

Realmente el video es una genialidad, un excelente recurso que en apenas tres minutos, nos ilustra de una manera muy sencilla y a la vez profunda lo que significa la santidad. 

Hablar de la santidad no siempre es sencillo. Los catequistas y profesores de religión cada vez que queremos hablar de santidad a los primeros que miramos y recurrimos es a los santos y su ejemplo.

La literatura e historia de los santos nos muestra muchas veces lo heroico o lo extraordinario. Es como si sus vivencias tuvieran la intención de inspirarnos a la santidad a través del asombro por tales acciones tan impresionantes.

Y aunque aquellas historias nos conmueven y nos llenan de asombro, también solemos sentir que lograr aquello parece imposible. ¡Este video sin duda encenderá tu alma con el fuego del amor de Dios!

«¿Cómo yo, un simple mortal podría alcanzar tal grandeza?»

«Tal vez la santidad solo sea para personas extraordinarias». Cuando nos aproximamos desde esa mirada, la santidad se vuelve un concepto casi inalcanzable.

Nada más errado que eso, la santidad no solo es algo posible sino que es un camino al que todos estamos llamados. Un camino que sin darnos cuenta lo empezamos a recorrer desde el día en que nacimos.

Ser santo significa en primer lugar «ser», es decir tomar conciencia de que existo, de que «soy yo» único e irrepetible.  Y vivir esta existencia esforzándome por descubrir cómo es que Dios me ha pensado. 

La santidad no es algo raro o lejano

Es algo que se vive en el presente. Es caminar, de la mano de Dios, consciente de que lo necesitamos, de que somos frágiles, vulnerables y que caeremos.

La santidad, como bien dice Sofía, tiene que ver con la perseverancia, con pararse y volver al camino una y otra vez, y otra vez más. Ayudados por la gracia de Dios, claro, pero también es un camino que recorremos junto a muchos más: familia, amigos, Iglesia.

Nos necesitamos los unos a los otros. Cada uno en ese camino será importante para el otro. Algunos con mayor experiencia o con intuiciones más cercanas a Dios, nos advertirán de los peligros o incluso nos formarán en el recorrido.

Otros nos enseñarán con sus caídas y dolores, y a la vez estos alimentarán nuestra fortaleza para continuar porque seguiremos por ellos. Porque podemos seguir amando siempre, aunque algunos no quieran seguir, podemos caminar cierto trecho por otro y en nuestra oración, llevarlos a cuestas.

El camino hacia la santidad no es igual para todos

A veces es más corto, otras veces más largo, pero apunta siempre al mismo destino: la patria celestial y la felicidad plena en el encuentro con Dios.

Es algo que estamos recorriendo en el momento actual. La santidad tiene que ver con tu presente, con tu libertad de elección y por supuesto con el amar en lo grande, pero por sobre todo en lo pequeño y cotidiano.

¿Te has preguntado cuál es el camino que vienes recorriendo?, ¿te habías dado cuenta que la santidad no es algo a lo que vas a llegar sino un estado que vives de a poco día a día? La santidad es una tarea cotidiana que tiene que ver con el amor a Dios y el amor a los demás en cada momento. 

«La santidad «grande» está en cumplir los «deberes pequeños» de cada instante» (San José María Escrivá).