No te ha pasado que cuando te hablan del santo abandono te cuesta entender de qué te están hablando. Pues a mí si me ha pasado y aunque ahora lo entiendo mejor me sigue costando mucho vivirlo. 

Te cuento que abandonarme me cuesta precisamente porque implica darme cuenta de que las cosas no dependen completamente de mí, que no puedo conseguir lo que quiero por mis simples fuerzas y que lo que hago muchas veces no es suficiente. 

Pero ¿qué es el santo abandono?

el santo abandono, Si el santo abandono es santo ¿por qué es tan difícil? ¡Te cuento cómo dar un gran salto!

A veces pensamos en el «santo abandono» y A) no entendemos qué es exactamente o B) pensamos que es algo que viven grandes santos y que no tiene nada que ver con la vida ordinaria. Déjame decirte: tiene todo que ver.

El «santo abandono» tiene su base en la confianza. Piénsalo de esta manera: si vas a lanzarte de un avión, seguramente no te lanzarás si no confías plenamente en la formación que te han dado los instructores. Si no confías en que el paracaídas funciona perfectamente.

Es decir, para tomar ese salto debes asegurarte y confiar en que todo saldrá a la perfección. Pues podemos pensar que Dios, que evidentemente es mucho más que un paracaídas o un avión.

Es quien tiene la visión completa de nuestras vidas y las de todos los demás. Él es quien tiene el control y sabemos que nos ama mucho más que lo que nos ama cualquier persona. Sabe mucho mejor que nosotros mismos, lo que necesitamos antes de que lo necesitemos. Entonces, ¿por qué desconfiamos y no tomamos el salto hacia la santidad?

Ya lo sé… es difícil

el santo abandono

Te creo si me dices: «esto es muy difícil», porque para mí también lo es. Volviendo a nuestra imagen anterior: «lanzarnos de un avión» nunca será sencillo. Pero si ponemos circunstancias de nuestra vida común aquí, tales como ese trabajo que tanto queremos, encontrar a la persona con la que deseamos compartir nuestra vida o la espera de ese hijo que no llega… estos son saltos que todos debemos tomar.

Es decir, que debemos actuar, trabajar, poner todo de nuestra parte y después dormir tranquilos sabiendo que Dios es quien tiene la última palabra. Nada pasa sin que Él lo permita. Y lo que permite, lo hace porque conoce tu pasado, tu presente y tu fututo. Y no solo el tuyo, sino el de toda la humanidad (es a esto a lo que me refiero cuando te hablo de la imagen completa). 

Confiar en la providencia de Dios y abandonarnos en sus manos es reconocer que Él es Dios y nosotros somos sus creaturas. Pero recuerda, no solo somos eso: Somos sus hijos amados, por quienes ha entregado a Su propio Hijo. No hay amor más grande que el de Dios por cada uno de nosotros.

Si estamos convencidos del amor de Dios y de su absoluta providencia, ¿cómo no confiarle todos nuestros anhelos, deseos y cada una de nuestras preocupaciones y lanzarnos a la aventura de la vida en la que nosotros hacemos, en conciencia, lo que tenemos que hacer y después dejamos a Dios ser Dios?

Consejos prácticos

Te dejo una pequeña lista para ejercitar el santo abandono:

  1. En la oración de la mañana ofrécele a Dios tu día y confía en que Él estará contigo en cada momento. 
  2. Si estás pasando por un mal momento, tienes dudas o ansiedad de tu futuro, toma tiempo para ir a visitarlo en el Santísimo. Pon delante de Él tu vida y necesidades.
  3. Déjate abrazar por Dios, abre los brazos y tu corazón. Confía en que Él te ama más que cualquiera. Puede que no entiendas su plan, pero alábalo con fuerza en tiempos de dificultad. Recuerda: Él es Dios y todopoderoso.