
Hace unos años, en una entrevista con Mons. Barron, el psiquiatra canadiense Jordan Peterson afirmó que, si la Iglesia se estaba vaciando cada vez más, era porque no se les exigía lo suficiente a los fieles; no había aventura en el horizonte cristiano. Y tiene razón. Nuestro corazón, diseñado por Dios, es uno que anhela aventuras.
Prueba de esto es que, cuando nuestras vidas están cómodas y tranquilas, nos creamos nuestros propios problemas. El documental The Void, producido por PragerU, aborda esta realidad.
Traemos esta idea a colación porque nos encontramos con que la gente de Catholic Stuff entiende perfectamente que lo atractivo del Evangelio radica en la apuesta radical por él. Hace apenas unos días, subieron a su canal de YouTube un corto sobre la vida de San Edmund Campion, S.J. En sus 24 minutos, el video logra introducirnos en la vida de este héroe del siglo XVI, quien amaba tanto a su querida Inglaterra que sufría al ver cómo se alejaba de la Verdad.
Erudito, graduado de Oxford con honores, Campion había sido considerado para ser Arzobispo de Canterbury. Sin embargo, lo dejó todo para unirse a la entonces naciente Compañía de Jesús y luchar contra la ola de cambio que se estaba gestando en Inglaterra, impulsada por Enrique VIII y su hija Isabel I (resumiendo así no más).
Te propongo algunos puntos de reflexión para charlar después de ver el corto.
1. San Edmund Campion y el reto de amar hasta el extremo
Edmund amaba tanto a Cristo que estuvo dispuesto a dar su vida para defender su Evangelio en un país que lentamente le daba la espalda. Hoy en día, esta realidad también es válida para nosotros, aunque en menor medida. No nos van a mandar a la horca por decir que los tiempos actuales se alejaron de la verdad y que la conversión es muy necesaria.
Sin embargo, si ocupamos una posición visible en el mundo y osamos decir algo que vaya en contra de la corriente, la cultura de la cancelación puede destruirnos en segundos. Si no, preguntemos a Winston Marshall, Neal McDonough, Dolores Hart o Jim Caviezel.
El corto, conciso en su mensaje, despierta en la audiencia el deseo de jugarse por el Evangelio con la misma pasión que este mártir lo hizo.
2. La sangre de los mártires es semilla de fe renovada
«Los tiempos difíciles crean hombres fuertes; los hombres fuertes crean tiempos fáciles; los tiempos fáciles crean hombres débiles; los hombres débiles crean tiempos difíciles». Nos encontramos en la etapa en la que los hombres débiles están creando tiempos difíciles. Necesitamos convertirnos en hombres (y mujeres) fuertes.
La debilidad de carácter nos lleva a querer agradar al mundo, a traicionar el mensaje del Evangelio con tal de que todos se sientan acogidos. Nos lleva a defender cosas que no necesitamos defender, sacrificando nuestra fe en el proceso. Pero no decimos esto para señalar hacia afuera, sino con puño que golpea nuestro pecho penitente: somos los primeros responsables.
La Santa de Calcuta dijo que para cambiar el mundo, cada uno debía comenzar por sí mismo. San Edmund Campion no evangelizaba tanto con sus palabras como con su silencio y su testimonio encarnado. El final de su vida habló más fuerte que cualquier discurso elocuente que pudiera haber dado.
3. El triunfo del cristiano vs. el triunfo del mundo
A primera vista, Edmund fracasa. Muere en manos de sus enemigos, y su apostolado no logró revertir la ola anglicana que prevalece hasta el día de hoy. Un fracaso, dirán algunos. Pero los éxitos no se miden como lo hacen los economistas.
Nuestro Dios tiene una lógica distinta: para Él, uno es más que noventa y nueve. La conversión de Henry Walpole, quien llegó incluso a ordenarse sacerdote y entregar también su vida por el Evangelio, tiene más valor que noventa y nueve personas que no necesitaban convertirse.
Dios se rige por la lógica del amor. Actos de amor y entrega engendran mayores actos de amor y entrega.
4. El discurso final en la película de san Edmund Campion
El intercambio entre Campion y sus ejecutores es digno de ser visto una y otra vez, tanto por lo que dicen sus adversarios como por lo que dice él.
«El mundo está cambiando. Las ideas, las creencias, todo se transforma. Si la Iglesia no cambia con el ritmo de los tiempos, será arrastrada por el torrente del progresismo. Campion, los católicos sois una especie a extinguir. La reina Isabel y sus consejeros solo desean la supervivencia de la Iglesia. ¿Dónde está tu Dios? ¿Por qué no viene a salvarte? Dios puede todo, ¿verdad? Dios ha dejado el mundo para los hombres. Nosotros somos los que decidimos lo que está bien y lo que está mal».
Este discurso, en boca de Richard Topcliffe, nos pareció fantástico. Tal vez no sea históricamente exacto, pero sí refleja de forma elocuente lo que lleva al mundo a odiar el cristianismo, y lo que hace que el cristianismo sea siempre original: cuando el cambio es la norma, la permanencia es la verdadera novedad.
C. S. Lewis lo expresó así en Mero Cristianismo: «Nadie que se preocupe por la originalidad será original; mientras que, si simplemente tratas de decir la verdad, resultarás, nueve de cada diez veces, original sin siquiera darte cuenta. Este principio cubre toda la vida. Olvídate de ti mismo y encontrarás tu verdadero ser».
Que los tiempos cambien no implica que la Iglesia deba hacerlo. Más bien, marca la necesidad de permanecer en Dios, la Roca sobre la cual el prudente construye su casa.
Topcliffe dice también que Dios nos dejó la tierra para hacer lo que quisiéramos. Pero fue justamente «hacer lo que quisiéramos» lo que llevó a Adán y Eva a la caída, poniéndonos a nosotros en un lugar que no nos corresponde: el lugar de Dios. Pretender ser el criterio último de lo que está bien y lo que está mal es una responsabilidad demasiado grande para nosotros.
¿Qué más te pareció rescatable del corto? ¡Déjalo en los comentarios y sigamos el diálogo!
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No he visto el documental.
Pero tú artículo me pareció excelente y lleno de verdad.
Felicidades