Me he topado con una canción bellísima y no quise perder la oportunidad de compartírselas. Se llama «Samaritana» y es de nuestra querida amiga, la cantautora católica Athenas. ¡Aquí va!

Como el título dice, la canción se centra en el pasaje de San Juan sobre el encuentro de Jesús con una samaritana. «El propósito (de esta canción) es que todos puedan contemplar y profundizar en esta historia, y que se unan a la oración y el anhelo que la misma representa. Solo Jesús puede saciar la profunda sed que tenemos en el alma y llenar nuestros vacíos con su amor», declaró Athenas.

Entonces, ¿meditamos juntos en ella?

La samaritana y un encuentro muy esperado

Él se encontraba sediento y cansado por una larga caminata (¿de agua o de almas? ¡Cuánto habría y sigue buscándonos!). Entonces, le ruega a la mujer que le dé de beber agua del pozo de Jacob (¿un Dios que ruega un gesto de cariño? ¡Qué loco!, ¿no?).

La samaritana, según el relato, reacciona con asombro y cierto rechazo – por tradición e historia, sabemos que los judíos no trataban con los samaritanos -. Ante esto, Jesús le respondió con dulzura una frase que personalmente he guardado en mi corazón por mucho tiempo:

«Si conocieras el don de Dios,  si supieras quién es el que te pide de beber, tú misma le pedirías agua viva y él te la daría. (…) Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás,  (…) será una fuente de agua para la vida eterna» (Jn 4, 6 – 29). 

Entonces, ella, abriéndose al Espíritu, se alegró de encontrar en Jesús al Cristo que su pueblo tanto había esperado. El Amor que ella misma esperaba. ¡Y corrió para dar a conocer esta extraordinaria noticia! 

Dejarnos ver por Jesús

Lo más lindo en este relato – y algo en lo que quiero invitarte a reflexionar – es cómo Jesús nos pide que, incluso a pesar de nuestra historia personal, reconozcamos en Él al Señor dador de vida eterna. Un Dios vivo, todo amor y cercano.

Esta es una invitación para dejarnos ver a través de Sus amorosos ojos y así, sincerándonos con Él y con nosotros mismos, nos podamos reconocer como hijos vulnerables, pero dispuestos a pedir de esa agua viva que solo Él puede ofrecer

Porque, ¿cuántas veces nos hemos alejado de Dios por pensar que no somos dignos?, ¿cuántas veces no hemos atendido a Su continuo llamado por cargar con el recuerdo de nuestros pecados?

Viéndonos con la ternura, piedad y misericordia del Jesús que encontró en la samaritana a una alma necesitada, podremos encontrar y compartir la alegría y esperanza que nuestra alma anhela. 

Hermanos, si conociéramos el don de Dios, si entendiéramos cuánto nos ama y cuanto ansía que volvamos a Él, ¡no duraríamos nunca en seguirlo! 

 

¿Te ha gustado la canción? ¡Compártenos tus reflexiones, nos encantará leerte!

samaritana