
«A cambio de tus padres, tendrás hijos que nombrarás príncipes por toda la tierra» (Salmo 45, 17)
Hay frases de la Palabra que se quedan dando vueltas adentro, como si esperaran su momento para hacerse claras. Esta es una de ellas. A cambio de tus padres, tendrás hijos… La primera vez que la leí, no supe bien qué quería decir.
Pero sentí que había algo ahí para mí; algo que tenía que ver con la historia de donde vengo, con lo que heredé, con las marcas que también me habitan. Con los años fui entendiendo que esta promesa habla de cómo Dios transforma lo heredado en algo nuevo.
Que hay heridas que no se niegan, pero se vuelven fértiles cuando Él entra en la historia.
1. Nuestros padres hicieron lo mejor que pudieron
Todos venimos de una historia. De una familia que nos dio la vida, de padres que, con sus límites y sus luces, hicieron lo que pudieron. Algunos estuvieron presentes, otros no tanto. Eso deja huellas. No se trata de culpar ni de idealizar.
Ellos también fueron hijos. También buscaron amor, también se equivocaron. En ese tejido imperfecto de vínculos, Dios estuvo y está, silencioso, sosteniendo desde adentro lo que a veces sentimos que se rompió…
(…)
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Yo, no tengo hijos en la tierra, pero si en el cielo. Mi madre amenazaba con matarme si yo tenia un embarazo. Mi padre me llamana mujer de la. Vida galante cunado se enteró. Mi primer bebé no llegó a vivir más allá de dos meses en mi vientre. Ya me perdonó Dios, a veces me siento que yo me he perdonado. Dios perdone a mis padres porque si nos hicieron mucho daño con todo tipo de violencia a mi y mi hermana. Ella tampoco pudo tener hijos ni esposo, como yo. Y que Dios me ayude a perdonar los y perdonarme por sentir a veces todavía este resentimiento.