He visto esta bella historia y me ha nacido compartírselas. El protagonista, recién ordenado como sacerdote católico, se llama Maxi, tiene 26 años y nació en República Dominicana.

Maxi, quien viene de una familia evangélica, mas no practicante, nos relata su conversión y su vocación a través de las redes oficiales del Opus Dei. Te comparto el video:

Una de las cosas que más me impresionó es que Maxi afirma que siempre se interesó porque le hablaran de Dios, incluso desde pequeño. Solo que, a su corta edad, no lograba diferenciar entre lo que predicaban los hermanos evangélicos y nuestra fe católica.

Fue hasta que se mudó a España y se integró a una comunidad educativa católica que empezó a cuestionarse sobre su religión. Ahí, con la catequesis de un profesor, sus «abuelastros» y el ejemplo de San Juan Pablo II, pudo definir su vocación.

Contrario a lo esperado por él, su madre, al enterarse de su ordenación como sacerdote católico, le dijo: «no pasa nada, si esto es de Dios, tiene que ser así». Y no podría haber tenido más razón.

Los caminos de Dios son misteriosos

Este testimonio me ha hecho recordar las muchas y preciadas historias de conversión que han dado fruto en nuestra fe católica. Pero, también me ha hecho pensar en cómo Dios tiene grandes «planes» para nuestra salvación. Esto, aun y cuando los caminos por los que nos lleva suelen ser difíciles de entender.

Maxi tuvo que cruzar todo un océano para darse cuenta de qué era lo que Dios esperaba para su vida. Hoy, con gran alegría, reconoce que fue la mejor decisión.

¡Somos muy libres!

Nuestro libre albedrío y la Voluntad de Dios nos llevan por vías llenas de sorpresas cuando aceptamos lo que nuestro Padre nos ha preparado. Se los digo yo, que me he identificado con esta historia porque también tuve que cambiar de continente para convertirme.

«Dios obra de formas misteriosas». Sí, pero siempre para nuestro bien, un bien mayor. Así que, hermano, «no te olvides de caminar por fe y no por vista» (2 Corintios 5, 7).

Permite que el Espíritu de Dios guíe tus pasos y deja caer tu costado sobre los brazos de tu Padre. Te aseguro que, aun y cuando el camino no sea recto, el final siempre será hermoso.