El fútbol es el deporte de mis amores. Aún puedo recordar estar en el estudio de mi abuelo y escuchar en una antigua casetera (sí esas donde se usaban cassettes, ¿recuerdas?) los goles de Boca Juniors: «gooooooool de Bocaaaa tatatatatatatatata». La sonrisa cómplice de mi abuelo y el entusiasmo desbordante de mi padre hicieron que este deporte acompañara no solo mi niñez sino mi vida entera. Hoy soy una madre fanática y grito desaforadamente, cual final del mundial, cada vez que mi hijo de 5 años mete un gol… sí para vergüenza de algunos miembros de la familia, pero qué se le va a hacer. Amo el fútbol

Para suerte mía este amor futbolístico lo comparten todos en casa, ya se imaginarán cómo estamos luego de que Perú regresara al Mudial luego de 36 años, ¡la casa casi la pintamos de rojo y blanco entera!

El fútbol, el deporte en general, sobretodo cuando un país entero se identifica con él y siente orgullo, puede lograr cosas hermosas. Alguna vez, alguien a quien admiro mucho y quiero aún más, me dijo: «hay símbolos que nos emocionan mucho porque nos dan orgullo. Pero es el esfuerzo lo que realmente vale. Cuando unimos pasión, esfuerzo y valores el resultado es magnífico. Y, ¿cómo es que aprendemos esto? En la familia, el verdadero orgullo nace en la familia. El valor está en la relación que se construye cuando ésta se fundamenta en el sentido, la verdad, el bien y el amor. Y todo esto se enseña en la familia. El deporte se le parece, a veces uno debe hacer deporte para recordar qué significa ser una familia».

En este sentido el mundial nos ha dejado más que goles. Aquí les dejamos una muestra en esta galería que hemos preparado para ti: