Este es un video de Yokoi Kenji, famoso conferencista colombo-japonés quien en esta oportunidad nos habla de una forma muy particular del valor de la vida y la muerte. «Respira», como decidió titular este video, es un recurso excelente para hablar de nuestra fortaleza espiritual, de nuestra valentía para afrontar los retos de la vida y del innato deseo que tenemos todos por sobrevivir.

Cuando la vida se hace gris, cuando los problemas parecen superarlo todo, cuando el dolor parece insoportable, cuando sentimos que hasta Dios se ha olvidado de nosotros o que simplemente ya no hay razones suficientes para vivir, esta reflexión cae como anillo al dedo.



¿Morir?… hoy no

Estoy segura que todos hemos sentido alguna vez que ya no podemos más. Con los problemas en el hogar, con la familia hecha trizas, con las amistades rotas, con las heridas cada vez más profundas en la relación de pareja, con los hijos metidos en líos, con las deudas, la depresión, o el agotamiento físico y espiritual.



Los ejemplos de situaciones cotidianas que menciona Kenji me refrescan el alma. Son las cosas del día a día las que construyen nuestra vida, las oportunidades y los triunfos, las alegrías y las tristezas. Estar destruido por dentro y sacar fuerzas de donde ya no las hay para ir a trabajar, para llevar a los niños al colegio o para ir a estudiar, es renunciar a la muerte. Significa levantarnos una vez más para seguir, seguir viviendo, seguir luchando.

La muerte asimilada como la mejor salida

La vida nos tritura, es salvaje y voraz. Y en ocasiones nosotros mismos tomamos las desiciones equivocadas, las más estúpidas. Las que finalmente nos llevan a pensar que la muerte podría significar lo mejor, un descanso para nosotros mismos y para los demás. «Así no Kenji, respira, así no», esa voz que menciona Yokoi es la misma voz de Dios, que nos susurra al oído «hoy no vas a morir, respira y sigue adelante».

Sucede que en la oración y en esos ratos en que podemos meditar a solas, Dios nos habla. Lloramos con desazón e incluso con rabia, gritamos o maldecimos, se nos cruzan los peores pensamientos por la cabeza. Pero luego viene el silencio, la paz, ya no queda nada, más que limpiarnos las lagrimas, dejar de quejarnos y pararnos para volver a intentarlo.

Respira, porque hoy no es el día en que todo acabará para ti

Hoy no es el día en que los problemas acabaran con tu vida. No, no será hoy el día en que el dolor te arrebate todo lo bueno que has construido. Hoy la muerte no se llevará tus sueños, tus anhelos o tus deseos de seguir adelante. Recuerda que las crisis son una oportunidad para fortalecernos en todos los sentidos. Tal vez no veamos ni una pizca de positivismo en lo que nos está sucediendo, pero recuerda que todo pasa y un día podrás volver la mirada atrás y decir, lo logré, fue difícil pero aquí estoy.