«Kinne Tonight» es un programa de comedia y humor que emite la televisión australiana. Sería similar o parecido al programa «Hoy no, mañana» de la televisión pública española, que tiene como misión entretener y divertir. Y aunque lleva unos pocos años en antena, la última temporada se ha estrenado en mayo de este año.

Uno de sus últimos sketch, «Say cheese» (di queso) que hemos seleccionado para comentar en este post, ha tenido una muy buena acogida en las redes sociales y no solo por su tono divertido. Sin entrar en grandes descripciones, el video muestra a un grupo de jóvenes sonrientes de excursión paseando por un hermoso lugar, que piden a un ciclista que pasa junto a ellos que les haga una foto para inmortalizar el momento.



La gracia o lo divertido surge cuando el ciclista les propone decir una palabra, «queso», para salir sonrientes y alegres en la foto. Claramente, lo mejor es ver el video completo.



Crítica social sobre el respeto

Y es que al margen de la broma y de lo gracioso, el video encierra una no pequeña crítica social, sobre el «respeto» y la «tolerancia», cuestiones de las que se habla y se exige tanto hoy en día. Y es que pareciera que, en determinadas situaciones o ante determinadas personas, cualquier cosa que podamos decir puede ser sacada de contexto para ser considerados o calificados como intolerantes o intransigentes.

Da la impresión no solo que pensar de forma distinta a lo políticamente correcto esté mal visto, sino que parece que ahora no se puede hablar con plena libertad sin que alguien encuentre en nuestra palabras una excusa para sentirse herido y ofendido, por supuesto al grito de la libertad, de expresión y opinión. Me acordaba de ciertas palabras de un reciente santo de la Iglesia:

«No me seas tan… susceptible. —Te hieres por cualquier cosa. —Se hace necesario medir las palabras para hablar contigo del asunto más insignificante. No te molestes si te digo que eres… insoportable. —Mientras no te corrijas, nunca serás útil».

No podemos agradarle a todo el mundo

Es claro que no podemos poner nuestra felicidad en gustar a todo el mundo, en lo que hagamos o digamos. El problema actual quizá esté en convertir lo plural y diverso en enemigo y opuesto a lo propio, generando por ello relaciones discrepantes y adversas que conducen al rechazo recíproco.

Evidentemente no se llega a esto de un día para otro. Tampoco es que sea un fenómeno generalizado a todas las personas de todos los lugares. Pero sí es una conducta presente en muchos jóvenes de hoy, que han crecido bajo el paraguas del individualismo y del enaltecimiento de lo propio. Es esta la situación que favorece esa susceptibilidad de ver en lo que dicen y hacen los demás críticas a lo personal, a cómo soy.

Son situaciones que nos podemos encontrar de manera ordinaria en nuestro día a día. Intentemos afrontarlas con paciencia y serenidad, siguiendo, como en todo, el ejemplo de Jesucristo que debió de lidiar con situaciones parecidas. 

Ideas para tener en cuenta

1. Desde que leímos o nos explicaron el Génesis sabemos que en el mundo también está presente el mal. Por tanto debemos contar con su existencia y no por ello abandonar este mundo en el que la providencia divina nos ha colocado.

«No te pido que lo saques del mundo sino que los preserves del mal» rezaba la oración que Jesucristo dirigía a su Padre en la última cena. Por tanto debemos contar con la excesiva susceptibilidad y crítica por parte de algunos, y con ser incomprendidos.

2. Actuar siempre con caridad, al ejemplo de San Pablo. Sabiendo distinguir a las personas, que merecen todo nuestro respeto pues por cada una murió Jesucristo, de sus opiniones, ideas o formas de pensar, que tendrán el valor que tengan con las que se puede estar de acuerdo o no.

3. Intentar en la medida de lo posible mantener una actitud abierta y evitar lo más razonablemente que se pueda en actitudes, manifestaciones o hechos que sirvan de excusa para caer en la dinámica interminable de la falta de respeto y tolerancia ante lo que dicen y opinan nuestras conciudadanos.

En todo caso y como conclusión, los cristianos también somos ciudadanos del mundo, cuya presencia e influencia ha contribuido al bienestar social de muchos lugares, principalmente en la vieja Europa.

Sepamos transmitir nuestros ideales con amabilidad y don de gentes pero conscientes de nuestro derecho a hacerlo como lo tiene cualquier otro. Así también contribuimos a mejorar, sin duda, este mundo en el que estamos.