No sé si te pasó lo mismo: mi año 2022 acabó un poco «atropellado». Como cuando al final del show al malabarista se le cae todo de las manos. Y no quería ni leer las tantas resoluciones de año nuevo que sugerían tantas cuentas en redes sociales.

Porque apenas podía con mi fin de año: mi familia entera se contagió de nuevo de COVID-19 y yo tuve que aislarme. Así que pasé la Navidad sola. Pero eso me ayudó a vivir como un «retiro» espiritual, sin recibir mensajes ni tareas de trabajo.

¿Cómo descubrir las resoluciones de año nuevo que necesitaba? Te cuento la cadena de reflexiones que fui entendiendo

1. Debemos mirarnos con compasión

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Es que algo sucede cuando todo se nos cae: nos rendimos, nos permitimos sentirnos vulnerables, dejar de hacernos los fuertes y sentir lo que nos apena. Como de me decía un acompañante espiritual: «Lo que no se asume, no se puede transformar».

Asumirlo es cómo nos ayuda a mostrárselo a Dios, que lo mira con compasión, sin juzgarnos… y nos ayuda a hacer lo mismo y ordenarlo dentro de nosotros.

2. Preguntarnos: ¿hacer mucho o hacer bien?

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Medité en mi 2022. Creo que quise sentir que podía con todo porque quería sentirme más responsable, adulta, asertiva. Quizá también como consecuencia de 2 años de pandemia, quise volver a lo de antes e incluso hacer más, pero algo me faltó: discernimiento.

El discernimiento que enseñan los ejercicios de san Ignacio proponen mirar desde fuera la situación, escucharnos interiormente, pues ahí habla también Dios. Y no tomar decisiones por presión alguna, sintiéndonos hijos y no dioses de nuestra vida ni de los demás.

Entre las resoluciones del 2022 me inscribí a varios cursos, fui a todas las fiestas posibles, tomé varios proyectos y trabajos. Me mudé, cambié de comunidad de oración. Intenté meter todo en mi día y cada noche pensaba qué habría dejado pendiente, a quién le fallé o cuánto dinero gasté.

No tenía claro nada… Y mi solución era «hacer/dar más».

3. ¡Poner atención! Que el corazón no se vuelva duro

resoluciones, ¿Te estresas por tus propósitos de año nuevo? 4 ideas para evitar que te amarguen la vida

Pero el trabajo, el dinero, las relaciones, mi diario espiritual no fueron lo que más me preocupó al acabar el año, sino haber terminado como más amargada.

Me hablaba a mí misma y a quienes me rodeaban con poca ternura, no podía dar un buen consejo o abrazo, y veía todo como gris.

4. Ver la imagen de la Sagrada Familia

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Fue entonces que la imagen del pesebre -esa calma, ternura, sencillez y lentitud- y un libro llamado «La sociedad del cansancio» (Byun Chul-Han) me ayudaron a entenderme: necesitaba descansar.

Uf… Descansar es visto como un fracaso: «no pudo con más» o «es débil». Solemos rodearnos de personas o «mensajes» en redes sociales con esos discursos que rozan con lo inhumano.

Pero ese burnout es síntoma de algo: necesitamos descansar, descansar la mente, el cuerpo y el espíritu. Dejar de auto-explotarnos.

Este libro de «La sociedad del cansancio» afirma que nuestra capacidad de contemplar, esa capacidad de lo espiritual, se debilita cuando vivimos como máquinas «capaces de todo» donde no cabe el error, el dolor o el cansancio.

Me recuerda esa canción del P. Fones sj con el P. Meana:

«Vivo en el lado lento de la vida… donde el “te necesito” no avergüenza,

donde nadie te lleva por delante, montado en supervidas importantes…

Ya no quiero ser duro, pero muerto, prefiero vulnerable pero vivo»

Y también la canción de “Contigo de la mano” también del P. Fones sj

«Vengo aquí las manos manchadas huesos frágiles

Para conversar de mis errores, que te he perdido

Aquí estoy, lleno de victorias que no dejan paz

Atado a nuevos éxitos que atrapan, perdóname»

En conclusión, ¿cómo sacar mejores resoluciones?

Estas son algunas palabras que pueden guiarnos este 2023 (para no acabarlo fatigados y sintiéndonos vacíos y evadidos):

Humildad: para aceptar a Dios como Señor de todo. No todo está en nuestras manos y tenemos límites que aceptar para vivir sin frustraciones injustas con nosotros mismos.

Vivir lentamente: no dejar que la ansiedad se apodere de nuestras acciones. Vivir en paz nos ayudará a disfrutar y discernir lo que se va presentando, y estar presentes.

Escuchar -Mirar: la capacidad de contemplar para entendernos, entender el mundo y entender a quienes se acercan a nosotros con compasión y no desde instintos compulsivos.

Dejarme: dejarnos ser como Dios nos hizo. Con esas debilidades y talentos, dejarnos sostener por Él sin vergüenza. Confiar.

 

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