La Navidad es una época del año en la que, entre otras cosas, hacemos regalos a la familia y también a los seres queridos. Puede ocurrirnos que nos volvamos locos buscando los regalos perfectos para cada uno. Los más originales, para que las personas que lo reciban puedan sentirse felices y especiales.

Con ello podemos estar creando, sin darnos, cuenta la necesidad y obligación de tener que buscar un regalo a todos los que puedan esperarlo de nosotros. ¿Cómo no vamos a dar regalos en Navidad?

Esta es la acertada temática que presenta la empresa Manor AG, cadena de grandes almacenes de origen suizo, para la temporada navideña. El anuncio ha sido publicado y anunciado en Ads of Brands, la plataforma de publicidad sobre medios, marketing, publicidad y tecnología creada en 2013. Y realizado por la agencia publicitaria BETC, creadora de contenidos con sede en París, Londres y Sao Paulo.

Resumidamente, en el anuncio comercial se muestra a una joven pareja tratando de superarse mutuamente en la búsqueda del mejor regalo para el otro. Con humor e ingenio se describe el in crescendo de los protagonistas en la búsqueda del mejor regalo para el otro. El gato de peluche que ofrece uno es respondido con un gatito de verdad por parte del otro.

La competencia de regalos ha comenzado, y transcurre desde una pepita de oro, hasta el cuadro auténtico de la Mona Lisa. Incluso llegando a una simpática estrella alienígena del espacio. La rivalidad termina con el regalo de Manor, un regalo personal y especial para quien lo recibe.

Es el mensaje de fondo que se quiere comunicar: después de todo, el mejor regalo no es el más extraordinario, sino el más considerado hacia el otro.

¿Por qué queremos escoger los regalos de Navidad «perfectos»?

Creo que la temática que nos ofrece este spot está muy presente, más de lo que parece, en la mentalidad con la que muchos afrontan estas ya inminentes fiestas de Navidad.

Dentro de las posibilidades que cada uno buenamente tenga, a veces nuestra vanidad escondida, el afán de protagonismo o de quedar bien, o el excesivo empeño por ser espléndidos con personas concretas son razones que nos mueve a la hora de hacer regalos.

Con este modo de proceder buscamos, evidentemente, hacer felices y especiales a aquellas personas, pero principalmente hacernos felices y especiales a nosotros mismos.

También es la conclusión a la que ha llegado la profesora Peggy Liu, asociada de administración de empresas de la Universidad de Pittsburgh, en Estados Unidos, quien ha diseñado, en un reciente estudio, el perfil de aquellos que no solo saben acertar cada vez que regalan algo, sino que disfrutan verdaderamente haciéndolos.

A este tipo de personas «les imprime una sensación de triunfo al comprar los obsequios perfectos. Cuando luego sienten esa retroalimentación positiva al hacer el presente, mostrando una gran felicidad al haber acertado, les refuerza el ego y la imagen de sí mismos, lo que les alienta a seguir gastando más en los demás y en cuidar lo que regalan».

¿Se puede medir el cariño…?

Lejos de esta visión, bien sabemos que, aunque los detalles de cariño pueden materializarse, el cariño es mucho más que eso. El auténtico cariño supera y trasciende el mero hecho de hacer o recibir regalos.

Esta moda que ha calado tan profundo en nuestros días nos puede llevar a pensar que tanto o más se nos quiere y valora, como tanto o más regalos recibimos. Sin percatarnos que las personas que más amor y cariño nos han mostrado ―y muestran― son aquellas que quizá menos presentes nos han hecho, o con un valor material muy insignificante. ¡Gran equivocación medir el cariño de este modo!

¿Cómo obsequiar esta Navidad?

Ante la próxima vorágine del intercambio de regalos que nos espera en estas Navidades, no debemos olvidar el sentido profundo de estas fiestas, que es algo mucho más importante que las vacaciones, los regalos y las luces que decorarán alegremente nuestras calles en los atardeceres, corriendo el riesgo de perder el sentido de quiénes somos y de dónde venimos.

El Niño Dios nace en Belén para traernos el mensaje de paz en la tierra, la familia se declara sagrada y la promesa es la salvación, el perdón y la vida eterna. Y este mensaje se ha transmitido de padres a hijos, de generación a generación, porque ofrecía y ofrece un horizonte de paz, amor, justicia y verdad desconocidos hasta entonces. 

Por esto, no dejemos de hacer regalos a nuestros seres queridos y próximos, pero con este sentido, con sentido cristiano. Por tanto, y como sugerencia, regala algo que le ilusione y sea útil para quien lo reciba, que no sea excesivamente caro o incluso mejor algo hecho por ti mismo, dejando tu impronta o talento y que le pueda servir para acercarse a Dios.