”biblia_cuadrado273”
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Este examen de conciencia no es para hacer una lista de pecados para tu siguiente confesión. Tampoco se trata de ver qué cosas equivocadas tienes que cambiar. Con estas breves líneas, cargadas de pasajes bíblicos, se trata de entrar en ti mismo, y descubrir en tú corazón, cómo está tu vida espiritual.

«Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará». (Mateo 6, 6)

Se trata de un diálogo: entre Dios y tú corazón. ¿Hace cuánto tiempo que no le dedicas al Señor un buen rato para conversar? «Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo». (Apocalipsis 3, 20)

1. Dios quiere habitar en tu corazón

Es en tu corazón dónde ya habita el Reino de Dios. Lo repetimos todos los días en la oración que Jesús nos enseñó: «Venga a nosotros tu Reino» (Lucas 11, 2 – 4). ¿Estás vigilante, despierto, con el corazón y mente abiertos? Jesús ya lo decía a sus discípulos: «Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor». (Mateo 24, 42 – 51)

¿Estás afilado en tu vida espiritual, bien dispuesto cuando llegue la hora en el momento que menos esperes? ¿Somos como las vírgenes prudentes del pasaje, que tenían aceite para sus lámparas, esperando que llegara el novio? No nos confiemos, realmente, podemos ser llamados en cualquier momento.

«Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer» (Lucas 17, 7 – 10). Como buenos cristianos, debemos cumplir nuestros deberes. No te olvides que, cuando hablamos de la vida espiritual, y tratamos de mirar nuestro corazón, no se trata de moralismos o actitudes meramente pragmáticas. El Señor nos ha traído la Buena nueva del Amor.

«Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre…» (Juan 14, 15 – 31). Es uno de los tantos consejos que nos deja el Señor Jesús, como su testamento espiritual, poco antes de su pasión y muerte en la cruz.

2. No tengas miedo y sé honesto

Cuando mires tu interior y revises tu corazón, no tengas miedo y sé honesto, sincero contigo mismo. «Cuando ustedes digan «sí», que sea realmente sí; y, cuando digan «no», que sea no. Cualquier cosa de más, proviene del maligno». (Mateo 5, 37)

Delante del Señor, no hay cómo mentir. Nuestra vida cristiana no es un cumplir con enseñanzas, o seguir una doctrina. Cuando Tomás le pregunta cuál es el camino para ir al Padre, Jesús responde con una afirmación, que define tajantemente nuestra opción fundamental: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida». (Juan 4, 16)

Estás tú y el Señor. Es el Señor quién te pregunta si lo estás siguiendo en tu vida cotidiana. Recuerda que Jesús mismo nos enseña el mandamiento principal, cuando un Saduceo le pregunta queriendo ponerle a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?». Jesús le respondió: «Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo». En estos dos mandamientos se funda toda la ley y los profetas. (Mateo 22, 34 – 40)

3. Jesús siempre nos ilumina la conciencia

Por ello, tómate tu tiempo, piénsalo con calma. ¿Estás viviendo la caridad? No te olvides que el amor no se vive en abstracto. No es algo teórico que, mientras más lo entendamos, mejor lo vivimos.

El amor siempre se vive en relación con otras personas. Dios… ¿es lo primero en tu vida?, ¿cómo está tu vida sacramental?, ¿cuánto tiempo le dedicas a tu oración?, ¿separas algún momento del día para rezar? No importan las respuestas correctas, o lo que tú  —supuestamente— crees que deberías estar viviendo.

Se trata de mirarte cara a cara con el Señor, y dejar que Él te ayude a darte cuenta cómo estás viviendo realmente. En segundo lugar, ¿cómo está tu caridad hacia los demás? Empezando por tu casa. Si eres casado… ¿cómo está tu relación matrimonial? ¿tu dedicación a tus hijos?, ¿cuáles son tus prioridades? O el trabajo y el dinero consumen tanto tu vida, que no puedes amar cuánto quisieras a tu esposa (o) y tus hijos (as).

¿Cómo está tu apostolado? La primera expresión madura del amor hacia los demás, es el mandato apostólico que Jesús nos dejó antes de subir a los Cielos: «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. (…) Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios». (Marcos 16,15-20)

«Yo soy el Pan de vida» (Jn 6, 35). «Yo soy la resurrección y la vida» (Jn 11, 25). Pregúntate: ¿Cuánto recurres realmente a Jesús como el «Pan» que te da fuerzas para vivir?, ¿es Jesús el que te saca de apuros, el que te da la energía que necesitas para tus responsabilidades diarias? o, normalmente, en tus labores ordinarias ¿muy poco tienes conciencia de la presencia de Dios?

¿Haces las cosas sin la conciencia clara de que deben ser un acto de oración? Y, por lo tanto, te percibes cansado, vacío, a veces
triste, sin ganas de seguir adelante, o sin fuerzas para hacer lo que sabes que es lo correcto… y, si profundizamos un poquito más… ¿cuánto terreno has dejado que el mal gane en tu vida?

Te das cuenta de que hay dimensiones, o «áreas» de tu vida, que tienen muy poca «luz», incluso a veces, tienes miedo de iluminar. Pero pensemos realmente, quién es más fuerte: ¿la luz o la oscuridad?

4. «Yo soy el buen pastor» (Jn 10, 11)

«Yo soy la puerta de las ovejas» (Jn 10, 9). «Yo soy la vid verdadera» (Jn 15, 1). Mira tu vida. Mira tu cotidiano. Mira cómo actúas. Cómo te relaciones con los demás. Cómo cumples tus responsabilidades. ¿Eres una oveja que se deja guiar por el Pastor?. ¿qué aspectos o preocupaciones del mundo están siendo la guía de tus acciones?, ¿cuáles son las puertas que
sueles abrir, vivir, para encontrar – literalmente – descanso?

¿Estás abriendo puertas que solo te brindan ratos de compensaciones, que te alienan de tu verdadera vida, y te alejan de tus seres más queridos, así como de Dios? «Si quieres ser perfecto, le dijo Jesús, ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme». (Mateo 19,16-22)

¿Cuál es para ti el tesoro de tu vida?, ¿está aquí en la tierra, o allá en el Cielo? Porque dónde está tu tesoro, ahí está tu corazón. Así que ¡ánimo! Corrige lo que creas necesario, y levántate con esperanza para seguir luchando. Para que puedas decir con San Pablo, cuando le escribe a Timoteo: «He luchado el buen combate, he concluido la carrera, he guardado la fe». (2 Timoteo 4,7-8)


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