
«Donde nos lleve la vida que nunca falte la Navidad» reza el eslogan de este tierno video perteneciente a la campaña navideña 2024 de Suchard España. Un comercial de Navidad con una reflexión que viene conmoviendo a más de uno.
Un pequeño robot en un planeta desolado deseoso de otro a quien amar. No es ni siquiera una historia nueva, pero ¡cómo nos mueve!
¿Qué es lo que tanto nos conmueve de este tipo de historias? ¿Por qué reconforta tanto calmar la soledad de otro? ¿Será que lo más grande que podemos entregar es compañía? ¿Y por qué esta reflexión es aún más relevante en Navidad?
No podemos vivir en soledad
Un robot con sentimientos humanos. Humanizar aquello que no es humano es tan frecuente. Es casi inevitable, es propio del ser humano. Nuestra naturaleza se mueve en el mundo de los sentimientos y relaciones. Conectar con otro es vivir.
Nos es imposible concebir un mundo en soledad. Quien experimenta la soledad sabe de su dureza y su dolor. No hay nada más desconcertante, más inconsolable, que saberse solo.
Un pequeño robot viviendo solo en un planeta inhóspito, con un anhelo en el corazón enorme de compartir con los demás, de dar, de amar y ser amado. Imposible no conectar con este tipo de historias que tocan justo aquello que nos caracteriza como especie, como personas. Nos conecta con nuestros deseos de compañía, pero también con nuestro miedo a la soledad.
¿Cuántas personas en este mundo viven en soledad por distintas razones? Y cuántas, en una estrategia de supervivencia casi inconsciente para calmar la soledad, inventamos conexiones con seres inanimados. Somos como este robot que se construye uno similar para hacerse compañía.
Nos pasa que nombramos las cosas como si fueran un pariente, como mi amigo que habla con su bicicleta como si fuera su novia. Tratamos a nuestros animales como si fueran tan o más humanos que nosotros. O les contamos los más grandes secretos a nuestras plantas mientras las regamos.
Para el ser humano, la socialización y la conexión emocional son tan necesarias como el alimento de cada día para subsistir. Sin conexión emocional con otro, morimos, y si no hay otro, nos lo inventamos para calmar un poco el sentimiento y el deseo.
¿Por qué en Navidad?
En Navidad este anhelo de compañía pareciera encenderse como una llamarada. Podría pensar que, en parte, es por todas estas geniales publicidades que nos empujan a reunirnos y celebrar (así también compramos los miles de productos que anuncian).
Podría pensar que simplemente es porque la Navidad ya es una costumbre social que, aunque no sepamos de qué se trata, hay que celebrarla y en familia, o por lo menos en compañía.
Muchos ni nos preguntamos por qué encendemos el árbol, iluminamos las calles, vestimos de rojo y verde, esperamos ansiosamente regalos, pero, sobre todo, necesitamos celebrar con los más queridos, con nuestra familia. ¿Y qué celebramos?
Lo cierto es que la Navidad en soledad es insoportable. Las estadísticas confirman lo duro de la soledad, especialmente en esas fechas. ¿Por qué? ¿Es solo cultural, solo imitación?
¿Es simplemente que somos como este pequeño robot que también quiere estar acompañado como esos seres que ve a través de la pantalla, pero no entiende ni por qué? Quisiera creer que hay algo más que un simple deseo de compañía y contagio social.
Una reflexión: ¡Navidad es vida!
La marca en el tiempo y en el espacio que dejó (que deja) la unión de lo humano con lo divino es imborrable, ineludible, incomprensible y, a la vez, tan profunda. Que Dios, el creador del universo, haya dado, sin necesidad alguna, a su propio Hijo para venir a este mundo y entregar su vida, marca incluso al más incrédulo.
Navidad es vida, es el punto en el que, como dice el pregón, nos reunimos a celebrar la mejor noticia de la humanidad: Dios que decidió salvar al mundo una vez más y para siempre.
Navidad es Jesús, camino, verdad y vida. Por eso creo que la necesidad de relación con el otro se hace tan fuerte, porque Aquel mismo que nos creó nos regala la oportunidad de una vida eterna, no solo sin fin, sino profundamente acompañados, al punto de convertirnos en un solo cuerpo místico. Navidad es la promesa del exterminio de la soledad.
Celebrar por costumbre, centrados solo en lo material, como los regalos y la fiesta, no calma. Luego nos provoca una especie de resaca que, pasados los días, nos deja vacíos, con el deseo intacto.
Celebrar por celebrar, en lugar de ilusionarnos, nos llena de angustia por no cumplir las expectativas de la cena, los regalos, los adornos. Navidad es Jesús, y solo Él llena el vacío del alma.
Que la reflexión de este pequeño comercial, que nos conmueve tanto, nos ayude a entender por qué en Navidad la compañía del otro se hace aún más relevante. Porque en Navidad celebramos a Dios que bajó del cielo a entregar la vida misma y quedarse con nosotros hasta el fin del mundo.
En Navidad celebramos la posibilidad real de nunca más volver a estar solos. De poder vivir en compañía del amor más grande que jamás podamos soñar.
¡Feliz Navidad, feliz vida en compañía para siempre!

linda reflexion
Es hermoso pasar la Navidad en compañía, pero sobre todo que Jesús nazca en cada ser humano.
Muy buena película y un gran mensaje, gracias por sus reflexiones en esta página, que me ilumina y abre mi corazón aún más a quere y servir a mi Señor Jesucristo, bendiciones 🙏
Hermoso comercial y el mensaje…todo un gran aprendizaje. Navidad es Jesus!
Excelente comercial y el artículo tan preciso en estos tiempos
Que bonita lectura. Gracias
Que seamos más empáticos con los que están solos o enfermos. Y seamos su compañía aunque sea un poco. Amén
Hermosa reflexión para estos tiempos