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Tener una mejor amiga no significa que todo el tiempo ambas vayan en santa paz, riéndose a carcajadas, haciendo planes increíbles o recorriendo el mundo. La verdadera amistad es mucho más que esto. Esa mejor amiga o amigas en las que estás pensando (porque pueden ser varias), son las que han estado siempre ahí.

Tal vez han pasado años y es probable que hayan estado en los momentos más importantes y significativos de tu vida. En tu graduación, apoyándote en tu primer día de trabajo, en tu boda, en tu primer embarazo, en los momentos en que el dolor te doblegaba. La lista puede ser muy larga, sin que los años que lleven siendo amigas importe.

1. Gracias Dios, por el momento en que uniste nuestras vidas

 


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Por ese primer instante en que nos conocimos. En el jardín de niños, en el colegio, en la universidad, en el trabajo o donde haya sido. Gracias porque entre millones de personas, la pusiste a ella a mi lado y la vida no volvió a ser la misma.

Con ella no tengo que fingir que todo está bien, con ella soy libre de reír hasta llorar, de compartir secretos, alegrías, vergüenzas y miedos.

2. Gracias Dios, porque a pesar de las peleas y obstáculos, seguimos juntas

 

Porque no todo es felicidad cuando se forja una amistad. También hay momentos difíciles, en que creemos que la relación tambalea. Momentos en los que nos sentimos defraudadas, incómodas, sorprendidas ante la ofensa de la otra o decepcionadas por sus actos, su olvido o su indiferencia. ¡Pero qué bien se siente reconciliarnos!

3. Gracias Dios, porque me ha sabido corregir con caridad

 

Porque ante mis errores, defectos, tropiezos e inseguridades, ella siempre sabe qué decir. Me consuela, me recuerda quién soy y lo que he logrado. Me conforta y me hace consciente de que no voy por buen camino, de que mis decisiones no están siendo las correctas o de que tal vez ya es hora de cambiar o decir «no más».

4. Gracias Dios, por su lealtad y su amor

 

¿Qué es una amistad sin lealtad, sin amor, sin confianza, sin tener a la sinceridad como protagonista? Gracias por todas aquellas veces en que además de brindarme tu amor incondicional, has sacrificado tus cosas por ayudarme a mí.

Por abrazarme cuando no quiero que nadie me toque, por guardar silencio mientras la tormenta se calma. Por llamarme para levantarme el ánimo, por recordarme las fechas especiales, prestarme eso que no le prestas a nadie más y llenarme de felicidad cuando todo parece andar mal.

5. Gracias Dios por su paciencia y su incondicionalidad

 

Por todas esas veces que me soportó cuando nadie más lo hacía. Porque no me dio la espalda cuando incluso lo merecía, porque decidió quedarse hasta el final de esa noche horrible en la que me sentí perdida.

Porque cuando todos se han ido, ella ha llegado para recordarme que no irá a ninguna parte. Porque a pesar de la distancia, las obligaciones de cada una, los compromisos, los estudios, el trabajo y los hijos, ambas sabemos que estamos la una para la otra.

Gracias Señor porque haces que mi vida brille con su presencia. Porque has sido tú el autor de nuestros momentos más felices, porque has pintado nuestros días de tu amor y bondad, porque no necesitamos palabras y a veces nos basta una mirada para descubrir que a la otra le hace falta un abrazo.

Bendice Señor nuestra amistad y concédenos muchos años más juntas. ¡Gracias mejor amiga! ❤️

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