Inmaculado Corazón de María

¿Sabías que mañana celebramos el Inmaculado Corazón de María? ¡Qué hermosa fiesta para contemplar el amor de nuestra Madre!

Pensemos, de entrada, que el amor de una madre es uno de los regalos más hermosos y especiales que el buen Dios nos ha dado. Un tesoro que nos ama, un regalo tan preciado que Dios mismo quiso tener una madre. El amor maternal, un amor sin medida, un amor incondicional, un amor desinteresado, un amor que refugia, protege, que cuida, que ante todo y a pesar de todo ama.

Seres hermosos nuestras madres, mujeres entregadas, mujeres que han sido ejemplo de lucha, de amor, de valor, de coraje. Mujeres que con sus enseñanzas nos han formado, nos han inculcado el amor, nos han amado, mujeres cuyas oraciones nos han acompañado siempre y en toda circunstancia de nuestra vida.

Ahora quiero que pensemos en la más perfecta de todas las madres, en aquella mujer que nos ha amado, en aquella creatura en la que Dios depositó todas sus gracias.

En aquella que con su vida y con su amor ha proclamado de generación en generación las grandezas del Señor: María, nuestra Madre del Cielo. No alcanzan palabras, ni odas para describir lo hermoso que es su amor, lo maternal que es su presencia, y lo importante que es para cada uno de nosotros su intercesión.

1. En el Inmaculado Corazón de María convergen todas las gracias

En el mundo, Dios juntó todas las aguas; en María juntó todas las gracias. Y es que contemplar a María es contemplar qué quiere Dios de cada uno de nosotros.

Mirarla a ella es sonreír, una madre que es hermosa porque ama y ama sin medida, una madre que nos lleva a Jesús, una madre que intercede día a día por ti y por mí. Cuánto debemos amar a esta dulce mujer, cuánto por aprender de su amor maternal, cuánto por imitarlo, y cuán necesitados somos de ese amor maternal y especial.

Debemos conocer y amar cada día a esta dulce Madre, Madre de Dios, Madre nuestra, reina de nuestra vida, Auxilio de los cristianos y Refugio de los pecadores. María, con su amor, quiere moldearnos a imagen de Jesús.

Como hijos que somos, acudamos a ella, acudamos a su intercesión y dejemos que ella, de su mano, nos lleve a amar cada día a su Hijo amado Jesús.

Hoy quiero invitarte a que juntos aprendamos de María, eco de Dios. A que juntos nos sumerjamos en lo hermoso del Corazón Inmaculado de María.

A que juntos descubramos las maravillas de este corazón que ama a Jesús y nos ama a nosotros. Así, nos adentremos en el corazón de esta mujer que al eco de su nombre pronuncia el dulce nombre de Jesús.

2. El valor de la dulzura

La dulzura angelical, hermosa virtud del Inmaculado Corazón de la Virgen María. Cuán amorosa es esta Madre, que nunca nos imaginamos a María gritando, perdiendo la paz, tratando mal a algún semejante. Incluso en los momentos de más dolor y más duros de su vida, la imagino amando, sonriendo, confiando, esperando, pensando en las promesas del buen Dios.

Ser dulce no significa ser pegajoso, querer abrazar a todo el mundo a cada instante. Piensa en María, una mujer dulce, que amaba, que se preocupaba de todos alrededor suyo.

La dulzura de su corazón irradiaba de tal forma en quienes trataba, que estoy seguro de que cada uno de los que se cruzaba con María se transformaba por lo dulce de su amor maternal. He ahí el secreto: ser dulce, amar, ser bálsamo, y ante todo y en todo momento amar como Jesús y como María nos han amado.

Te invito a practicar la dulzura de María: la suavidad de tu voz, tu actuar, tu forma de responder, tu forma de adaptarte a las dificultades. Trata a los otros como te gustaría ser tratado a ti. Piensa en cada persona como un alma a la que Dios amó hasta el extremo y ámala tú también.

3. Se puede querer con amor universal

Inmaculado Corazón de María

No es un corazón que posee, es un corazón que ama en plenitud y totalidad. El corazón de la Virgen ama en totalidad, se da sin medida, ama sin mirar a quién. No es un amor que posee, es un amor que se da a todos sin condición.

Es un amor que procura el bien de todos y no se guarda nada para sí. Ese es el amor de Dios, ese es el amor de María: un amor que se da sin medida alguna. Un corazón de madre que ama, ama y ama.

Todos estamos llamados a tener un amor universal, no un amor que solo posea, sino un amor que se dé. Un amor que se dé de manera total y universal a todos quienes viven a nuestro alrededor.

Te comparto el secreto de amar sin medida: ora por todos. Encomienda a la Misericordia de Dios a tu prójimo, a aquel con el que más compartas, hasta aquel con quien apenas cruces palabra.

Este es el secreto del amor universal: ser en la oración un intercesor permanente por todos con quienes nos cruzamos. Por quienes amamos y por aquellos que quizá nos cueste un poquito más amarlos.

4. El silencio y la quietud dentro del Inmaculado Corazón de María

Inmaculado Corazón de María

El Inmaculado Corazón de María nos enseña algo, en verdad, muy valioso. En medio de la adversidad, en medio del dolor, de la incertidumbre, cuando humanamente quizá no sabía qué hacer o qué decir o cómo responder, ella nos da una lección grande y valiosa.

Ella todo lo guardaba en su corazón y lo meditaba. No reclamaba, meditaba. Tampoco juzgaba; a la luz de Dios reflexionaba y amaba. Ni decaía su ánimo; de la mano de Dios oraba y entendía la grandeza del amor de Dios.

Cuánto debemos aprender de María. En medio de toda adversidad, en medio de toda calamidad, qué importante es aprender a guardar silencio. Qué provechoso para el alma, no perder la paz, no dejar que el ruido nos turbe, que la preocupación nos venza.

Esto lo vamos a aprender de la mano de María. Ella, que todo lo meditó, que todo lo pudo unir a Jesús. Ella, que pudo en su corazón albergar dudas y miedos y dejar que el amor las transforme en el más dulce de los bálsamos.