Cuando ves una película dramática, ¿se te agotan las cajas de pañuelos de papel? Si acabas de sufrir un revés, ¿se te nota en la cara o puedes “poner cara de poker”? Somos seres humanos y tenemos emociones, de hecho, las emociones son las que muchas veces nos mueven. El Papa Francisco dijo:

«Hoy, debemos preguntarnos: “¿qué lugar tiene el Espíritu Santo en mi vida? ¿Soy capaz de escucharlo? ¿Puedo pedir inspiración antes de tomar una decisión o hacer algo importante?  ¿O prefiero mi corazón tranquilo, carente de emoción y agitación? Si se realiza un electrocardiograma en algunos corazones, el resultado sería una línea sin movimientos, totalmente carente de emoción».

Las emociones juegan un rol importante en nuestra espiritualidad. Muchas veces escuchamos que alguien se queja: «es que no siento nada en Misa», o «cuando rezo no tengo la sensación de que alguien me escuche». Nuestras emociones pueden ser una guía para nuestra vida espiritual: de hecho san Ignacio de Loyola, en sus ejercicios espirituales nos dice que para hacer el “discernimiento de espíritus” examinemos nuestros sentimientos. Pero el esperar “sentir” algo para decir que tenemos una vida espiritual es irreal.

Corremos el riesgo de someter nuestra vida espiritual a la vida “sensitiva”. Las emociones forman parte de nuestra vida espiritual, pero son nada más que un ingrediente, que no debemos buscar en sí mismo, ni someternos a sus caprichos. La Biblia es una galería completa de emociones, y Nuestro Señor las expresa todas: alegría, tristeza, dolor, compasión, una “pena de muerte” en Getsemaní y ¡hasta ira! ¿acaso no echa a los mercaderes del templo con un látigo? Por esto es importante saber qué tan emocionales somos y cómo se relaciona esto con nuestra vida espiritual. Para ello hicimos este quiz:

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