Hemos diseñado un pequeño quiz que intenta llevarte a reflexionar cómo una ideología que los católicos conocemos como incompatible con nuestra fe, ha ido colandose de a pocos en nuestro día a día.

Palabras como meditación trascendental, reiki, flores de Bach y energía cósmica, son conceptos que cada día van ganando terreno en nuestro vocabulario. La New Age o Nueva Era –que no es una religión ni una doctrina– y se le conoce más por sus prácticas (cada vez más comunes y difundidas) ha ido entrando a nuestra vida cristiana afirmándose en que sus técnicas no tienen nada de nocivo y que son perfectamente compatibles con la fe cristiana (así como con cualquier religión).


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La New Age nace como una respuesta fácil a los anhelos del corazón del hombre moderno, que tal vez, cansado de una cultura de bienestar se plantea los cuestionamientos fundamentales: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy? y les da respuestas que terminan confundiendo y promoviendo la idea de un dios impersonal, la trascendencia como inmanencia, la salvación como autosalvación, la gracia como energía cósmica, la oración como relajación y autocontrol y la verdad moral como experiencia y el destino eterno como reencarnación.

«En términos sociológicos la New Age tiene poquísima presencia en ámbitos de pobreza material. Es atractiva y apelante en ámbitos de mayor prosperidad económica, en personas que han tenido cierta cultura y sensibilidad religiosa, agotadas por el modelo materialista, y que buscan una solución más profunda para sus vidas pero que al mismo tiempo sea fácil y sin mucho compromiso. No hay que olvidar que la New Age crece, en parte, porque hay personas en búsqueda de Dios y con anhelos de una vida reconciliada. No es solo atractiva para los amantes de lo oculto y alternativo sino para muchos hombres y mujeres que quieren una respuesta que esté un poco más allá de la que presenta una cultura secularizada. El desafío para la Iglesia es salir al encuentro de las personas haciendo presente al Señor Jesús, el único capaz de responder a las hambres más profundas de las personas de todo tiempo y lugar» (P. Gonzalo Len, New Age El Desafío).