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Quizá muchos de ustedes hayan escuchado el nombre del Doctor Gregorio Hernández. Pero desde hace unos días este nombre resuena con más intensidad por el hecho de haber sido aprobada ¡su beatificación! Que se llevará a cabo hoy 30 de abril.

Debo confesar que la noticia la supe hace varios meses y en ese momento me alegré, pero no le había dado el peso que merecía. Y más allá de saber un par de datos de este hombre no había profundizado en su historia.

En la última semana tuve una experiencia espiritual muy hermosa después de leer sobre su biografía. Tomé consciencia de la gran bendición que significaba para mí esta beatificación, así como creo lo es para la Iglesia y el mundo entero.


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Gregorio Hernández: médico, laico y en camino a ser santo

Tuve un momento de profunda gratitud a Dios por permitirme conocer el testimonio de un médico, laico como yo, que desde su vida ya era un ejemplo de santidad.

Pensé con esperanza e ilusión renovada «yo puedo aspirar a la santidad», como médico puedo ser santo. Sentí una felicidad enorme al saber que tengo otro aliado en el cielo, otro amigo que camina conmigo y que me inspira en mi anhelo de ser santo.

Definitivamente ya quedó incluido en mi lista de amigos santos, como lo son entre muchos, Moscati, Juan de Dios y Camilo de Lellis, que me han enseñado mucho cómo servir a los enfermos.

Aparte de contarles estas anécdotas, quiero aprovechar este día, en que como Iglesia tenemos un nuevo beato, para compartirles algunos datos acerca de su vida y de por qué pensé que su testimonio resulta tan elocuente para el tiempo actual.

Un poco de la historia del Doctor Gregorio Hernández

A continuación, les dejo este video que publicó Rome Reports a propósito de la noticia de su beatificación, que muestra un poco quién es este gran hombre:

Gregorio nació en 1864, en un pueblo venezolano. A los trece años manifestó a su padre el deseo de estudiar derecho, sin embargo, su papá lo convenció para que estudiara medicina y a partir de ese momento, tomó la medicina como su propia vocación.

Su desempeño profesional fue impecable, sus calificaciones fueron sobresalientes. Posteriormente se destacó como docente y como investigador.

De hecho, gracias a sus aportes en Venezuela se pudieron realizar varios adelantos en la ciencia. Como por ejemplo la posibilidad de tener tecnologías para el diagnóstico de enfermedades.

Es considerado el impulsor y pionero de la docencia científica y pedagógica en su país

Aunque tuvo una formación complementaria en Europa, su ejercicio profesional fue principalmente en su país natal.

Tuvo en diferentes periodos de su vida inquietudes por la vocación religiosa. Sin embargo, en su discernimiento concluyó que Dios lo invitaba a ser un laico y servir desde la medicina.

Realizó su consagración como franciscano seglar y es este carisma de san Francisco de Asís el que lo lleva a tener una gran sensibilidad y amor por los más necesitados.

En alguna ocasión el mencionó: «La mayoría de estas personas no tienen recursos, no les voy a negar la consulta y no les voy a hacer pasar por la pena de decirme que no tienen dinero, Dios ayudará».

Dedicaba gran parte de su tiempo a atender y servir a los más pobres. De hecho, fue en este servicio en el cual falleció en el año 1919, porque mientras iba a visitar a una mujer enferma muy pobre, fue atropellado.

Su funeral, como el de muchos santos, contó con la asistencia masiva de personas pobres a las que atendió.

Sobre el milagro para su beatificación

Desde su fallecimiento la fama de santidad se extendió no solo en Venezuela sino en muchos países.

El año pasado se aprueba su beatificación al haberse demostrado la curación milagrosa de una niña venezolana llamada Yaxuri Solórzano, quien había sido herida con arma de fuego en la cabeza.

Cuando fue llevada al centro médico no había un neurocirujano que la atendiera, por lo que tuvo que esperar dos días para ser intervenida quirúrgicamente, con muchas menos posibilidades de curarse.

Estaba en condición muy crítica de salud, con un compromiso cerebral muy delicado. La madre de la niña, al enterarse de que el especialista realizaría la cirugía a su hija con pronóstico reservado, le pidió a José Gregorio, de quien es muy devota, que le salvara a su hija.

Asegura que el Dr Hernández le dijo: «No te preocupes, que tu hija va a salir bien». Y que después comenzó a sentir una paz que no había sentido desde el incidente.

Bendición para este tiempo

Con esta beatificación creo que Dios nos está ofreciendo un consuelo para estos tiempos tan difíciles que estamos viviendo.

Y es que en Gregorio no solo encontramos un modelo, sino un gran intercesor en medio de las dificultades que tenemos en el mundo.

En primer lugar, el pueblo venezolano, tan herido y que en los últimos años ha tenido tantas dificultades, puede sentir a través de este signo, las caricias del Padre que está en los cielos.

Que siempre siente ternura por sus hijos y les ofrece una esperanza al tener un nuevo beato que interceda por ellos.

Por otro lado, tantos enfermos que sufren las consecuencias de la infección por coronavirus, muchos de ellos pobres, marginados, solos y agobiados, pueden encontrar un potente intercesor en el beato Gregorio.

Y finalmente, pienso en nosotros médicos y profesionales de la salud, que hoy más que nunca sentimos el peso del sufrimiento, el dolor, el sinsentido… El cansancio, el agobio de las incertidumbres.

Ahora podemos vernos inspirados y alentados en este médico (que no fue exento de dificultades en su labor), y podemos cobijarnos bajo su guía y protección.

¡Hoy la Iglesia está de fiesta, en el cielo hay celebración! Hay un faro encendido que nos refleja la luz de la esperanza del Señor. Que nos alienta a pesar de tantas sombras que parecen oscurecer el horizonte.

Gregorio Hernández: ¿quién fue y por qué lo beatifican?